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A manera de marco conceptual.

  Una de las cuestiones más recurrentes de la política económica es si algunos procesos que han afectado a nuestros países en el pasado pueden volverse a presentar.

Ciertamente que esos procesos pueden ser de naturaleza específica (un país), o procesos más amplios (regionales) y generales (economía internacional).

Cualquiera que sea la dimensión de los problemas que se presenten en una economía mundializada o globalizada, dependiendo de la naturaleza de esos problemas, estos terminan impactando en el conjunto, independiente de que ellos se originen en las llamadas economías desarrolladas o emergentes, como fueron la crisis de los años treinta o la crisis de la deuda en América Latina en los años ochenta.

Siguiendo a Roberto Frenkel, define la crisis “como el incumplimiento de contratos que se encadena y alcanza una dimensión tal que induce una contracción significativa de la demanda agregada y el empleo.
De modo que una crisis puede definirse como la situación de incumplimiento de un conjunto importante de contratos con efectos significativos sobre la actividad económica.

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Para configurar una crisis la magnitud de los contratos incumplidos debe superar cierto umbral, el cual no puede precisarse porque no depende tan solo de la magnitud de los contratos sino también de la fragilidad del sistema”.

Los distintos tipos de crisis.

Se pueden distinguir crisis de distintos tipos:

• Crisis financiera, cuando los contratos involucrados son financieros principalmente: créditos y depósitos bancarios en las economías de mercado emergente.

• Crisis de balanza de pagos, cuanto la economía enfrenta una crisis de pagos internacionales o de balanza de pagos (cuanto el incumplimiento afecta contratos internacionales públicos o privados).

• Crisis de deudas públicas, en el caso de incumplimiento de las obligaciones financieras del sector público. Si la deuda externa es principalmente pública tiene lugar, simultáneamente, una crisis de deuda pública y una crisis de balanza de pagos.

• Crisis cambiaria, se produce cuanto la autoridad monetaria incumple compromisos de mantener un tipo de cambio predeterminado.

Debemos, sin embargo, con estas definiciones, relativamente rígidas, porque la crisis no se establece cuando las cuentas descritas se producen sino cuando la percepción de las mismas, por los agentes económicos y de los propios Estados, se expresa en decisiones que pueden influir en las tendencias que ellas perciben.

A esta situación pueden concurrir diversos factores, tanto internos como externos. Por ejemplo, la percepción de una posible depreciación de la moneda nacional, la percepción de una caída de los precios de los materias primas y alimentos, la percepción de una volatilidad de los mercados de capitales (bolsas de los distintos países) y un conjunto de sucesos que van modelando la conducta y decisiones de los agentes económicos.

Si bien la percepción es una conducta permanente, adquiere una importancia singular cuando la economía muestra signos de fragilidad o de inestabilidad. Por esa razón, retomando a Frenkel, se llama crisis de deuda externa a la percepción de la cesación de pagos (default) de las deuda externa, como en la crisis de México en 1995, y crisis cambiaria cuando se produce una percepción de riesgo cambiario, como fue el caso argentino en 1995, aunque la regla del tipo de cambio fijo (Ley de convertibilidad) no fue cambiada.

Concomitancia de eventos.

En los eventos críticos nacionales ocurridos en la década de los ochenta se han sucedido estos tipos de crisis o una combinación de ellos:

a) La más general es la existencia de una crisis de pagos internacionales.

b) Casi todos los eventos incluyen una crisis cambiaria.

c) Los eventos tuvieron un componente de crisis financiera.

Una singularidad de la crisis en economías emergentes es que las crisis son precedidas de una dinámica macroeconómica de ciclo con “una fase inicial expansiva, seguida de un periodo de estancamiento o crisis-latinomaerica-Scrolled_and_Quill_Pen_PNG_Image

La singularidad del ciclo Minskyano en economías emergentes, es que la fase inicial del auge es generada por cambios relativamente drásticos de las políticas macroeconómicas y las regulaciones.

Esta tesis de Minsky se cumple en el caso de la crisis de los años ochenta, que marca el fin de las políticas desarrollistas en América Latina, alentadas en la ideas cepalinas de industrialización sustitutiva.

En el caso de las tendencias macroeconómicas de los últimos años en América Latina, ellas parecen marcadas en una continuidad de las políticas neoliberales que asumieron los gobiernos de la región como salida de la crisis de los años ochenta, con la excepción de algunos países de la región que en los últimos años han intentado una reorientación de sus políticas priorizando el carácter social de las mismas, pero manteniendo condiciones de estabilidad económica como son los casos de Bolivia y Ecuador.

Sin duda, el marco conceptual descrito puede ser calificado de economicista porque cualquier crisis económica puede ser influenciada o provocada por agudización de las problemas sociales y políticas, que crean condiciones de inestabilidad social o política, como lo son el aumento de las tensiones sociales como consecuencia de la inseguridad interna, la extensión del narcotráfico, la expansión de la corrupción, entre otros.

