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El Partido de la Costa está ubicado al sudeste de la Provincia de Buenos Aires y es la zona de playas marítimas más cercana a la Capital Federal, sólo 320 Km la separan de la misma. Ocupa una franja de 96 Km de largo y un ancho variable de 2 a 4 Km, donde la costa Argentina se interna más en el Océano Atlántico.

Son 226 kilómetros cuadrados que limitan; al note con la Bahía de Samborombón; al sur con el Partido de Pinamar; al este con el Mar Argentino y al oeste con el Partido de General Lavalle.

Historia de la Fundación
A fines de la década del 30 comienza a desarrollarse en la zona costera del partido de general Lavalle un movimiento turístico que de origen a las localidades de San Clemente del Tuyú y Mar de Ajó. Estos pioneros tuvieron que salvar muchas de las dificultades que el clima y el terreno ofrecían, como ser la falta de caminos y lo agreste del lugar. Así, con el correr de los años nacen las demás localidades: Las Toninas, Costa Chica, Santa Teresita, Mar del Tuyú, Costa del Este, Aguas Verdes, La Lucila del Mar, Costa Azul, San Bernardo del Tuyú, Nueva Atlantís, Pinar del Sol y Costa Esmeralda.

partido de la costa localidades

El Partido de La Costa hoy
De muy fácil acceso, por rutas terrestre y aéreas, estos 96 kilómetros de playas y médanos salpicados de frescos pinos, se presentan como una opción ideal para quienes deseen hacer un alto en el trajín cotidiano. Es posible elegir, entre doce localidades, centros de intensa actividad como San Clemente del Tuyú, Santa Teresita, Mar de Ajó, o San Bernardo, o apacibles localidades residenciales como Las Toninas, Costa Chica, Mar del Tuyú, Costa del este, Aguas Verdes, Lucila del Mar, Costa Azul, Nueva Atlantis, Pinar del Sol, Costa Esmeralda.

Una multiplicidad de posibilidades, a las que se puede llegar por cualquier variedad de transporte, por las rutas 2, 63, 36, 11 e interbalnearias, o el aeródromo; por las numerosas líneas de ómnibus que llegan desde todo el país; y por supuesto, arribar desde el mar a Tapera de López en San Clemente, el lugar ideal para la práctica de deportes náuticos; windsurf, kitesurf, vela, esquí acuático, kayak, moto skí,etc. Actividades posibles de realizar a lo largo de todas nuestras playas, equipadas de complejos turístico de nivel internacional.

Pero no sólo el mar acapara los deportes, pues en la Costa hay una de las mejores canchas de golf de la Provincia (Santa Teresita) , varias pistas de equitación, activas durante todo el año, canchas de tenis paddle, tiro, patín, hockey, ciclismo y hasta circuito de safari y turismo carretera (Mar de Ajó). Llegar y seguir eligiendo 244 hoteles con 17.648 piezas para todos los gustos y presupuestos (apart - hoteles, hosterías, hoteles) y 3.351 plazas en 31 campings, equipados con todos los servicios y comodidades. Además de un servicio inmobiliario excelente.

En lo que alquileres se refiere le invitamos a visitar el sector de alquileres.
Elegir y disfrutar de las cálidas aguas que se extienden sobre anchas playas de suave declive. Alejadas y solitarias, o pobladas de movimiento, amigos y juegos. Además, se encuentra una arquitectura urbana que crece incesantemente, o una peatonal en la que un paseo de compras es una forma de disfrutar sus vacaciones.
Porque la calma solitaria de un amanecer en la playa puede ser la conclusión de una noche de fiesta; pubs, bailables, bowlings, parques de diversiones, cines, teatro, o una visita a Mundo Marino, el oceanario más grande del Latinoamérica y la novedad de las Termas Marinas, (aguas termales saladas ) en San Clemente del Tuyú, el Partido de la Costa es para todas las edades.


partido de la costa como llegar

Como llegar al Partido de la Costa
Rutas
de acceso desde Cap.Fed.
Desde Cap.Fed. por Autopista La Plata, Autovía Ruta 2 hasta Dolores,
Ruta 63 hasta Esq. de Crotto - Ruta 11 - Interbalnearia.
Peajes
Autopista La Plata: Dock Sud y Hudson
Ruta 2 : Samborombóm
Ruta 11 : Gral. Conesa.
GNC
Actualmente encontrará estaciones de GNC en Chascomús, Castelli, Dolores, San Clemente, Las Toninas y Mar de Ajó.
Por avión
Aeródromo Jorge Newbery - Santa Teresita
Av. Interbalnearia y Calle 37.
Más datos sobre el Aeródromo en : www.santateresita.com.ar
Municipalidad de La Costa
Av. Costanera 8001 - Mar del Tuyú
Tel. (02246) 43-3096
Casa de la Municipalidad de La Costa

Ciudad de Buenos Aires - San José 345

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Aérea Partido de La Costa
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Aérea Partido de La Costa

Imagen satelital Partido de La Costa - Google Maps

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El mayorista avanzó casi cuatro centavos en la semana. En los últimos 30 días escaló a un ritmo consistente con una suba del 32% en los próximos doce meses

El precio oficial del dólar entró en una franca aceleración en la primera mitad de agosto y la velocidad de deslizamiento marca una pauta anualizada de suba del billete estadounidense del 32%, su mayor velocidad en lo que va del año.

El Banco Central dejó que el dólar mayorista subiera más de un centavo el jueves hasta los $5,579 por unidad, al tiempo que se vió obligado a vender u$s 10 millones para evitar una suba aún mayor de la divisa. En el mercado paralelo, aunque con pocas operaciones y fuerte vigilancia, el blue pasó los $9 antes de corregir y cerrar en 8,95 pesos.

En lo que va de agosto, la entidad conducida por Mercedes Marcó del Pont no le dio respiro a la cotización del dólar. Empujada la necesidad de contener la caída de reservas y presentar competencia a la devaluación del real brasileño, anotó en los últimos 30 días su mayor ritmo de devaluación del año.

En lo que va de esta semana, el dólar mayorista ganó 3 centavos y 8 milésimas de peso, apenas una milésima por debajo de su mayor avance semanal del año y con sólo una rueda restante antes del final de la semana.

Avanza 1,3% en lo que va del mes y, en los últimos 30 días, anotó una suba de 2,67% que tiene a los operadores dudando respecto a si se sostendrá o no. De mantenerse semejante velocidad de apreciación del dólar, en los próximos 12 meses el precio se movería 32%.

El BCRA aceleró la pauta de devaluación del dólar oficial en un intento por limitar el atraso cambiario hacia adelante y acotar la pérdida de reservas frente a una coyuntura de menor oferta de dólares en los próximos meses.

"En tanto estaría intentando registrar un saldo neutro en promedio en sus intervenciones en el mercado cambiario, limitando la pérdida de reservas a las divisas requeridas para la cancelación de vencimientos en moneda extranjera"”, analizó un informe de Bein & Asociados distribuido ayer.

La aceleración de este mes está un escalón por encima de la que se vió en junio, cuando la divisa saltó 2,3% o un 27% anualizado. En las mesas todavía no se convencen de que la nueva velocidad de deslizamiento llegó para quedarse.

Lo que se ve es que está reaccionando a la devaluación del real, siempre sigue una meta de tipo de cambio real, que puede ser coyuntural. Lo importante es ver para atrás, que el dólar sube 21% en los últimos doce meses y no ha dado síntomas de que vaya a subir más de 20% en todo 2013”, dijo un corredor de cambios que prefirió no ser mencionado.

El real brasileño perdió 13% frente al dólar en los últimos tres meses. Ayer bajó un 0,60% y el dólar se vende a 2,339 reales en Brasil, pero llegó a tocar en la rueda 2,35 unidades.

La otra duda en la mente de los operadores es la contradictoria intervención del BCRA en el mercado de futuros. Mientras que por los últimos días se puede calcular una disparada del dólar del orden del 30%, en base a sus posturas en futuros no se puede aspirar a más del 22%, según informa Cronista.

