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Mostrando entradas de junio, 2026

Los jóvenes que querían ser equilibristas

En los comienzos de la década de 1880 y por algunos años, Buenos Aires padeció el problema de los jóvenes que querían ser equilibristas. Esta repentina moda tuvo un motivo fundamental, en el año 1877 llegó por primera vez a la Argentina Jean Francois Gravelet, más conocido como “El Gran Charles Blondin”, un francés muy famoso que instaló un circo en Rivadavia y Agüero durante un tiempo y luego lo mudó a Corrientes y Medrano. Si bien es cierto que ya estaba en los finales de su gran carrera como equilibrista, no dejaba la actuación y no parecía dispuesto a su retiro. Se rumoreaba que problemas financieros eran la causa de su continuidad en la carrera de acróbata a una edad donde los riesgos aumentaban considerablemente. Blondin cruzando las cataratas Las hazañas de este caballero se remontaban a muchos años antes, su actuación más brillante había sido en 1859 cuando cruzó sobre una cuerda las cataratas del Niágara, para ello recorrió una distancia de 350 metros y a 60 metros d...

Despecho (la historia del edificio Kavanagh)

Corrían los años 20 y una hermosa señorita llamada Corina Kavanagh estaba perdidamente enamorada de Aron de Anchorena, un joven menor que ella y perteneciente a una familia “patricia” de la República Argentina. Corina Kavanagh En la Argentina la nobleza se había abolido en 1813 pero siempre existieron familiar denominadas de la “alta sociedad”, eran hijos de españoles que llegaron temprano al reparto de las grandes extensiones de tierras que por aquellos años eran el principal tesoro del incipiente país. Lo cierto es que el joven hijo de una de esas familias patricias y por lo tanto pertenecientes a la alta sociedad argentina cortejaba a Corina quien también pertenecía a una familia de dinero pero no de alcurnia, ésta familia era de los llamados “nuevos ricos”. Mercedes Castellano de Anchorena, matriarca del clan, prohibió a su hijo desposar a Corina y éste aceptó dejarla sin oponerse a los mandatos de su madre. Los Anchorena vivían en un gran palacio frente a la hoy Plaza Sa...

El mago de la lluvia

Llegaron al pequeño pueble de Pinto, en el sudeste de la norteña provincia de Santiago del Estero en un día tórrido de noviembre de 1938, seco y polvoriento como venía sucediendo desde hacía mucho tiempo. Cuando ingresaron al destartalado hotelucho de la Av. Rivadavia los pocos paisanos que se animaban al calor de la tarde lo miraron con extrañeza. En sus manos llevaban dos pequeñas maletas para ropa y un gran baúl cuyo contenido nadie podía imaginar. Juan Baigorri El ingeniero Juan Baigorri Velar y el ingeniero Hugo Miatello (h) habían llegado a ese desolado poblado con la idea de hacer llover, cosa bastante improbable ya que hacía más de un año que el líquido elemento no se dignaba caer por la zona. En el primer día el intento fracasó pero hubo señales positivas que mostraban que “algo” había en el invento de Baigorri. Cuando conectó su aparato el viento cambió de dirección, incluso en la lejanía se vieron por primera vez en meses unas nubes oscuras que podrían significar llu...

El alma de la fiesta

Fuente En el año 1974 yo era apenas un pibe recién salido del cascarón, pero tenía trabajo y responsabilidades. Por la gracia de Dios, un poco de suerte y algo de mi intelecto, era un joven con ocupación y de la buena, empleado bancario. En esa época ser empleado de un banco era tocar el cielo con las manos, beneficios de todo tipo y un salario que era la envidia de muchos. Por primera vez me relacionaba con gente por fuera de mi círculo de familiares y compañeros de colegio, no lo hacía bien, recuerdo que esos primeros tiempos no fueron sencillos. Me faltaba "calle", como decían los muchachos de la oficina. Uno de los que me ayudó fue Liborio, el “viejo” de la oficina. Un veterano, lleno de sabiduría callejera y de un humor a prueba de todo. Su risa fácil, el chiste sagaz siempre en la punta de la lengua, me cobijó bajo sus alas como un ave con su pichón. Y gracias a el salí adelante. En lo que respecta al humor era un caso serio. En épocas en que la policía go...