Unido a estos, el mantenimiento de amplios sectores de la población que viven en condiciones de pobreza y extrema pobreza, particularmente en zonas rurales. Esto último es importante porque en una situación de crisis la respuesta desde la política económica va a ser provocar un conjunto de ajustes macroeconómicos con consecuencia en la contracción de la demanda y el empleo.
Esto significa que algunas mejoras logradas a través de los programas sociales en los últimos años, llevará a que, en el caso del ajuste fiscal, estos programas resulten siempre los más afectados.

América Latina después de un relativo largo periodo de crecimiento (2005-2011), con tasas de alrededor del 5% anual, con una inflexión negativa de 1.0% en el año 2009, como consecuencia de la crisis de los subprime en los Estados Unidos, viene mostrando una desaceleración marcada a partir del año 2012, alcanzando en el año 2014 una tasa promedio del 1.1%, y proyectándose para el 2015 una tasa menor de 1.0%, cuyo correlato ha sido el deterioro de las variables macroeconómicas tanto internas como externas.

Esta situación se da en un escenario internacional con dinámicas bastante heterogéneas; relativa recuperación de la economía americana, estancamiento de las economías de la zona euro y una marcada desaceleración de la economía china.

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En ese contexto, la deuda externa en América Latina, que ha pasado de US $ 747.810 millones en el año 2006 a US $ 1.244.600 millones en el 2015, vuelve a constituirse en un problema central en el que es necesario explorar los posibles riesgos que enfrentarían los países de la región de continuar las políticas que son parte del sistema financiero internacional.

Con ese propósito, primero se presenta un breve marco conceptual, donde se examinan los distintos tipos de crisis que pueden desarrollarse en economías como la nuestra, destacando aquellos elementos que pueden generar la percepción de una crisis financiera.

En segundo lugar se realiza el análisis de la deuda externa de América Latina, presentando, en un primer acápite, un breve recuento de las crisis de pagos de los años ochenta, identificando los principales elementos que la caracterizaron, contrastándolos con las tendencias macroeconómicas actuales que presentan las economías de América Latina.

En un segundo acápite se presentan las características y situación de la tendencia reciente de la deuda externa en América Latina, remarcando en particular la situación de la deuda pública externa.

En un tercer análisis se hace una revisión del comportamiento de las principales variables que afectan significativamente el financiamiento y la deuda externa de los países de la región, de manera de fijar las tendencias que delinean el escenario económico de América Latina en los siguientes años.

Finalmente, se presenta un conjunto de conclusiones y propuestas para el tratamiento de la deuda externa.

El sistema económico internacional.

La forma en cómo está construido el sistema económico internacional coloca a los países en desarrollo en una situación de vulnerabilidad frente a los vaivenes de las economías más poderosas, que son las que finalmente jalan a las demás por medio de la demanda por sus recursos naturales.

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La situación de bonanza de precios internacionales de las materias primas ha llegado a su fin y se da en un contexto actual que presenta dinámicas diversas –como la relativa recuperación de la economía americana, el alza de la tasa de interés de la Reserva Federal estadounidense, el estancamiento de las economías de la zona euro y una marcada desaceleración de la economía china- que ha llevado a un deterioro de las cuentas internas y externas de América Latina, lo que se ve reflejado en las menores tasas de crecimiento observadas en los últimos años.

Los problemas fiscales.

En ese contexto, los problemas fiscales que enfrentan nuestros países junto a la menor entrada de capitales foráneos y la salida de divisas por una balanza comercial cada vez más deficitaria, inciden en una mayor necesidad de mayor financiamiento externo, lo que se ha visto reflejado en las crecientes colocaciones de bonos soberanos en el mercado internacional en los últimos años.

Entonces, ¿qué escenarios enfrenta la región en torno a la posibilidad de caer nuevamente en una crisis de deuda externa?

En esta serie de artículos intentaremos dar respuesta a esa pregunta y se concluye que en un escenario como el descrito, las posibilidades de una crisis de pagos externos en los países de la región es poco probable en el corto plazo, pero en el mediano plazo la capacidad y solvencia para enfrentarlos son muy limitadas, debido principalmente a los problemas estructurales que nuestros países adolecen y que se ven reflejados en las brechas sociales existentes.

Otras reglas exigen que los derechos de los inversores, prestamistas y especuladores deben prevalecer sobre los derechos de la gente de carne y hueso de a pie, minando la soberanía popular y los derechos democráticos. Las grandes empresas, como bien se sabe, se adaptan y actúan de muchos modos contra la soberanía de los estados. Hay casos muy interesantes.

Por ejemplo en Guatemala, hace un par de años, se intentó reducir la mortalidad infantil regulando la comercialización de la leche en polvo para niños por parte de las multinacionales.

Las medidas que Guatemala propuso se adaptaban a las directrices de la Organización Mundial de la Salud y respetaban los códigos internacionales, pero la Gerber Corporarion denunció tal expropiación y la amenaza de una queja de la Organización Mundial de Comercio fue suficiente para que Guatemala retirara la propuesta por temor a medidas de represalia por parte de EEUU.
Los derechos de los inversores, prestamistas y especuladores no deben prevalecer sobre los derechos de la gente de carne y hueso.


Los derechos de los inversores, prestamistas y especuladores.