“El BCRA continúa operando sobre el mercado de futuros en los primeros cuatro meses del año convalidando una tasa de devaluación menor: 21,5% entre enero y abril consistente con un dólar de 6,4 a fin del primer cuatrimestre”, consignó Bein & Asociados.

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la rioja universo-colores-cerros-valleLa capital provincial es el punto de partida de un fascinante recorrido que vincula las bodegas artesanales y olivares de la Sierra de Velazco con la Quebrada de los Cóndores y el circuito minero de Chilecito, sobre las montañas de Famatina. Sabores típicos, opciones de turismo aventura y una excursión guiada hasta el Parque Nacional Talampaya.

Morder con ganas una aceituna carnosa, llena de pulpa. Quedarse quieto y en silencio ante una pared de piedra de casi cien metros de altura. Sentir un vértigo de niño de bicicleta en bajada, al subirse a un carrovela. Son algunas de las postales de belleza simple que se viven en un recorrido por los paisajes de la provincia de La Rioja .

la-rioja-argentina-ppt-slide-mapEl avión ya sobrevuela la tierra del caudillo “Chacho” Peñaloza. A los pocos minutos, una combi comienza a recorrer la ruta –unos 100 km– hacia el norte, hasta llegar a la localidad de Arauco , cerca del límite con Catamarca. El paisaje es árido, recubierto por un cielo celeste claro. De repente, aparece una gran extensión de tierra seca, arcillosa y plana, como si un gigante prolijo hubiese trabajado largas horas con un palo de amasar. De fondo, se ven los cordones de la Sierra del Velasco. Y aparece un cartel: “Vientos del Señor”.

Es un complejo turístico municipal, con refugios de adobe, asadores, hornos de barro y una confitería. Pero la gran atracción acá es la navegación en tierra, la práctica del carrovelismo y el kitebuggy. Uno de los instructores ya está subido al carro con ruedas y vela, en esa enorme extensión de 7 kilómetros de largo por 3 kilómetros de ancho. Basta un empujón para que comience a moverse. Puede llegar a una velocidad de casi cien kilómetros. El viento hace su trabajo y el piloto mueve unas cuerdas para darle dirección. Al poco rato, nos alejamos del refugio. Diez metros, cien, quizá mil. Otra de las opciones es el kitebuggy, con el mismo mecanismo pero impulsado por un gran barrilete. En cualquiera de los casos, la sensación es la misma: vértigo dulce, de montaña rusa, de bicicleta sin rueditas.

aimogasta

Muy cerca de Arauco y a 115 km al norte de la capital, Aimogasta es el gran polo olivícola del país. La variedad emblemática es la aceituna arauco , que se cosecha verde o madura y se utiliza para mesa, conserva y aceite. El 70 por ciento del aceite de oliva elaborado en la Argentina se produce en La Rioja. Por esa razón, no se puede pasar por esta zona y dejar de probar una de estas aceitunas grandes y de pulpa llamativa.

Una buena forma de conocer cómo es la producción es visitar algunas de las aceituneras que producen en la zona. Fundada a mediados de los años 50, Hilal Hermanos es una de las más tradicionales, que conservan el método tradicional de molino de piedra, prensa hidráulica en frío y filtrado por decantación natural. En todo el proceso, no interviene ningún agente químico. La molienda se hace con aceitunas frescas, que no se almacenan por más de 24 horas luego de ser cosechadas de forma manual. Tanto Hilal como Agroarauco, entre otros establecimientos, ofrecen visitas guiadas.

La combi recorre la mítica Ruta Nacional 40 hasta llegar a Chilecito , polo vitivinícola del país, ciudad minera por excelencia y dueña de un paisaje imponente, con la Sierra de Famatina como telón de fondo. Uno de los lugares ineludibles de este destino –y una muy recomendable forma de conocer su historia– es el circuito de las instalaciones abandonadas del Cablecarril Chilecito-Mina La Mexicana, una obra de principios del siglo XX que fue vanguardista en aquellos años. A través de las estaciones que transportaban los minerales que se extraían (oro, plata y cobre) y a lo largo de 35 kilómetros, el visitante podrá internarse en valles, montañas y cruzar abismos en las entrañas de los cerros.

En aquellos primeros años del siglo pasado, el apogeo minero posibilitó al pueblo contar con una de las primeras líneas telefónicas del país. En la actualidad se practica aquí trekking, safari fotográfico, turismo minero y geológico. Y se puede pasar la noche en uno de los refugios reciclados que fueron emplazados junto a las instalaciones del yacimiento minero. Cualquiera sea su próximo destino en La Rioja, no abandone esta región sin pasar por la Cuesta de Miranda , que une el Valle de Chilecito con el del Bermejo. Son diez kilómetros de un bellísimo camino de cornisa, con farallones de color rojo intenso.

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Después de algunos días de viaje, llegó la hora de visitar la gran joya de La Rioja: el Parque Nacional Talampaya . Llegar a esta región desértica, parte de la Cuenca Triásica de Ischigualasto, es remontarse a más de 250 millones de años. Con el tiempo, el parque fue sumando excursiones y nuevas opciones para ver apenas una parte de las 215 mil hectáreas de la reserva. El lugar más elegido y emblemático es el Cañón de Talampaya, ese gran paredón de 150 metros.

La excursión Safari Aventura propone el recorrido en un camión 4x4. Primero aparece la puerta del cañón, después un algarrobo de 200 años y las enormes rocas con geoformas extrañísimas. Allí están El Monje, La Catedral –“Gaudí seguramente vio esto antes de hacer La Sagrada Familia” arriesga el guía–, El Cóndor y muchas otras más. Otra opción es recorrer la zona en bicicleta o durante las noches de luna llena.

A la tarde, después del almuerzo bajo un algarrobo, la excursión en el parque sigue con Quebrada Don Eduardo. Hugo Páez, uno de los guías, hace un listado de las plantas arbustivas que se encuentran, muestra el verde del chañar brea y el inca yuyo; luego cuenta la historia de unas momias que se encontraron intactas. En una caminata de unas tres horas, se maravillará con los miradores esculpidos por el tiempo y tendrá una perspectiva diferente de las clásicas del parque.

Al final, como quien descubre un tesoro escondido, puede ir al Cañón del Arco Iris, uno de los lugares menos frecuentados por los turistas que visitan el parque por poco tiempo. Se llega en camioneta, después de recorrer el lecho seco de varios ríos. En algún momento, cuando la caminata avance, encontrará grandes paredones perforados por el río. Verá piedras cortadas como a máquina por la amplitud térmica. Piedras ocres, rojas, verdes y blancas. Y encontrará quizá el silencio más perfecto de todo el viaje.

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A 180 kilómetros hacia el sur de la capital riojana, después de atravesar un camino lleno de piedras gigantes llegamos a la Reserva Natural Quebrada de los Cóndores , un destino poco explotado y una de las grandes bellezas de la travesía. El lugar es la morada de unos 200 cóndores que planean muy cerca de los visitantes. Primero se llega al paraje de Tama, luego a Sierra de los Quinteros y desde allí se necesitan un par de horas de cabalgata. La parada final es en un gigantesco peñasco que oficia de mirador. Al poco tiempo llegarán los cóndores, sobrevolando en círculos para luego avanzar hacia sus nidos.

En el puesto de San Cruz está La Posta de los Cóndores, una construcción con capacidad para 25 personas. Allí alguien preparará un chivito al horno, con verduras que saben a verdura. Y buen vino riojano. Si tiene mala suerte con el tiempo y no puede hacer la excursión, en el lugar se exhiben dos cóndores en cautivero, que fueron curados después del ataque a tiros de unos cazadores.

Ya quedan pocas horas para volver a casa. En la cena de despedida, alguien propone un brindis. Alguien voltea una copa, pero a nadie le importa. La noche avanza más calma que nunca, entrenada en el silencio, sin pedir perdón ni permiso. Al volver a casa, queda fijado como un cardón el recuerdo de la sobremesa sin apuro. Y vuelven la imagen de la pared infinita del Talampaya y el sabor dulce de un vino morado riojano.

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telemarketing-imageEl teléfono suena en el peor momento y corremos a buscarlo porque estamos esperando una llamada muy importante. La voz aparece al minuto de silencio y se escucha: "Usted ha salido beneficiado con un descuento especial para comprar un auto."

