A finales del año 1888 llegó a la Argentina un italiano de 24 años de edad llamado Clemente Onelli, a diferencia de la gran mayoría de sus connacionales que motivados por las penurias económicas y las noticias de una nueva tierra de oportunidades venían de a cientos y en general eran gente trabajadora de escasos estudios, este joven era un erudito en varios campos de las ciencias, tenía una licenciatura en paleontología y geología y además hablaba y escribía correctamente el latín, el griego y el francés, por supuesto el italiano que era su lengua madre.
Clemente Onelli
Inmediatamente entabló relaciones con varias personalidades de la ciencia y la cultura argentina como el pintor, periodista e historiador Eduardo Schiaffino, el médico, químico y profesor universitario Pedro N. Arata, los hermanos paleontólogos, exploradores y naturistas Carlos y Florentino Ameghino y con el científico naturista, conservacionista, botánico y geógrafo Francisco Pascasio Moreno.
Precisamente Moreno, quien para esa época era el perito designado por la Argentina en sus diferendos limítrofes con Chile, en virtud de los conocimientos que Onelli había acumulado de la zona Austral del país, en el año 1897 lo designa secretario general de la comisión de límites además de su secretario personal.
Al año siguiente, una compañía de galeses del pueblo de Gaiman postuló la posibilidad de desviar el Río Fénix para irrigar una gran extensión de tierras improductivas y fomentar la instalación de una nueva colonia. El hecho fundamental estaba dado en que este cambio de dirección además provocaría que el mencionado río drenara sus aguas hacia el Océano Atlántico dejando de hacerlo hacía el Pacífico como indicaba su cauce original.
Moreno al enterarse de esto advirtió que podía ser la prueba concluyente de su teoría en relación sobre que el límite entre ambos países debía demarcarse por los altos e inamovibles cordones andinos, y no por la divisoria de aguas oceánica, la cual ahora se podía afirmar, era inestable. Por supuesto que Chile abogaba por la divisoria de aguas y la Argentina por las altas cumbres, el árbitro: Inglaterra.
Francisco P. Moreno
Moreno encargó a Onelli la ímproba tarea de cavar un canal que desviara las aguas del río hacia el cañadón del Río Deseado con el claro objetivo de cambiar la asignación oceánica de su cuenca para que pasara a drenar hacia el Atlántico. Las tareas debían realizarse contra reloj ya que la comisión arbitral encargada de fijar los límites internacionales pasaría en pocas semanas. Onelli no se amilanó por el descomunal desafío y concluyó las tareas una semana antes de la llegada de los árbitros.
La Argentina recibió el fallo favorable y su teoría de fijar los límites por las altas cumbres de la Cordillera de los Andes fue aceptada, gracias a ello grandes extensiones de la Patagonia continuaron siendo propias.
Onelli publicó un libro en el año 1904 al que llamó “Trepando los Andes”, en uno de sus capítulos recuerda esa extraordinaria labor de la siguiente manera:
“En este paraje en el año 1898, siguiendo las instrucciones del perito Dr. Moreno, desviamos el curso de ese río que desagua en el lago Buenos Aires, haciéndole correr como afluente del río Deseado. Quedé un rato contemplando la obra que los años y las inundaciones habían completado abriendo más caudaloso lecho; recordé los once días de trabajo febril con las manos llagadas por el uso de la pala; recordé que se debía terminar esa prueba de la teoría de Moreno para el día que llegase a pasar por allí el perito chileno, y recordé el motín de algunos hombres que tuve que dominar, revólver en mano, acobardados por la ímproba tarea: se me presentaron a la mente esas horas de ansia, cuando abierta la boca del canal, las aguas durante una noche, se estancaron allá donde termina la pampa, irresolutas en seguir la pendiente del cañadón del río Deseado. Ahora el río entra tranquilo por ese canal y sus aguas se deslizan veloces como si siempre hubiesen hecho eso desde el principio de los siglos (...)”
En la internacionalmente famosa “Ruta de los siete Lagos”, un camino maravilloso que discurre entre altas montañas y grandes lagos de agua transparente y que une la bella ciudad de San Martín de los Andes con la hermosa y bucólica Villa La Angustura, aproximadamente a mitad de camino hay un riacho llamado “Arroyo Partido”, este cauce de agua tiene la particularidad de abrirse en dos en ese exacto lugar, una de sus bifurcaciones lleva el agua hacia el Océano Pacífico, la otra hacia el Atlántico, un cartel hace mención a este curioso capricho de la naturaleza, siempre que paso por allí hago una simbólica reverencia como homenaje a Moreno y Onelli porque desde allí hacia el sur todo pudo ser territorio de otro país si ellos no hubieran desviado el Río Fénix.
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