La primera queja bajo la nuevas reglas de la OMC se formuló contra EE UU por parte de Venezuela y Brasil, que se quejaban de que las regulaciones EPA referentes al petróleo violaban sus derechos como exportadores. En esa ocasión Washington aceptó, supuestamente por temor a sanciones, pero soy escéptico sobre esta interpretación.

No creo que EE UU tenga miedo de sanciones de Venezuela y Brasil, más probablemente la administración Clinton simplemente no vio ninguna razón de peso para defender el medio ambiente y proteger la salud.



Obscenas cuestiones de este calibre aparecen una y otra vez con fuerza. Decenas de millones de personas en todo el mundo mueren de enfermedades evitables por culpa de medidas proteccionistas escritas en las reglas de la OMC, que garantizan a las grandes empresas privadas el derecho de fijar precios monopolistas.

Tailandia y Sudáfrica, por ejemplo, que disponen de industria farmacéutica, podrían producir medicamentos que salvaran vidas por una fracción del coste del precio monopolístico, pero no se atreven por miedo a sanciones comerciales. De hecho, en 1998 EE UU llegó a amenazar a la Organización Mundial de la Salud con retirar sus cuotas si a ésta se le ocurría controlar los efectos de las condiciones comerciales sobre la salud. Estas son amenazas reales.

Los derechos comerciales.

A todo ello se le llama "derechos comerciales", pero no tienen nada que ver con el comercio.

Tienen que ver con prácticas monopolísticas de fijación de precios reforzada por medidas proteccionistas que se incluyen en los acuerdos de librecambio. Estas medidas están diseñadas para asegurar los derechos empresariales, que también tienen como efecto la reducción del crecimiento y de las innovaciones, naturalmente. Estas son sólo una parte de la retahila de regulaciones introducidas en estos acuerdos que frenan el desarrollo y el crecimiento. Lo que motivan estas medidas son los derechos de los inversores, no el comercio. El comercio, por supuesto, carece de valor en sí mismo.
Sólo tiene valor si incrementa el bienestar humano.

En general, el principio primordial de la OMC, y de sus tratados, consiste en que la soberanía y los derechos democráticos tienen que estar subordinados a los derechos de los inversores. En la práctica esto significa que prevalecen los derechos de esas gigantescas personas inmortales: tiranías privadas a las cuales la gente debe subordinarse.

Estas son las razones que condujeron a los notables hechos de Seattie. De todos modos, el conflicto entre la soberanía popular y el poder privado se puso de manifiesto mucho más crudamente unos meses después de Seattle, en Montreal, cuando fue alcanzado un ambiguo acuerdo sobre las bases del llamado "protocolo de bioseguridad". Ahí la cuestión estuvo clara.

EE UU contra casi todo el mundo.

Citando el New York Times, "se alcanzó un compromiso tras intensas negociaciones que a menudo incitaban el enfrentamienro de EE UU contra casi todo el mundo" por culpa de lo que se llamó el "principio de precaución".

¿De qué se trata?

El jefe de la delegación de la Unión Europea lo describió así: "los países deben tener la libertad, el derecho soberano, de tomar medidas precautorias ante las semillas genéticamente modificadas, microbios, animales, y cosechas que se sospechen perju-diciales". EE UU, sin embargo, insistió en aplicar las reglas de la OMC. Dichas reglas dicen que una importación sólo puede ser prohibida si existe evidencia científica.
Leer también: La Edad de Plomo, enorme explosión de capital especulativo a muy corto plazo para ahogar a la economía productiva.
Fijémonos dónde se encuentra aquí el objetivo. Lo que se discute es si la gente tiene derecho a rechazar ser objeto de un experimento. Para ejemplificarlo, supongamos que el departamento de biología de una universidad entrara aquí y nos dijera: "Amigos, vais a ser objeto de un experimento que tenemos que llevar a cabo.

No sabemos adonde nos va a llevar. No sé, ¿qué tal unos electrodos en el cerebro para ver qué pasa? Podéis negaros, pero sólo si podéis esgrimir una evidencia científica de que esto os va a perjudicar". En condiciones normales no vamos a poder esgrimir tal evidencia.

La pregunta es, ¿tenéis derecho a negaros? Según las reglas de la OMC, no. Tenéis que ser objetos del experimento. Es una forma de lo que Edward Hermán llama "soberanía del productor". El productor reina, son los consumidores los que deben defenderse de alguna manera. A nivel interno esto funciona, tal como Hermán apunta.

No es responsabilidad, dice, de la industria química ni de los fabricantes de pesticidas demostrar, probar, que lo que están echando al medio ambiente es seguro. Es responsabilidad del ciudadano demostrar científicamente que no lo es, y tiene que hacerlo a través de agencias públicas con bajo presupuesto, susceptibles de dejarse influir ante las presiones de la industria.

Esta fue la cuestión que se discutió en Montreal, y una suerte de acuerdo ambiguo fue alcanzado.
Los derechos de los inversores, prestamistas y especuladores no deben prevalecer sobre los derechos de la gente de carne y hueso.Haz clic para Twittear
Dejemos claro que no se tocó ninguno de los principios, y esto se puede ver simplemente observando quién estaba presente. EE UU estaba a un lado de la mesa, y se le unieron algunos otros países con intereses en biotecnología y agroexportaciones de alta tecnología, y en el otro lado estaban todos los demás, aquellos que no tenían esperanzas de sacar tajada del experimento.