Y no. No era esa la llamada que estábamos esperando. Era otra, muy urgente. Son cinco minutos que hay que repetirle al representante de ventas telefónicas que no estamos interesados en su oferta y tampoco la otra asociada a la primera sobre la que también insiste. Y lo malo es que estamos llegando tarde hacia donde nos dirigíamos. Y lo grave es que esa fue la segunda llamada del día y quizás la tercera de la semana.

¿Qué hacer para evitarlos? En Buenos Aires y en San Juan, se puede recurrir al Registro "No llame" que protege a los usuarios que no desean recibir este tipo de ofertas telefónicas. En otras provincias, como en Santa Cruz y Santa Fe, pese a que el sistema está creado, aún resta su implementación.

Aquí, los detalles de los requisitos para completar la inscripción en los lugares donde ya se encuentra vigente.

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1-¿Cuáles son los trámites y a qué organismo/s se debe recurrir?

En Buenos Aires. El trámite tiene dos pasos: primero, hay que llamar a la línea gratuita 147 y elegir la opción 1 (de Atención Ciudadana), luego la opción 3 (Defensa del Consumidor) y finalmente, otra vez la opción 1 (Registro No Llame). Con esto el sistema incorporará la línea como preinscripta. Lo siguiente, es el paso que la mayoría de los porteños no completa, que es dirigirse hacia el Centro de Gestión y Participación Ciudadana (CGPC) más cercano a su domicilio para completar la inscripción. Hay que llevar la factura telefónica y el DNI (original y fotocopia). Los inquilinos que no son titulares de la línea deben acompañar a la documentación, el contrato de alquiler a los efectos de probar su vínculo con el número telefónico que quieren registrar. También pueden presentar una nota del propietario autorizando la inscripción.

En San Juan. El interesado debe presentarse personalmente ante la sede de Defensa del Consumidor y llevar completo el formulario disponible en el sitio del Ministerio de Producción y Desarrollo Económico provincial . También debe contar con la fotocopia de la boleta de facturación o documento que acredite la titularidad de la línea telefónica (ya sea fija o celular) y fotocopia del DNI del usuario.

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2- ¿Cuándo comienza la aplicación del registro?

En Buenos Aires. Las empresas están obligadas a notificarse y actualizar su base de datos cada 30 días, para garantizar que quienes se inscriban dejen de recibir llamados al cumplirse ese plazo.

En San Juan. La inscripción rige a partir de los 90 días, que es el plazo en el que la ley provincial prevé para que las compañías se den por avisadas.

2 -¿Existe la posibilidad de hacer el trámite online?

En ninguna de las dos provincias que disponen de este sistema es posible registrarse vía Internet.

3-¿Qué ocurre con las encuestas telefónicas? ¿Y con las propagandas políticas?

En Buenos Aires. La solicitud de información por parte de una encuestadora, siempre y cuando la misma no se realice con fines promocionales o realice menciones a productos y servicios, no configura una infracción.

En San Juan. No están contempladas en la legislación provincial que crea y regula el Registro No Llame.

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4-¿La inscripción tiene caducidad? ¿Se puede deshacer?

En Buenos Aires. Tiene vigencia por dos años a partir de su incorporación al registro y se renueva automáticamente por un período igual, salvo manifestación en contrario del registrado. Los inscriptos en el registro pueden solicitar la baja en cualquier momento llamando al 147.

En San Juan. Rigen las mismas condiciones que en Buenos Aires. Los interesados en darse de baja puedan hacerlo en cualquier momento ante la autoridad de aplicación.

5-¿Los usuarios que no son de la provincia pueden acceder al Registro No LLame de alguna de estas jurisdicciones?

En Buenos Aires. No, la Ley 2014 que regula el registro sólo es aplicable en la jurisdicción del gobierno porteño.

En San Juan. No, la Ley 8052 que reglamenta el registro sólo es aplicable en la jurisdicción de la provincia de San Juan.

6- ¿Cuántos usuarios llevan adherido su número al registro?
En Buenos Aires. Menos del 10% de los porteños confirmó el trámite que había iniciado. Es que mientras 55.229 solicitaron la inscripción, sólo 4487 lo completó yendo al CGCP. Además, existe un total de 186 empresas registradas.

Una asignatura pendiente

En las provincias de Santa Fe y Santa Cruz, la implementación de este registro atraviesa una extensa pausa. Pese a que las legislaciones provinciales contemplaron tiempo atrás su creación, aún resta la reglamentación necesaria para poder ponerlo en marcha en dichas jurisdicciones. En ambos casos, se prevé que la inscripción se realice en forma personal ante la sede que establezca cada gobierno y que el trámite subsista hasta que el usuario no manifieste lo contrario.

¿Existe un registro nacional?

El senador jujeño oficialista Guillermo Jenefes volvió a presentar en mayo de este año un proyecto , que había perdido estado parlamentario en su ingreso anterior, dado que que si bien obtuvo media sanción de la Cámara de Senadores caducó al no ser tratado en Diputados durante 2009. La iniciativa estudia exclusiones para las campañas de bien público, las llamadas de emergencia para garantizar la salud de la población, las campañas electorales o las llamadas vinculadas a una relación comercial previamente establecida, por ejemplo. Incluso contempla la posibilidad de que la persona registrada expresamente diga si en algunos casos sí está interesada en recibir llamados (sobre algún tema en especial).

Fuentes consultadas:
María Lucila "Pimpi" Colombo, subsecretaria de Defensa del Consumidor de la Nación
Defensa y Protección del Consumidor de la Ciudad de Buenos Aires
Susana Andrada, Centro de Educación al Consumidor (CEC)
Sandra González, Asociación de Defensa de los Consumidores y Usuarios
(Adecua)
Con la colaboración de José Bordón y Enrique Merenda

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Fue el primer colono que llegó al lago Nahuel Huapi desde las costas del Atlántico. Donó tierras para que se fundara allí el primer parque nacional, apenas una de las huellas que dejó este hombre solidario que demostró su valentía en muchas aventuras.

"Ese día, santo de Juanita, no comí nada como el anterior y el agua que tomaba era la que estaba impregnada en mi poncho por la lluvia que no cesaba de caer. Después de 14 horas de paso llegamos a unas lagunas color café con leche, llamadas de Gutiérrez y allí hicimos noche; tomamos mate, aunque sin dormir... de que el paseo fue incómodo no me quejo...".

El relato pertenece a una carta que Francisco Pascasio Moreno le escribió a su padre el 5 de diciembre de 1875, durante su primer viaje a la zona de los Siete Lagos.

Aquella travesía se convertiría en una experiencia deslumbrante y dura a la vez.

Naturalista, geógrafo, paleontólogo y educador, Moreno fue, ante todo, un incansable caminante que amplió los horizontes territoriales de la Argentina. Nacido en Buenos Aires, el 31 de mayo de 1852, desde muy pequeño fue descubriendo su pasión por viajar. Escuchaba asombrado los relatos de su padre, Francisco Facundo, sobre una tía abuela aventurera, y en su biblioteca íntima figuraban los libros de las expediciones de Marco Polo, que los que leía con avidez. La hora de vivir sus propias aventuras no tardaría en llegar.

Tenía 23 años cuando realizó el primer viaje hacia el lago Nahuel Huapi. La intención del Gobierno nacional de avanzar hacia la Patagonia lo impulsó a embarcarse en la travesía.

Era el 7 de octubre de 1875, cuando partió desde Bahía Blanca escoltado por dos paisanos, dos indios y diez caballos. Tras varios días de cabalgata, la expedición bordeó el río Limay y atravesó una gran extensión de tierras dominadas por el cacique mapuche Sayhueque, al que los habitantes de la región daban en llamar el Señor de las Manzanas. Una semana de permiso le otorgó el jefe indio para que el perito atravesara el amplio territorio y pudiera visitar la zona cordillerana. Moreno se adentró en un paisaje que lo maravillaba a cada paso. El 22 de enero de 1876 llegó a orillas del Nahuel Huapi y fue el primer colono en enarbolar la bandera argentina en el lugar. Un año más tarde alcanzó la naciente del río Santa Cruz, descubrió el lago Argentino y avistó el glaciar que actualmente lleva su nombre. En 1879 fue designado Jefe de la Comisión Exploradora de los Territorios del Sur, y encaró su misión más difícil: el segundo viaje hacia el Nahuel Huapi.