Esta era la situación, y esto nos dice a las claras qué principios se discutían. Por razones similares, la Unión Europea favorece aranceles altos sobre los productos agrícolas, tal cómo hacía EE UU hace 40 años (ahora ya no, y no porque los principios hayan cambiado, sino porque el poder ha cambiado).

El poder de los poderosos y privilegiados.

Hay un principio no escrito que dice que los poderosos y privilegiados deben tener capacidad de hacer lo que quieran (por supuesto esgrimiendo nobles motivos). El corolario es que la soberanía y los derechos democráticos de la gente en este caso deben pasar de ser (y esto es lo dramático) refractarios a ser objeto de experimentos cuando las grandes empresas de EE UU pueden sacar tajada del experimento. La invocación por parte de EE UU de las reglas de la OMC es muy natural, ya que codifican ese principio, y esto es fundamental.

Estos temas, aunque son muy reales y afectan a un gran número de personas en el mundo, son de hecho secundarios ante otras modalidades de reducción de la soberanía a favor del poder privado.

El poder de los poderosos y privilegiados.

La especualción perniciosa.

La idea era atajar la especulación perniciosa a gran escala y restringir la fuga de capitales. Los motivos eran claros y se articularon diáfanamente. Los flujos libres de capital crean lo que se ha llamado en ocasiones un "parlamento virtual" del capital global, el cual puede ejercer su poder de veto sobre las políticas gubernamentales que considere irracionales.

Esto implica a los derechos laborales, programas educativos o de salud o políticas públicas de estímulo de la economía o, de hecho, cualquier cosa que ayude a la gente y no a los beneficios (y por lo tanto es irracional en un sentido técnico).

El sistema de Bretton Woods.

El sistema de Bretton Woods funcionó más o menos durante 25 años. Época que ha sido calificada por muchos economistas como la "edad de oro" del capitalismo moderno (capitalismo moderno de Estado más propiamente).



Fue un período, que duró hasta los 70 más o menos, de rápido crecimiento -sin precedentes históricos- de la economía, del comercio, de la productividad, de la inversión de capital, de extensión del estado del bienestar, una edad de oro. Todo se vino abajo a principios de los años 70.

El sistema de Bretón Woods fue desmantelado con la liberalización de los mercados financieros y la implementación de tipos de cambio flotantes.
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El mismo dilema aparece al otro lado del abanico político. El principal especialista en América Latina del entonces presidente Cárter, Robert Pastor, se encuentraba lejos de esta visión pacífica. Explicaba en un interesante libro porqué la administración Cárter tuvo que apoyar al asesino y corrupto régimen de Somoza hasta su amargo final, cuando hasta las estructuras tradicionales de poder giraron la espalda al dictador.

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EE UU (la administración Cárter) tuvo que intentar mantener la guardia nacional que había formado y entrenado y que estaba atacando a su población "con una brutalidad que una nación ormalmente reserva para sus enemigos", escribe. Todo esto se hizo aplicando el principio TINA. He aquí la razón: "EEUU no quería controlar Nicaragua u otros países de la re-gión, pero tampoco quería desenlaces que escaparan a su control. Quería que Nicaragua actuara independientemente, excepto (el énfasis es suyo) si esto afectaba adversamente a los intereses de EE UU". Así, en otras palabras, los latinoamericanos serian libres, libres para actuar de acuerdo con sus deseos. O sea: queremos que sean libres para elegir, a no ser que se inclinen por opciones que no queremos, en cuyo caso nos veremos obligados a restaurar las estructuras tradicionales de poder mediante la violencia, si es necesario. Esta es la cara más progresista y liberal del abanico político.

Hay voces fuera del abanico, no voy a negarlo. Por ejemplo, hay una idea según la cual la gente debería tener derecho a "participar en las decisiones que continuamente modifican su modo de vida en lo esencial", que no vean sus esperanzas "truncadas cruelmente" dentro de u n orden global en el cual "el poder político y financiero se concentra" mientras que los mercados financieros "fluctúan erráticamente" con devastadoras consecuencias para los pobres, "las elecciones pueden manipularse", y "los aspectos negativos y otros son considerados completamente irrelevantes" por los poderosos. Estas citas están tomadas de un cierto extremista radical del Vaticano, de cuyo mensaje anual de año nuevo la prensa nacional apenas se hizo eco, y se trata sin duda de alternativas que no se encuentran en la agenda.

¿Por qué hay tal grado de consenso en que América Latina y por extensión el mundo, no está autorizada a ejercer su soberanía, es decir, a tomar el control de sus vidas? A nivel global, análogamente, es el miedo intrínseco a la democracia. De hecho esta pregunta se ha formulado frecuentemente modos muy ilustrativos; en primer lugar, en el conjunto de documentos internos de que disponemos (estamos en un país bastante libre, disponemos de un rico registro de documentos desclasificados, algunos de ellos muy instructivos). El argumento que los recorre se ve ilustrado fehacientemente uno de los casos más importantes, una conferencia hemisférica a la que EE UU llamó en febrero de 1945 de cara a imponer lo que se denominó la Carta Económica para las Américas, que constituía una de las piedras angulares del mundo de posguerra todavía vigente. La Carta hacía un llamamiento para terminar con el "nacionalismo económico (es decir soberanía) en todas sus formas". Los latinoamericanos deberían evitar lo que se denominó un desarrollo industrial "excesivo" que compitiera con los intereses de EE UU, aunque podrían acceder a un "desarrollo complementario". Así que Brasil podía producir el acero de bajo coste que no interesara a las empresas de EE UU. Era crucial "proteger nuestros recursos", tal como escribió George Kennan, aunque ello requiriera de "Estados-policía".