Peligros y aventuras.

La relación con los habitantes originarios se tornó difícil tras la violenta Conquista del Desierto llevada a cabo por el general Julio Argentino Roca. Debido a ello, el perito debió enfrentar varios peligros en su travesía, como el intento de envenenamiento por parte de las mujeres de una tribu y el secuestro perpetrado por el cacique Sayhueque.

El perito y el cacique se respetaban. El lonko mapuche, en honor a Moreno le había dado el nombre de Francisco a uno de sus hijos. Pero a pesar de ello, el indio no trepidó en hacerlo prisionero, con la intención de canjearlo por gente suya que había caído en manos del coronel Conrado Villegas. Moreno había logrado llegar a orillas del hasta entonces desconocido lago Gutiérrez, para ir a reencontrarse con el imponente paisaje de los Siete Lagos, cuando fue capturado. Durante el cautiverio, varias veces estuvo a punto de ser ejecutado y llegó a sufrir amenazas con facones y lanzas en un simulacro de guerra. Una noche logró burlar la guardia y escapó con parte de su expedición en una balsa que bajó por el río Limay. A punto de morir, por la alta fiebre y la falta de comida, fue rescatado por una partida de soldados en la región del Neuqúen, a mediados de febrero de 1880.

Lejos de guardar rencor, Moreno fue consciente de la injusticia a la que eran sometidos los indios: "Las predisposiciones amistosas de los indios me hacían deducir lo fácil que hubiera sido formar una comisión de indígenas buenos. Se prefirió el argumento del Rémington, y, de ahí, la destrucción de miles de vidas ", escribió en sus memorias.

En 1896 fue designado perito en los diferendos limítrofes con Chile. Era considerado el hombre que mejor conocía el territorio cordillerano. En sus últimos años y a pesar de padecer duros reveses como la muerte de su esposa María Ana Varela, siguió trabajando en forma incansable. Con la venta de tierras fundó en el Sur las Escuelas Patrias, donde se alimentaba y educaba a chicos en estado de extrema pobreza.

Promovió el Patronato de la Infancia y creó las Cantinas Maternales, que servían de apoyo a madres solteras. Tras donar tierras para el primer parque nacional en Río Negro, murió el 22 de noviembre de 1919, en la más absoluta pobreza. En 1944 sus restos fueron trasladados a la isla Centinela, ubicada en el lago al que tanta atención le había prestado; el Nahuel Huapi. Desde ese día, cuando las embarcaciones navegan por sus cercanías, hacen sonar sus silbatos en homenaje al gran peregrino del Sur.

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Al Inglés lo conocí en los asados que se arman los sábados en el aserradero de Charly.

Amigo de Don Ricardo, el padre de Charly, desde jóvenes; antes incluso del comienzo de la historia de amor que ocupa este relato.Oriundo de San Pedro, provincia de Buenos Aires, jubilado bancario, mujeriego y magistral asador, el Inglés acaba de cumplir ochenta y un años, y uno de sus sueños, quizá el más importante, todavía incumplido: una luna de miel en Villa La Angostura con Mercedes, su primera novia y frustrado amor.

Se habían conocido en la casa de los padres de Don Ricardo, en una reunión social de las que se acostumbraban en esos tiempos, cuando una nueva familia se radicaba en el pueblo. Mercedes había llegado acompañando a sus padres junto con dos hermanos menores que ella. Aunque no cruzaron una sola palabra, el Inglés quedó atravesado por la blancura de su piel, la liviandad de sus movimientos, y la pureza de su pronunciación cuando le tocó hablar.Los días posteriores a conocerla, se dedicó a buscarla incansablemente hasta que la encontró en una esquina de la plaza junto al organito de la suerte una tarde de domingo; y, resuelto, la invitó a probar fortuna con el carromato musical. Se apresuró a tomar el cartoncito que la cotorra del organito eligió, y sin amedrentarse hizo que leía lo que para él iba a ser uno de los deseos mas sólidos de toda su vida: "Casate con el Inglés, y serás la mujer mas feliz del mundo".

Poco le importó al Inglés que estuviera acompañada por los dos hermanos, verdaderas pesadillas de las tardes en el cine durante su corto noviazgo.

Tampoco le importó que Mercedes, resuelta y altanera, le quitara el papelito de la mano y leyera: "Jugá a la lotería, que éste es tu año", a lo que él retrucó con un "y bueno ¿ qué te dije?... ¿querés mas lotería que casarte conmigo? " Ese día la acompañó hasta la casa y le pidió permiso para visitarla, petición que repitió ante sus padres cuando se presentó como perito mercantil y futuro empleado bancario, sin todavía haber llenado la solicitud de ingreso.Cumplió su promesa de enamorado e ingresó al Banco Nación a los dos meses, y trabajó en la sucursal del pueblo durante seis meses más. El ímpetu y las ganas que le puso al trabajo le trajeron el ascenso deseado y el principio del hasta ahora ignorado final de su noviazgo con Mercedes.Lo trasladaron a una nueva sucursal en San Cayetano con la consiguiente mejora en el sueldo y en el puesto. Se fue de San Pedro con los dos trajes que tenía, el azul y el gris, el folletín de la Máquina de River, y la foto de Mercedes.

En esta parte del relato, el Inglés me dice: "Fue la única mujer que respeté." Léase esto en relación con el aspecto sexual del vínculo. "Imaginate - continúa - … me llevé la foto…" Y aunque literalmente la frase no dice mucho, la expresión del Inglés sí? dice mucho. Probablemente haya sido la distancia geográfica. Quizá debería haberle prestado atención a las pausas epistolares de Mercedes, lo cierto es que un mal día de octubre le llegó una fría, corta e inesperada esquela en donde ella le anunciaba el final de la relación. Sesenta años tardó en acomodar los pedazos de su corazón. En ese lapso se hizo solterón empedernido y mujeriego. Jugador de casinos y carreras de caballos, capaz de hacerse quinientos kilómetros hasta Buenos Aires por una fija, pero siempre bancario. Me animo a interpretar su vida en el banco como una prueba de la tozudez de su amor por Mercedes.

A San Pedro no volvió nunca más, pero a Mercedes jamás le perdió el rastro. A lo largo de todos estos años, y aunque lo fueron trasladando primero a Bahía Blanca y luego a Buenos Aires, donde se jubiló, siempre se las ingenió para tener noticias del amor que no fue. Supo que ella sí se casó y que tuvo hijos y nietos. Que se mudó a la provincia de Córdoba. Y que un día enviudó. Y con el mismo ímpetu con que esa tarde se acercó a proponerle matrimonio en la plaza de San Pedro, la llamó por teléfono. Y se volvió a enamorar de la pureza de su pronunciación, y se retrotrajo a los días del embelesamiento que le producían la liviandad de sus movimientos y la blancura de su piel. Así durante los últimos ocho años, la fue llamando por teléfono tres veces por semana. Respetando quién sabe qué extraño código, la volvió a incorporar a un espacio emocional de su vida del que nunca se había ido. Tampoco sé bien por qué Mercedes aceptó finalmente verse después de tanto tiempo, lo cierto es que hace menos de un mes acordaron encontrarse en Bariloche para seguir viaje juntos a Villa La Angostura.

Ella salió desde Córdoba y él desde Buenos Aires, con la confitería del hotel de los bancarios como punto de encuentro.Quiso la suerte que fuera ella la que tendría que esperarlo pues su micro llegaba una hora antes. Eligió una mesa contra la ventana. Desayunó y leyó el diario sin inmutarse, es decir sin que se le notara el más mínimo detalle del emotivo y próximo encuentro. Sí, en cambio, se preguntó que habría quedado de la figura de ese muchacho inquieto y verborrágico con el que había noviado en San Pedro sesenta años atrás. El viaje del Inglés fue un poco más tormentoso. Tomó el micro a las cuatro de la tarde en Retiro y eligió un asiento del piso de abajo que daba al frente, cerca del conductor. No pegó un ojo en toda la noche y, para colmo de males, se le ocurrió hacer algún comentario negativo respecto de las cualidades de manejo del chofer, quien sin inmutarse le bajó la cortina del frente, sometiéndolo a transcurrir las quince horas del viaje con la vista fija en una tela color marrón. Aunque lo niegue, temió que su corazón le jugara en contra de la partida que se venía.