Washington tuvo problemas para imponer la Carta. En el Departamento de Estado internamente se lo habían planteado a las claras: los latinoamericanos se equivocaron de elección. Estos hacían llamamientos para implementar "políticas diseñadas para mejorar la distribución de la renta y para aumentar el nivel de vida de las masas", y se hallaban en el "convencimiento de que los primeros beneficiarios del desarrollo de los recursos de un país debe ser la gente del país", no los inversores de EE UU. Esto era inaceptable, por lo que el ejercicio de la soberanía no podía permitirse. Pueden ser libres, pero libres para hacer las elecciones correctas.

“Mientras el Estado y sus gobiernos en turno no tengan la voluntad política para resolver nuestras demandas históricas, que tienen como base el territorio y la autonomía, será muy difícil que haya tranquilidad.

Si el gobierno sigue con su tozudez de militarizar algunos espacios territoriales, no habrá posibilidades reales de buscar algún tipo de entendimiento”, dice, desde la cárcel de Ángol, en el sur de Chile, Ramón Llanquileo Pilquimán, uno de los dos presos políticos mapuche en huelga de hambre desde el pasado 14 de noviembre.

Llanquileo y Héctor Llaitul, ambos dirigentes de la Coordinadora Arauco Malleco (CAM), exigen la reconsideración de su situación legal después de una sentencia por homicidio frustrado. Ésta es la tercera huelga de hambre que realizan desde sus detenciones en 2009. Las anteriores llegaron a durar hasta cerca de 90 días sin alimentos.
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El problema mapuche en Argentina y Chile.

El “problema mapuche”, se advierte en un llamamiento que circula en solidaridad con la causa de este pueblo y con los activistas en huelga de hambre, “no es un tema simplemente policial o jurídico; es un tema político que implica reconocer que los mapuche están embarcados en una causa que brota de la ocupación abusiva que hizo Chile de su territorio al sur del Bío-Bío”.

Llaitul ni Llanquileo, señala el manifiesto, “pueden ser tratados como delincuentes y mucho menos como terroristas”. Mantenerlos en esa condición, continúa, “hace que cada día sea más difícil llevar adelante el diálogo pendiente entre la nación chilena y el pueblo mapuche”.

La Coordinadora Arauco Malleco.

Criminalizada y perseguida desde sus inicios, la Coordinadora Arauco Malleco es una organización que reivindica la autonomía de las comunidades mapuche, y la recuperación de las tierras que les han sido arrebatadas, motivo por el que han sido catalogados como “terroristas”. La CAM, dice Wikipedia, “es una organización nacionalista mapuche de carácter terrorista”. Ni más ni menos.


Pero ni terrorista ni criminal. La CAM es parte del movimiento mapuche autónomo que lucha por la reconstrucción de un pueblo históricamente despojado, saqueado y destruido. Desde hace más de una década, su lucha se extendió y ya no sólo por la recuperación de la tierra usurpada por el Estado chileno y por las transnacionales; sino también por la reivindicación de los mejores elementos de una cultura que se va perdiendo junto con el territorio: lengua, organización ancestral, tradiciones, las relaciones humanas. En suma, el ser mapuche.

La respuesta del Estado.

La CAM “encabezó un ciclo de recuperaciones de tierras ancestrales desde 1998 hasta la fecha, con demandas territoriales y autonómicas para reconstruir y defender sus derechos como pueblo originario.
Al igual que en Argentina en Chile despojo y leyes perversas contra las comunidades mapuches.Haz Clic para Twittear
La respuesta del Estado ha sido una agresiva criminalización y persecución del movimiento mapuche, en la que cerca de 250 activistas han sido procesados, muchos de ellos integrantes de la CAM”, se advierte en el llamamiento de solidaridad.
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Tanto a Ramón Llanquileo Pilquimán como Héctor Llaitul se les pretende juzgar por un doble procesamiento, pues del fuero militar fueron absueltos y por el ámbito civil condenados, curiosamente con los mismos testigos y las mismas pruebas en contra.

“Nos parece alarmante la transgresión de algunos de los más elementales principios jurídicos como el ‘non bis in idem’, esto es, que la persona no puede ser juzgada dos veces por la misma causa, y la utilización de ‘testigos secretos’, como ha sucedido en este caso, vulnerando la seguridad jurídica.
Leer también: Pueblos originarios de la Patagonia: cultura mapuche y araucana.
Nos preocupa en extremo también la inobservancia de los más primordiales derechos humanos, considerando que no puede ser la criminalización de la protesta social la respuesta del Estado hacia las demandas indígenas de tierra, territorio y autonomía”, señala una iniciativa mundial de intelectuales en su defensa.