Llegó a la terminal de Bariloche a las nueve y cuarto de la mañana. Miró los alrededores un tanto desorientado, cruzó la calle y se paró frente al lago Nahuel Huapi. Llenó sus pulmones de aire por la nariz abriendo los brazos y lo soltó de a poco. Repitió el acto varias veces, sintiéndose una especie de Tarzán, rey de la Patagonia. Por fin decidió encaminarse hacia donde lo esperaba Mercedes. Mientras recorría las cuadras que lo separaban del hotel de los bancarios, recordó una costumbre que tenía cuando era chico y le pedían que hiciera algún mandado: ir pateando la bolsa con cada una de sus piernas, cual si fuera una pelota de fútbol a la que el Charro Moreno dominaba a su merced. Tuvo ganas de desquitar el vicio con el bolso Hermes de tela escocesa que le presté, pero se reprimió. Atravesó el centro cívico y llegó al punto de encuentro.

Mercedes, que estaba leyendo el diario, tardó en percatarse de que sobre el vidrio empañado el Inglés le estaba escribiendo "Soy yo, la lotería". Ella le regaló una sonrisa austera y lo invitó a que ingresara con uno de sus leves movimientos de manos, al que el Inglés obedeció casi hipnotizado.Yo estoy seguro de que el Inglés le dijo que estaba igual y que los años no habían pasado para ella. También estoy seguro que Mercedes no le hizo el más mínimo caso a la galantería.

El tiempo que transcurrió hasta abordar el barquito que los llevaría a Villa La Angostura lo consumieron conversando de tiempos y personas lejanas y tomando café.En el catamarán la tomó de la mano, primero disimuladamente, para señalarle alguna de las bellezas que conforman el paisaje del lugar. Y luego más decididamente mientras conversaban y conversaban y conversaban.La verdad es que yo me acordé del viaje del Inglés durante toda la semana que duró. Y acudí al asado del sábado posterior a su llegada con una incertidumbre increíble.

Lo encontré como todos los sábados: administrando la parrilla. Me acerqué mirando la carne y con una sonrisa reprimida le dije: "Ay Inglés, lo que recé por vos toda esta semana. Para que vuelvas a hacernos los asados y para que no me falle mi potrillo". A lo que me contestó, también sonriendo: "Si algún día precisás ayuda avisame. Digo, por el asado". Y me alcanzó un vaso de vino invitándome a un brindis.

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Año tras año miles de turistas se dan cita en lugares como el cerro Catedral, Chapelco y Cerro Bayo, dispuestos a disfrutar el tradicional deporte del esquí.

Los vio pasar como un haz de luz moviendo los brazos suavemente enfundados en sus trajes sintéticos hasta perderse en la distancia. En su lento recorrido se iba sucediendo el paisaje como una bendición derramada sobre las laderas del cerro Catedral. Penosamente lograba mantener el equilibrio sobre las tablas de esquí, hasta que vio a la mujer que se sostenía de un cartel publicitario con ambas manos. Entonces el hombre sonrío: supo que sólo a los experimentados les estaba reservado el don de volar sobre la nieve. La escena se repite cotidianamente en las laderas nevadas. Unos parecen dominar la montaña, la inmensidad del paisaje, la velocidad.

Otros, con mucha suerte pueden sostenerse en pie algunos metros. Pero la mayoría comparte el sueño renovado de poder subir a la montaña y deslizarse sobre ella, una hazaña que comenzó a hacerse realidad a principios del siglo pasado.

De la mano de los pioneros que arribaron a la región poco después de 1900, procedentes de Europa central, en los cerros que rodean al lago Nahuel Huapi fueron surgiendo nuevos y hoy importantes pilares del mundo del esquí. Al mayordomo de una estancia ubicada en la península Huemul, Ernesto Ricketts, se lo considera el primero en usar "las tablas" (así las llamaban en la época) allá por 1910, según cuenta Schatzi Bachmann en su Historia del Esquí en Bariloche. En 1929, cuando esta ciudad era apenas una aldea, el médico santafesino Juan Javier Neumeyer decidió instalarse en la población y de su equipaje -recién había regresado de Alemania- sorprendieron los esquís.

Un año más tarde llegó, también de Alemania, el gimnasta Otto Meiling, quien al poco tiempo fundó la primera agencia local de turismo. Fue discípulo de Neumeyer en la práctica de este deporte. A ellos se sumó el empresario transportista Reynaldo Knapp. Estos tres hombres concitaron el asombro al ascender al cerro Ñireco, del que bajaron deslizándose por la ladera. Como carecían de pieles de foca, - que evitaban los resbalones en la subida -, recurrieron a sogas que enrollaron en torno a "las tablas". Tras la hazaña concretaron la fundación del Club Andino Bariloche, actualmente guía de deportistas y visitantes. Otro nombre destacado de esos años fue el de Otto Muhlenpfordt, quien construyó un par de esquís en madera de ciprés y los lucía en la isla Victoria.

En 1930 el ebanista Heriberto Tutzauer abrió un taller de carpintería y, con la estrecha colaboración de Meiling, puso en acción la primera fábrica nacional de esquís. Para arquear la punta de "las tablas", que inicialmente medían unos dos metros, se las sumergía todo un día en agua en pleno hervor. Una vez ablandadas, se las curvaba con la presión de poderosos ganchos. Los herrajes estaban a cargo de Don Jung, uno más de los inmigrantes germanos, y los bastones eran de caña de colihue.

Pinta de época.

El atuendo de los esquiadores, que mezclaba estilos y costumbres, visto desde hoy parecía bordear el ridículo. Los anuarios del Club Andino revelan que se daba cierta influencia gauchesca. Componían el equipo botines de cuero duro, medias de lana gruesa, bombachas de campo, chaquetas alpinas y una boina cubriendo la cabeza. Pasaron más de 70 años y ahora se recomienda (y se ha impuesto) el uso de camperas y pantalones impermeables (de nylon), cascos y gorras que prácticamente cubren el rostro entero, antiparras para las nevadas y lentes para el sol con protección para rayos UV. Las botas son enormemente sofisticadas y las fijaciones deben ser reguladas por un profesional. Los esquís son más pequeños, encerados en la base y afilados en los cantos. Todo sugiere que si aquellos pioneros se cruzaran con el look del más modesto de los esquiadores actuales enmudecerían, convencidos de haberse topado con seres de otro planeta.

Los pioneros suponían que las mejores canchas para esquiar eran las del cerro Otto, pero después entendieron que las superaban las del Catedral. Se construyeron refugios en las alturas y las cima y se tendieron medios mecánicos de ascenso. La corriente de turismo de mayor intensidad se registró en 1934. Acababa de habilitarse una línea ferroviaria directa desde Buenos Aires y se había creado el Parque Nacional Nahuel Huapi. En los años 50 se iniciaron los servicios aéreos y Bariloche empezó a ponerse de moda como destino de los viajes de Luna de Miel, lo que trajo aparejada la inauguración de hoteles, restaurantes y galerías comerciales. Hoy no sólo se practica el esquí nórdico, de travesía o de alta montaña, sino también el snowboard, el trekking y la escalada en piedra. De ahí que nuestras pistas sean escenario de relevantes competencias internacionales.

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El tren Expreso Rionegrino une las ciudades de San Carlos de Bariloche e Ingeniero Jacobacci. Cinco pueblos viven de lo que el ferrocarril lleva y trae. Es un pintoresco recorrido desde el lago Nahuel Huapi que va adentrándose en la estepa.

Cuando el reloj de la estación ferroviaria de San Carlos de Bariloche marca las 5 de la tarde, Abelardo Juan, guarda de toda la vida, colgado del estribo da la señal de partida.
El fuerte silbido de la locomotora marca el rito que este hombre, enfundado en su uniforme azul, repite tres veces a la semana. Lentamente el tren comienza a dejar atrás la cordillerana ciudad turística para ir al encuentro de Ingeniero Jacobacci, pueblo de las estepas, enclavado en el corazón de la provincia de Río Negro.

Tres vagones con 212 asientos transportan a hombres y mujeres, alguno de cuyos rostros deja percibir la emoción de una belleza natural que lleva a enmudecer. De a tramos el silencio parece adueñarse del vagón, las miradas absortas en algún punto del paisaje. Son 198 kilómetros de vías bordeadas por una ruta sinuosa de ripio y que es otro de los enlaces entre los pueblos.

El viento patagónico barre unas nubes grises ni bien el tren sale de la estación camino a la primera parada, Nirihuau. La estepa muestra sus coirones -matas de unos sesenta centímetros de alto que abundan en estos parajes-, los pastos bajos y la inmensidad de una belleza ascética. "No sé que haríamos sin este ferrocarril", comienza a decir Daniel Montenegro, quien lleva como destino Pilcaniyeu, uno de los últimos poblados del recorrido. "Hay un micro, es cierto, pero cuesta el doble. Gracias al tren, durante todo el año llegan desde gallinas y hasta huevos hasta los maestros que nos vienen a enseñar", concluye este hombre de rostro esculpido por la inclemencia de los vientos patagónicos.

"Somos pobres... pero a la Patagonia la tenemos en las manos y la mostramos", añade Alejandro Mairé, el otro conductor, que hace 16 años llegó a Bariloche desde Buenos Aires y nunca más se fue. "Trabajar como conductor en este lugar tiene un carácter social muy importante. Estamos a las órdenes de los pobladores. Paramos el tren donde nos lo pidan", dice. La comprobación no tarda en producirse cuando un grupito de chicos sale de una escuela rural y entre el bullicio de gritos y risas sube presuroso a los vagones. Un trecho más adelante el tren se volverá a detener en medio de un paraje desolado. "En este lugar siempre baja un paisano que realiza caminando el trayecto desde las vías hasta ese monte", dice Alejandro, señalando una montaña que, según cuenta misterioso, está habitada por buitres.

Regreso a la vida.

El ferrocarril tuvo en la Argentina una historia de encuentros y desamores. Fue el medio de transporte por excelencia para el traslado de personas y víveres y también la conexión fundamental para los pueblos nacieron de su mano. Históricamente, la línea Sur del Tren Patagónico llegaba hasta Buenos Aires.

Decisiones políticas llevaron a que el tramo estuviese totalmente clausurado durante cinco largos años.
"Pero por suerte volvió para darles vida a estos pueblos", reseña Horacio, un hombre robusto que supo trabajar como mecánico en la estación Jacobacci. El trayecto escarpado fija la velocidad promedio en 50 kilómetros por hora, mientras a su paso se van sucediendo puentes y cañadones. Los obreros de este ferrocarril tuvieron que trabajar a pala, pico y trotyl, y muchos quedaron sepultados, víctimas de la montaña.

Entre Bariloche y Jacobacci existen cinco pueblos: Nirihuau, Perito Moreno, Pilcaniyeu, Comayo yClemente Onelli, que saltó a la fama tras una compaña publicitaria de una empresa telefónica, y que en este otoño registró temperaturas que oscilaron en los 16 grados bajo cero. Pasando la ciudad de Perito Moreno se accede al tramo más alto del trayecto: 1.100 metros de altura sobre el nivel del mar, lugar preciso donde una tropilla de caballos se interpone en las vías mientras el sol parece incendiar el horizonte con sus tonos en naranja rabioso. Suena la sirena, los caballos corren cuesta abajo y el tren reemprende la marcha.

Los animales de la zona, entre los que se encuentran liebres, ñandúes, zorros, guanacos y caranchos, le dan vida y movimiento a la quietud del paisaje yermo. En invierno, esta región llega a tener 60 centímetros de nieve. Son épocas en las cuales las escuelas rurales se ven obligadas a cerrar sus puertas y sólo algún que otro chacarero osado se atreve a sortear el terreno blanco. Llegando a Comayo se divisan las fábricas de ladrillos, principales fuentes de ingreso de la región. Es un pueblo pequeño con no más de mil habitantes y donde todos se conocen. Aquí el tren hace una parada más extensa, lo que da tiempo a bajar y charlar con gente del lugar. Entre ellos, el encargado del correo local, quien se presenta como Daniel, insiste con simpatía: "Por favor, no se olvide de decir que el tren es fundamental para nuestras vidas, es nuestro vínculo con otras ciudades".

Silba la locomotora y continúa el recorrido. Dos largas horas en medio de la vastedad del anochecer patagónico permiten apreciar un cielo cargado de estrellas sobre una planicie que se antoja eterna hasta la llegada a la ciudad de Jacobacci. Al arribar al andén de la estación, un grupo de personas aguarda la entrega de las encomiendas y los despachos: una caja de la hija que estudia en Bariloche, los remedios para la abuela o los papeles de la jubilación. Es el final del viaje. Dentro de dos días el Expreso Rionegrino desandará nuevamente el camino, artravesando la belleza agreste y desolada del sur cordillerano.

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Cuentan los huiliches -gente del Sur- que el volcán estaba habitado por un poderoso pilláñ, el espíritu de un valiente cacique de nombre Lanín, muerto en batalla contra invasores de la región. El pilláñ se había transformado en un firme defensor de los animales y la vegetación de su reino, que terminaba en las orillas de los lagos y en la entrada de los valles.

Un día, guerreros de la tribu del cacique Huanquimil llegaron hasta las cercanías del Lanín persiguiendo huemules, cuya carne usaban para alimentarse y sus cueros para vestirse y fabricar sus viviendas. Sin saber de los peligros que los esperaban, los hombres de Huanquimil se fueron internando tras los evasivos animales, siempre cuesta arriba, escondiéndose entre la vegetación para no asustarlos.

Pero los perros que los acompañaban rompieron el silencio, los huemules escaparon y mucho trabajo costó a los huiliches capturarlos. Finalmente lograron su objetivo y, arrastrando las presas, comenzaron el descenso.

Pero antes de llegar a la base, el pilláñ desató su furia por la muerte de los huemules. La montaña comenzó a temblar, el cielo se oscureció y desde las entrañas del Lanín se desencadenó una gigantesca erupción como jamás se había visto en el lugar. Las cascadas de lava rodaban por las laderas calcinando todo lo que hallaban a su paso, los cazadores desaparecían en las grietas que se abrían en la montaña.

La furia del espíritu del Lanín era incontenible. De nada sirvieron las rogativas del pueblo y sólo la machi, hechicera sagrada, pudo saber cómo calmarlo. Únicamente una ofrenda apaciguaría al pilláñ y ésta debía ser el mayor tesoro de Huanquimil: su hija menor, Huilefun, debía ser llevada hasta la cumbre por el más joven y valiente de los miembros de la tribu, y entregada al volcán.

Destrozados por la tristeza, el cacique y su esposa se vieron obligados a satisfacer el deseo del pilláñ para calmar la ira contra su pueblo. Las jóvenes de la familia arreglaron los cabellos de Huilefun, la vistieron con una túnica blanca y la acompañaron hasta donde la esperaba el guerrero Talka, que debía conducirla hacia el lugar designado y dejarla allí. Talka estaba enamorado de Huilefun pero, al llegar a las cercanías del cráter, donde los vientos desencadenados por el pilláñ soplaban con fuerza irrefrenable, tuvo que cumplir con el destino revelado por la machi, de modo que soltó la mano de su amada y la dejó abandonada a su suerte. Antes de emprender el descenso, Talka quiso contemplarla por última vez.

Al volver su mirada hacia Huilefun, el joven vio cómo un enorme y furioso cóndor la tomaba con sus garras, se elevaba y la arrojaba al fuego que esperaba en el fondo del volcán. Fue entonces cuando, en pleno verano, se desató un frío intenso, una espesa nevada cubrió el cráter y las laderas del Lanín se vieron envueltas en un manto blanco como el vestido de Huilefun. La tormenta de nieve duró tantos días y tantas noches que nadie recuerda cuando terminó. Desde entonces el Lanín reina poderoso, con su cumbre nevada, sobre el calmo paisaje de lagos y bosques de suelo ceniciento, recuerdo del antiguo incendio que nunca más volverá a ocurrir, debido al sacrificio de Huilefun y la resignación de Talka.