Las demandas concretas y urgentes.

Las demandas concretas y urgentes en estos momentos son: el rechazo al doble procesamiento; beneficios carcelarios para Ramón Llanquileo (quien después de purgar la mitad de su condena ya puede acceder a ellos); y el reconocimiento de los tiempos de encarcelamiento de prisión preventiva (cerca de 5 años acumulados, fruto de la ley antiterrorista) como parte de los tiempos de condena ya purgados.

Garantizar el debido proceso de los detenidos.

Garantizar el debido proceso de los detenidos, revisar las irregularidades acreditadas en su juicio, garantizar condiciones carcelarias dignas y poner fin, a la brevedad, a su injusto procesamiento, es la exigencia que recorre el continente, junto con el llamado a “la libertad inmediata e incondicional de Héctor Llaitul y Ramón Llanquileo como forma de terminar con la huelga de hambre; la creación de una instancia de diálogo entre el Estado chileno y los representantes legítimos del pueblo mapuche; la definición de una agenda común; la recuperación para las comunidades de los territorios que se encuentran en manos de las forestales y reconocimiento del Tratado de Trapihue de 1825, vigente y no respetado por el Estado chileno”.
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El Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP, por su sigla en inglés) representa una amenaza para los nativos, aseguró la relatora especial de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas, Victoria Tauli-Corpuz.

En una entrevista concedida al miembro del Grupo Internacional de Trabajo sobre Asuntos Indígenas (IWGIA, siglas en inglés), Alejandro Parellada, la funcionaria recalcó que los pueblos originarios son los más afectados por las pocas garantías que ofrece el Acuerdo Transpacífico.
Acuerdo-Transpacífico
“Hay que tener en cuenta que muchos de los últimos recursos naturales se encuentran en los territorios indígenas, bien porque ellos los han protegido tradicionalmente o porque se hallan en áreas muy remotas”, dijo Tauli-Corpuz al referirse al verdadero objetivo que busca el TPP.

A su juicio, el agotamiento de los recursos naturales en varios países del mundo hace que ahora se lancen sobre las riquezas de los territorios indígenas. “Vemos un retroceso en relación a la defensa de los derechos de los pueblos indígenas sobre sus tierras, territorios y recursos naturales tanto a nivel de los Estados como en los organismos internacionales”, lamentó.
Caso Chevron.
Crude contaminates the Aguarico 4 oil pit, an open pool abandoned by Texaco after 6 years of production and never remediated.
Para referirse al daño que sufren los pueblos originarios con la firma de acuerdos con tilde capitalista, Tauli-Corpuz, dio como ejemplo el caso Chevron, donde hasta la fecha muchas comunidades indígenas sufren las consecuencias ambientales por la contaminación de cinco millones de metros cúbicos de tierra en gran parte de la amazonía ecuatoriana.

“A pesar de que la Corte Suprema dictaminó la obligación de la compañía para limpiar el área, no se hizo nada, pues Chevron alega que eso es responsabilidad del Estado ecuatoriano”, comentó. Sostuvo que ese tipo de acuerdos comerciales apoyan completamente los derechos de las empresas y no los derechos de las comunidades indígenas.
Defensa indígena.
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Tauli-Corpuz apuntó que el mejor sistema de defensa para los pueblos originarios contra las irregularidades del TPP, es amparase en la Declaraciones de las Naciones Unidas y el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) que garantiza los derechos de los indígenas sobre sus territorios y recursos.

“Los pueblos indígenas tienen el derecho de participación en las negociaciones de los acuerdos comerciales que puedan afectar sus territorios. Como mínimo deben tener la oportunidad de saber lo que se está negociando y poder expresar sus opiniones”, comentó.

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El Alto Representante General del Mercado Común del Sur (Mercosur), Florisvaldo Fier, destacó ayer la contribución que podría hacer ese bloque de integración suramericano en avanzar hacia la multipolaridad a nivel mundial, si tomara la decisión de seguir incorporando nuevos Estados.

En entrevista a Prensa Latina, Fier consideró importante la incorporación de nuevos Estados al mecanismo de integración, “si es posible de todos los países de América del Sur”, porque con la incorporación de Bolivia el bloque se convierte en la quinta economía del mundo, dijo.
mercosur
Un bloque con esta capacidad económica tiene que pensar como su tamaño, tiene que trazarse estrategias de “cuál es la inserción que queremos económica y políticamente en el mundo, por eso los Gobiernos tienen que pensar de manera estratégica para avanzar en el Mercosur”, reflexionó el Alto Representante.

Apuntó que la oportunidad de la actual crisis económica mundial debe aprovecharse para avanzar dentro del mecanismo, integrado por Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay y Venezuela, mientras Bolivia está en proceso de adhesión.

Manifestó que el Mercosur “es fundamental para nuestros países (…) Nosotros tenemos una posición geográfica que no podemos cambiar de lugar, ninguno de los países, eso nos reservó el proceso histórico”, acotó.
En ese sentido, expresó que “no podemos darnos la espalda y mirar de reojo a Estados Unidos, tenemos que mirarnos unos a los otros, trabajar entre nosotros y no de manera individual, porque juntos podemos avanzar”, acotó.
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Al referirse a las prioridades, el Alto Representante mencionó el Acuerdo Mercosur-Unión Europea (UE) “depende ahora más de la UE que del boque suramericano”.

Recordó que hubo una tentativa de acuerdo años atrás que no fue posible, y al retomarse las negociaciones, la UE solicitó que el Mercosur presentara una propuesta superior a la anterior, y se cumplió con el pedido, “pero los europeos no han llegado a una conclusión para hacer la oferta de ellos”.

La otra prioridad del bloque regional también es de tipo comercial y tiene que ver con la necesidad de avanzar en la integración productiva dentro del Mercosur, hay sectores ejemplares como el automotriz, el más antiguo, y que ahora se ha renovado, y el de juguetes que es nuevo, pero con muy buenos resultados, comentó citado por Prensa Latina.
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Nos despertamos y el mundo nos sorprende enredado en la posibilidad de algo peor. También en el plano teórico los ideólogos del capitalismo neoliberal insisten en la falacia que en el capitalismo moderno se está transformando en “capitalismo popular”, que considera por encima de todo al hombre con sus necesidades y avanza hacia una sociedad de “bienestar general” y de “alto consumo”. Una visión del mundo triunfalista que se desploma como un castillo de naipes incluso para aquellos fundadores del concepto.
AmericaLatina
Por eso iniciar este articulo desde el tema de la actualidad de la crisis del capitalismo en su fase imperial se fundamenta en un hecho nada despreciable: tras la puesta en marcha en América Latina – salvo excepciones – del impulso de políticas económicas neoliberales que rebasaban muchas veces esa condición, instalándose como verdaderos ejercicios del poder absoluto de gobernación, en un plazo muy corto.  América Latina atraviesa una desaceleración económica combinada con tasas de inflación relativamente alta y desempleo en ascenso. El panorama a futuro luce complejo debido a factores como la subida de tasas de interés de la Reserva Federal de Estados Unidos, la desaceleración económica de China y una menor confianza financiera en la región.

Sin lugar a dudas estamos  viviendo en una época de  profundo cambio histórico, después de un periodo de crecimiento  económico, el sistema capitalista está llegando a sus límites. En lugar de crecimiento  nos enfrentamos  al estancamiento  económico,  la recesión y una grave crisis de las fuerzas productivas. La crisis del capitalismo se manifiesta  en todo los niveles de la vida.  Se refleja en la especulación y la corrupción, el consumo y el tráfico de drogas, la  violencia, el egoísmo y la indiferencia hacia  los sufrimientos de los demás, el colapso de la familia burguesa, la crisis de  la moralidad, la cultura y la irracionalidad. ¿Cómo podría ser de otra  manera?

De ahí que haya muchos gobiernos que pretendan ocultar los escenarios por donde transcurren las relaciones sociales de clase y explotación y así pretender que la trama transcurra sin contradicciones. Pero en todo este proceso de agotamiento de la estrategia neoliberal, trae consigo otro elemento conceptual altamente peligroso: la guerra. El mundo vive una gravísima situación que va mucho más allá del marco teórico. Las crecientes injusticias sociales aunadas a las guerras que proliferan y que hunden naciones enteras en una atmosfera de confusión, desolación e incredulidad.

En efecto el clima de violencia generado en los últimos tiempos va en aumento. El tráfico ligado a los diferentes tipos de droga nos ha sumido en una guerra sin precedentes en muchos países de la región, en algunos de ellos con una violencia e implicancia hasta ahora desconocida. (Caso Uruguay)

Ante la actual coyuntura parece pertinente tomar alguna distancia para reflexionar sobre el aquí y el ahora. Para ello comenzaremos jalando el hilo que propicia en América Latina la urgencia de explicar la originalidad de la región. Quizás allí encontremos razones de su continuo caminar por derroteros en donde la tragedia se muestra como un rasgo permanente, pero también donde otra historia es posible, en pos de una vida digna, que emerge de manera recurrente como una utopía posible.

En contra de la idea de que América Latina requiere de más desarrollo del capitalismo, bajo el supuesto que ello le permitiría acercarse a las formas del capitalismo del mundo central, además de aproximarla a las posibilidades de un bienestar infinito, de ahí que se señala  la falacia, que el capitalismo en América Latina sólo puede caminar propiciando “el desarrollo sustentable” en el marco de las leyes naturales de la oferta y la demanda. En realidad la intensificación del capitalismo en la región tiende no a acercarla sino, por el contrario, las luchas que cada día se agudizan por los mercados y por los escasos recursos hacen improbable integrarse a los pretendidos modelos del mundo desarrollado y a acentuar las contradicciones del capital.

No obstante los procesos de la región no son expresión o resultado de un insuficiente desarrollo capitalista. Por el contrario, lo que tenemos aquí es un “exceso” en dicho desarrollo, en tanto espacio particular de condensación de contradicciones del sistema, las que operan en la lógica del modo de ser del capitalismo local. De allí la original forma dependiente y su derivación política: formamos parte del sistema que establece el capital en una región en donde el conflicto social en general y su potencialidad de ruptura es mayor.