El volcán Lanín es la montaña más importante de la provincia del Neuquén, con 3.776 metros de altura. Está extinguido hace muchísimos años y su cumbre permanece cubierta de nieve. Una leyenda transmitida por los habitantes originarios explica el porqué de ese eterno manto blanco.

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Padre del legendario personaje de historieta El Cabo Savino, Casalla se instaló en Bariloche hace cincuenta años. Inteligente y cálido, contó el pasado en sus relatos de manera rigurosa.
El Gran Lago, uno de sus últimos trabajos, fue seleccionado por la Unesco como material de consulta contra la discriminación.

Era un valiente suboficial que recorría la zona de los fortines, desmadejando aventuras montado sobre un caballo flaco y apretando un cigarrillo de chala entre sus labios. Era El Cabo Savino, para muchos argentinos un entrañable personaje protagonista de la historieta no cómica de mayor duración en el país: treinta y tres años estuvo en el papel, siempre de la mano de Carlos "Chingolo" Casalla, su creador. "Por ese entonces estaba de moda un personaje, el Sargento Kirk, creado por el italiano Hugo Pratt - comienza a decir Casalla -. Había que hacer una historia más local, más nuestra. Qué mejor que un cabo medio civil, por qué no un perdedor. Así fue que inventamos un antihéroe, El Cabo Savino".

La historieta, nacida en 1954, intentaba reflejar la época previa a lo que se dio en llamar La Conquista del Desierto; década que fue desde 1860 hasta 1870. Eran tiempos de virtual confrontación entre indios pampas y militares de línea. Savino era un fortinero de aspecto desgreñado, mirada incisiva y escasas palabras, al que le tocó protagonizar reiterados actos de heroísmo en capítulos que tenían algo de trivial y de épico a la vez . En treinta y tres años de servicio no recibió un solo ascenso.

Fue la editorial Columba, quien lo rescató de la cotidianeidad del diario y lo trasladó a las páginas de la revista El Tony.

Tan trascendente resultó la tira que, bajo la dirección del cineasta Juan Carlos Abate , en 1989 fue llevada al celuloide. Se llegó a filmar un episodio que se dio en llamar El Tren, e interpretado por Miguel Ruiz Díaz, Aldo Barbero, Haydée Padilla y el desaparecido Arturo Maly. Diferencias de criterios entre el realizador y el historietista hicieron naufragar el proyecto, que originariamente estaba pensado para ser distribuido en el circuito de videoclubs y que saldría en varios capítulos.

Tiempo perdido.

No era la primera frustración de este hombre nacido en mayo de 1926 en el barrio porteño del Abasto: en su adolescencia Casalla había tenido sueños de clarinetista pero la férrea oposición de su madre lo llevó a optar por la carrera de Bellas Artes. "Me habría gustado ser músico, la música llega más rápido, es más impactante", dice como añorando un tiempo que no pudo ser.

A principios de la década del 50 llegó a San Carlos de Bariloche, pero fue recién en 1969 cuando se instaló definitivamente en esa ciudad buscando un lugar más tranquilo, lejos del vértigo de Buenos Aires. Al principio se ganó la vida trabajando como fotógrafo en el cerro Catedral y como guía de turismo. Con el tiempo, desandaría el camino de la historieta con personajes basados sobre hechos reales o legendarios, instalados en el imaginario colectivo. Tuvo el envidiable privilegio de egresar de la Escuela de Bellas Artes Prilidiano Pueyrredón en tiempos en que Antonio Berni y Lino Spilimbergo solían transitar sus aulas dictando clases.

El Gran Lago.
No sólo El Cabo Savino supo salir de su imaginación, también modeló personajes como El Cosaco, Alamo Jim y Larsen, entre muchos otros. Casalla trabajó en medios del interior del país pero fue el diario porteño La Razón el que logró masificar la historieta del Cabo Savino.

Hoy, a los 78 años, este hombre de mirada cálida habita un sobrio departamento el que además le sirve como taller. Sentado junto a su escritorio no se cansa de contar historias. Se apasiona, gesticula. De tiempo en tiempo suele mirar por encima de sus lentes y preguntar a sus ocasionales interlocutores: "No te aburro, ¿no?". Como si alguien se pudiese cansar de sus relatos llenos de colores y matices... Es evidente que Casalla impregna pasión en todo lo que hace, y fue este mismo sentimiento el que lo llevó a publicar en 1994 el libro El Gran Lago, que cuenta la historia de la región del Nahuel Huapi desde 1620 hasta 1883. La obra fue seleccionada por la Unesco como material a ser utilizado en la lucha contra la discriminación racial. "Me gustó tanto aprender de nuestra historia que decidí hacer una recopilación para que la gente supiera también de nuestro pasado", relata sin prisa. El libro ilustrado fue fielmente documentado. " Por ejemplo, en la página 15 se reproduce el acta del descubrimiento del lago - remarca - . La trajo un empleado del museo y conseguí una copia. No macaneé nada", dice extendiendo sus brazos.

A lo largo de su vida, Carlos Casalla ha ido juntando pedacitos de pasado y los plasmó con su visión particular en personajes de historieta, a los que supo dotar con actitudes de heroísmo, rebeldía y gestos de humanidad. El espíritu de El Cabo Savino, ese suboficial poseedor de un costado noble, suele compartir el alma y el corazón de su creador, aunque nadie lo note

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Es un ritual esencial de los mapuches, que les sirve de orientación y permite a la comunidad revitalizarse año a año en su mundo de creencias. La rogativa comienza al amanecer con la cabalgata del jefe de la comunidad y sus hombres. Tres días dura esta ceremonia ancestral en la que pocos
"blancos" pueden participar.

Después de cientos de años, muchas ceremonias del mundo indígena viven y se reactualizan con una intensidad llamativa. La fuerza de la identidad de los pueblos originarios ha logrado que la cosmovisión milenaria se reinstale entre nosotros con renovadas energías.

Algunos ejemplos nos muestran la presencia de ese universo ceremonial que fortalece a los pueblos indígenas y que los vincula, desde estos valores, con la sociedad "blanca": el Año Nuevo que en Sudamérica se conmemora el 21 de junio, coincidente con el solsticio de invierno y que pone a los indios en contacto profundo con el Padre Sol -el llamado Intiq Raymin de las culturas andinas o el Wiñoy Xipantu de los mapuches-; la ceremonia de la Pacha Mama o Madre Tierra, el 1ª de agosto; muchos rituales vinculados con los actos de pasaje, como la horadación de las orejas en las niñas mapuches el Catán Cahuín o el Warachi Kuy de los kollas, en que se impone a los jóvenes su verdadero nombre en la lengua madre.

Es en este contexto que se enmarca el Nguillatún -rogativa- de los mapuches, una ancestral ceremonia que en Argentina ha encontrado, en los últimos años, un campo más que fértil para su crecimiento y expansión a distintas comunidades.

La gente de la tierra

El origen del pueblo mapuche se remonta a unos dos mil años, al oeste de la Cordillera de los Andes.

Buena parte de ellos comenzaron a migrar en tiempos prehispánicos hacia las llanuras del actual territorio argentino, habitadas entonces por los tehuelches, comunidades de cazadores nómades. Integrados por los picunches al norte, mapuches en el centro y huilliches al sur, fue el gran tronco mapuche (gente de la tierra) el que finalmente prevaleció abarcando a diferentes grupos.

Los conquistadores los denominaron araucanos, tomando el nombre de la región del Arauco que los indígenas ocupaban. Eran pastores y agricultores semisedentarios, cultivadores de maíz y papa, pero al llegar a la Pampa y la Patagonia hicieron suyas muchas prácticas de los tehuelches, incluyendo la incorporación del caballo, que modificó sustancialmente su cultura. Sin embargo, los mapuches terminaron impregnando culturalmente no sólo los territorios de Patagonia sino los de la Pampa central, influenciando y mestizando a las etnias autóctonas -tehuelches y pehuenches- y contribuyendo a la conformación de pueblos más recientes como los ranqueles.