Llegamos de esta forma al término político en América Latina de la llamada transición democrática, marcada tanto por los proyectos de gobiernos de izquierda como de la derecha liberal. En estas coordenadas, se agota el espacio para fuerzas y gobiernos que se reclaman de izquierda y que administran las políticas del gran capital. La disputa por la democracia dejó de ser un asunto teórico y se ha trasladado de lleno al terreno político-social, expresándose en proyectos políticos que tenderán a crecientes distanciamientos. La polarización política termina así tomando forma en el espacio propiamente institucional. La lucha por la unidad latinoamericana debe ir unida a la identificación clara de los problemas teóricos- prácticos que es preciso resolver. La democracia se hace imposible e incompatible con ningún sistema de explotación y por más que lo quieran pintar diferente el capitalismo es uno.

Presidentes progresistas.
Los presidentes “progresistas”, que hablan por izquierda con una orientación de perspectiva hacia la superación de la sociedad capitalista o como se dice en muchos de sus programas hacia “una estructura social, en la cual los intereses del capital son subordinados a los intereses de la humanidad “ en la cual la predominancia del lucro esta refrenada es decir un capitalismo con” rostro humano” De esta manera, la izquierda, se ha convertido en la “cara alternativa” de dominio del Imperio en América Latina, pero ejecutan los programas económicos y la estrategia regional del Consenso de Washington . Así nació el distintivo axiomático que guía a los gobiernos “progresistas” en la región: hacer discursos con la izquierda y gobernar (con y) para los intereses de la derecha.

Tiempos de malestar e indiferencia, pero aun no formulados de manera que permitan el trabajo de la razón. En lugar de inquietudes definidas en términos de valores y amenazas hay un malestar vago, una inquietud, un desalentado sentimiento que nada marcha bien.

Esta izquierda con años de carrera electoralista lleva la marca de la sofistería política (usada para que los trabajadores abandonen la revolución). Sus discursos pastorales y demagógicos (“socialismo democrático”, “poder alternativo”, “poder popular desde las bases”, “distribución justa de las riquezas”, “refundar la sociedad”, etc.), le sirve de taparrabo de su conducta mercenaria  y de colaboración con la burguesía y el imperialismo. De falsificadores de la doctrina científica del socialismo han devenido en vulgares repetidores de ideas y tesis políticas de la burguesía más reaccionaria. Esta izquierda hace años que ha desertado del campo de los oprimidos y todo su accionar político se aplica en función de  engañar incrédulamente a sus pueblos. Basta mirar la experiencia de la lucha social actual en cualquier país latinoamericano, para comprender que la diferencia programática y estratégica que alguna vez existió entre los partidos burgueses y aquellos que se llaman de izquierda ha desaparecido completamente. Sus diferencias, son de forma, pero no de fondo y de contenido. Sus coincidencias son de tipo estratégico, que en lo fundamental se refiere a sostener los viejos Estados opresores hundidos en una aguda crisis y creciente descomposición.

En la etapa actual, los grupos de poder latinoamericanos y los regímenes que los representan en el poder, no podrían seguir controlando el Estado y la sociedad, sin la colaboración de las fuerzas políticas que se denominan de izquierda.  Diez años de gobierno de izquierda con las tasas de crecimiento más espectaculares del último medio siglo no alcanzan como solución a los problemas políticos y económicos en la región. Claro algunos pretenden esbozar algunos avances que permitieron en estos diez años revertir la tendencia del capitalismo a las desigualdades; hoy hay quienes piensan incluso que nuestros países la situación  es mucho menos desigual, y que se empieza a sentar las bases de un camino propio, sin modelos, contrario y a la izquierda del capitalismo. No obstante aalgunos estudios recientes desmienten los discursos progresistas sobre la caída de la desigualdad, en particular en Uruguay y Brasil. Si bien la pobreza tuvo una importante reducción respecto al pico de la crisis, la desigualdad muestra más continuidades que cambios. Los trabajos de economistas del Instituto de Economía de Uruguay y del Instituto de Investigación Económica Aplicada de Brasil sobre el uno  por ciento con mayores ingresos, llegan a las mismas conclusiones: la desigualdad se mantiene y tiende a aumentar de forma leve, antes de la crisis actual.

Hace doscientos años, Bolívar, en carta a O’ Higgins, decía “Pero el gran día de la América no ha llegado. Hemos expulsado a nuestros opresores, roto las tablas de sus leyes tiránicas; mas todavía nos falta poner el fundamento del pacto social que debe formar en este mundo una nación de Republicas”  Ora nostalgia, ora utopía, ora mito, ora convicción, la Patria Grande ha tenido una conmovedora tenacidad. Nadie ha podido borrarla de nuestra América. Ha sido y es nuestro perdido bien y nuestra tierra prometida. Claro que la realidad tiene sus exigencias. Ahora no se habla de unidad latinoamericana o de patria grande.  Ahora se habla de integración. “El pacto social – a que aludía Bolívar–  que debe formar en este mundo una nación de Republicas” ha sido sustituido por tratados que hablan de aranceles. La hegemonía estadounidense en la globalización neoliberal es el enemigo principal, la historia así lo determina.
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