Difundieron sus magníficas artes como la platería, el tejido, la cerámica y también su organización social y su lengua, el mapudungun -el habla de la tierra-. También trajeron consigo las machis (mujeres chamanas), los lonkos o caciques, y los toquis (jefes de guerra). Por supuesto llegaron con su cosmovisión y el complejo mundo ceremonial.

Mapuches del Neuquén.

Lo que hoy es la provincia del Neuquén fue clave para el pueblo mapuche, algo así como un territorio elegido para trasladarse desde Chile hacia la Argentina a través de los innumerables pasos cordilleranos.

Allí se concentró además -junto con importantes cacicazgos como el de Sayhueque, el Señor de las Manzanas- una gran producción artesanal que perdura en nuestros días. Hacia fines de 1999 se me propuso participar en la elaboración de un libro sobre el arte de las comunidades mapuches del Neuquén. La idea era dar una visión diferente de las culturas originarias y sus descendientes actuales a partir de su arte, tanto el del pasado como el de nuestros días. Esta mirada permitiría ahondar en aspectos habitualmente no tratados de las culturas indígenas contemporáneas -al menos en nuestro país-, como sí sucede con las culturas arqueológicas. Esta perspectiva posibilitaría, además, la revalorización de los indígenas, ahondando y difundiendo aspectos de su cultura poco conocidos por nuestra sociedad.

Fue así como llegamos al Neuquén hace cuatro años, para concretar el proyecto. Recorrimos para ello miles de kilómetros, visitamos decenas de comunidades, y pudimos apreciar, como en otros lugares de la Argentina, que los aborígenes no escapaban allí a las generales de la ley: una historia de exterminio y exclusión; temas recurrentes como la lucha por la propiedad de la tierra, la discriminación, las carencias sanitarias, la necesidad de una educación que contemple sus propias características y el respeto por sus tradiciones.

Y si bien observamos la pérdida de elementos clave de su mundo, pudimos ver al mismo tiempo cómo se ponen de pie por medio del trabajo de sus organizaciones; la relación con los hermanos que viven del otro lado de la cordillera; la creciente inserción (desde sus tradiciones) en el mercado laboral. Pero percibimos algo más: la recuperación de la cosmovisión y la espiritualidad, como un elemento central y decisivo en todo este proceso de reactualización comunitaria, expresado, entre otras manifestaciones, en su ceremonia esencial.

El Nguillatún.
En una de las tantas comunidades que visitamos, fui invitado a participar de la Rogativa del año 2000.

En realidad puedo decir que fui honrado, dado que, a diferencia de otras comunidades, en ésta es muy poco habitual la presencia de huincas o blancos. Cerca de doscientas personas de al menos tres comunidades, entre los anfitriones y sus invitados, daban marco a un ritual imponente. El año pasado volví a asistir y pienso -si el permiso se renueva- hacerlo regularmente todos los años que pueda. Me ha sido dado el privilegio de compartir con los hermanos indígenas de ese rincón de la Argentina, la posibilidad de estar en un espacio y un tiempo colectivo, que a su vez está fuera del tiempo y el espacio cotidiano. Es el tiempo y el espacio sustancial, sagrado y único de la ceremonia que da sentido a todos por un año más, que sirve de orientación y revelación y que permite la imprescindible revitalización de la comunidad mediante el contacto con el Gran Padre.

El Nguillatún -llamado también Camaruco o Kamarikún- es la ceremonia por excelencia. Durante tres días con sus noches, los participantes danzan, cantan, se pintan el cuerpo con los colores sagrados celeste y blanco y ruegan a Futa Chao -Gran Padre- o Nguenechén -el Dueño de los Hombres- por los cultivos, los animales y la fertilidad en general. Se realiza una vez al año -siempre en la misma fecha- y el espacio donde se lleva a cabo es abierto, circular y sagrado. En el centro se erige el rewe -poste chamánico- o en su defecto árboles que lo suplantan, haciendo las veces de "axis mundi" -eje del mundo-, la unión del cielo y la tierra que a su vez representa los distintos planos del Universo: la tierra de arriba (wenu-mapu), donde residen los dioses; la tierra de medio arriba (anka-wenu), ubicada entre la tierra de arriba y el suelo, en la cual residen entidades malignas; la tierra (mapu), hogar de los hombres y lugar del bien y del mal; la tierra de abajo (minche-mapu), el subsuelo maléfico o inframundo.

Cerrando el círculo ceremonial, se instalan los distintos grupos familiares que participan en viviendas improvisadas que denominan la ramada, ubicadas también en forma semicircular. La rogativa comienza con la cabalgata del jefe de la comunidad y sus hombres, al amanecer. Junto con ellos galopa el guía de la ceremonia, por lo general un anciano. El lonko realiza luego la oración pidiendo lluvia para los cultivos y fecundidad para los hombres y los animales. Todos se dirigen luego al Sol, con las ofrendas, entre las que se destaca el mudai, la bebida ritual.

Después y durante toda la jornada, hasta el anochecer, se lleva a cabo el choike purrun o danza del ñandú, a cargo de grupos de cinco bailarines hombres. Los danzantes son acompañados por mujeres que -sentadas en semicírculo alrededor del espacio central y de espaldas a la ramada- entonan los cantos de la comunidad, y por el kultrunero o tocador del kultrun, el tambor chamánico.

Así transcurre cada día, con los intervalos de las cabalgatas (awün) alrededor del círculo ceremonial y, hacia el mediodía, el especial momento de la comida, que es un ritual en sí mismo. Al caer el sol y hacia el final de la ceremonia, hombres y mujeres bailan y rezan. Es el momento supremo del amu purrun, la danza de todos. A lo largo de los tres días estos pasos se repiten rigurosamente.

El Nguillatún presenta ligeras variantes según sea la comunidad que lo realice pero, en términos generales, la estructura es la descripta. Es un fuerte ritual comunitario que permitió a los mapuches ofrecer una resistencia cultural en defensa de su identidad, encontrarse con las energías (newén) de la vida y conectarse con el Universo (Elchen) del cual ellos se consideran parte. En ninguna de las dos oportunidades en las que asistí a la ceremonia se me permitió tomar fotos (las que aparecen acompañando a este texto no pertenecen a ella), ni grabar o tomar notas. Sí se me invitó a acompañar a los hermanos indígenas en su viaje espiritual comunitario.

La experiencia me ayudó a que sucediera algo conmigo: mi propio viaje de introspección, algo así como mi ceremonia interior y la reactualización del camino de búsqueda y encuentro con la espiritualidad que muchos de nosotros estamos recorriendo desde hace un tiempo. Me sumergí otra vez en el mundo indígena. No era la primera vez que lo hacía; por el contrario, a lo largo de mi vida como antropólogo he tenido muchas experiencias semejantes, pero ahora sentía que había sucedido algo diferente. Como si hubiera llegado a un punto del camino. Probablemente por la maduración del proceso personal, y por las particularidades de la ceremonia a la que asistía.

Ese algo distinto tenía que ver también con la decisión que llevó a los miembros de una comunidad indígena muy celosa de sus tradiciones a hacer participar a un "blanco" de una ceremonia tan cara a ellos; eso me reafirmó una vez más el proceso de apertura que los indios están viviendo desde hace un tiempo hacia otros sectores de la sociedad.

Un año antes de empezar a viajar sistemáticamente por el proyecto del libro, participé de un congreso, también en el Neuquén; durante varios días, indígenas, académicos y especialistas compartimos temas en común. Como cierre, un líder kolla del Noroeste realizó un ritual a la Pacha Mama e hizo un llamado que nunca olvidé: "Deberíamos hablar un poco menos y hacer más ceremonias". Tal vez la vivencia intensa del Nguillatún me enseñó precisamente esto: la posibilidad de encontrar en las ceremonias, un ámbito común que nos ayude a estar reunidos, sabiendo hallar en la espiritualidad un puente más de acercamiento que nos permita seguir avanzando en el difícil pero imprescindible camino de convergencias entre indígenas y "blancos".

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