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Quienes eligen la ciudad de Córdoba para vivir la Semana Santa, podrán disfrutar de Música Sagrada en las Iglesias de la ciudad capital y de la Feria Internacional de Artesanías en el Complejo Ferial.

La 33ª edición de la Feria Internacional de Artesanías, que tendrá lugar del 1 al 12 de abril de 2015 en el Complejo Ferial Córdoba, dispondrá de un repertorio renovado, variado e innovador a través de aproximadamente mil stands a cargo de más de 600 artesanos de la Argentina y el mundo, más de 200 espacios dedicados al sector urbano y el resto al espacio comercial.

semana santa en Cordoba

1.- La Reserva Natural Formosa sorprende por la belleza de sus contrastes naturales.

La Reserva Natural Formosa sorprende por la belleza de sus contrastes naturales.

La Reserva Natural Formosa es un área de protección ambiental situada en la provincia homónima y fue creada en el año 1968 con el objetivo de resguardar de la sobreexplotación forestal y ganadera un pequeño sector representativo del bioma chaqueño occidental. Comprende 10.000 hectáreas entre las localidades de El Yacaré y La Florencia, limitadas por dos importantes ríos: el Teuquito por el norte

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Para celebrar la cosecha, General Roca ofrece la Fiesta Nacional de la Manzana.

Se desarrolla durante cuatro días e incluye un importante despliegue de espectáculos, concursos y feria de productos zonales.
     
La Fiesta Nacional de la Manzana surgió en la Legislatura de Río Negro a través de la ley 360, sancionada el 9 de octubre de 1964, la que no determinó localización de su asiento.

Posteriormente funcionarios sancionaron un nuevo decreto en el PE Nacional (el Nº 2007 del 23 de marzo de 1966) que salvó el error de omisión del  primero.

En su artículo primero la ley dice que  “la Fiesta Nacional de la Manzana se deberá llevar a cabo durante todos los años en la ciudad de General Roca, provincia de Río Negro, entre la última semana de marzo y la primera de abril”.

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1.- Aluminé un lugar que preserva el espíritu original de pueblo de montaña.

Aluminé un lugar que preserva el espíritu original de pueblo de montaña.

     Si querés encontrarte con un lugar que preserva el espíritu original de pueblo de montaña, solo tenés que visitar Aluminé. Este lugar no ha recibido el desarrollo de diseño urbanístico de otras ciudades en la zona. Ubicada en las orillas del río Aluminé y cercana a  lagos de particular belleza, es un buen punto de partida para recorrer la cabecera norte del Parque Nacional Lanín. El nombre

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 1.- Buceo en la Isla de las Gallinas en San Carlos de Bariloche.

La Isla de las Gallinas en Bariloche, Rio Negro cuenta con un museo subacuático con figuras entalladas en troncos de más de 3 metros de altura. En el lago Nahuel Huapi habitan especies autóctonas como la trucha criolla y la perca y también otras familias de peces introducidos como el salmón o la ...

2.- Un pueblo fantasma en medio de la puna salteña.

El pueblo de la mina azufrera La Casualidad en el extremo occidental de la Provincia de Salta, fue una ciudad pueblo pujante  vivió de la minería y el ferrocarril durante unos treinta años. Su visita es estremecedora ante  la magnificencia de la puna y sus montañas gigantes, los intermina...

 3.- Un proyecto que demuestra como reutilizar y reciclar residuos.

La Casa Ecológica de las Botellas fue construida  por una familia de artesanos domiciliada en Puerto Iguazú, Misiones. La idea principal de la familia de apellido Cruz fue de enseñar a otros a través del ejemplo cómo se pueden reutilizar y reciclar los residuos como material de construcción, y...

 4.- Copahue podría ser nombrado Patrimonio Natural Mundial por la UNESCO.

De características excepcionales, es uno de los paraísos termales del país El Parque Provincial de Copahue, ubicado al noroeste de la provincia de Neuquén, en la Patagonia Argentina, cumple con dos criterios propuestos para la evaluación del Valor Universal Excepcional y poder ser declarado Patrim...

 5.- Shincal del Quimivil, piedras con mucha historia en Catamarca.

Londres es una localidad ubicada al sur de la ciudad y departamento de Belén, en Catamarca. Además de lo llamativo de su nombre, Londres tiene la particularidad de ser la segunda localidad fundada en el territorio nacional (en el año 1558 y después de Santiago del Estero). A cinco kilómetros de all...

 6.- Los 10 artículos de Argentina Live más visitados durante el mes de Enero de 2014.

1.- El campo de hielo Patagónico Sur es la mayor extensión de hielos continentales con acceso terrestre. El campo de hielo Patagónico Sur es una gran extensión de hielos continentales (la tercera más extensa del mundo tras las de la Antártida y Groenlandia; la mayor de todas las de carácter ...

 7.- El campo de hielo Patagónico Sur es la mayor extensión de hielos continentales con acceso terrestre.

El campo de hielo Patagónico Sur es una gran extensión de hielos continentales (la tercera más extensa del mundo tras las de la Antártida y Groenlandia; la mayor de todas las de carácter continental no polar y con acceso terrestre), situada en los Andes patagónicos, en la frontera entre Argentina ...

 8.- Villa Marisol: Playas y cascadas de ocho metros de altura.

Villa turística Marisol   esta ubicadas en el sudeste de la provincia de Buenos Aires, a unos 570 kilómetros de La Ciudad de La Plata, en el sudoeste de la Municipalidad de Coronel Dorrego, a muy poca distancia de donde las aguas del Río Quequén Salado se confunden con las del Mar Argen...

 9.- Bosque energético en Miramar: conocé este místico lugar encantado.

Miramar se  encuentra ubicada al sudeste de la provincia de Buenos Aires y a 450 km de la Ciudad de Buenos Aires. Llegando por la Autovía 2 hasta Mar del Plata, a sólo 45 km al sur, y unida a esta por la Ruta Provincial 11, un camino bordeado de vegetación y mar. Además de su costa, con ampli...

 10.- Las Toninas: playas tranquilas y naturaleza, destino ideal para relajarse.

Las Toninas, es una ciudad balnearia ubicada en  el Partido de la Costa, en la provincia de Buenos Aires, y es un lugar preferido si desea disfrutar del mar, junto a la naturaleza y bellos paisajes con ondulantes médanos que rodean sus costas. Además las  playas son  anchas con un ...

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Una cuestión de fe.

La peregrinación multitudinaria a la Virgen de Itatí, la adoración y las ofrendas a diferentes cultos paganos, como el del Gauchito Gil o el de San La Muerte, atestiguan la profunda espiritualidad y la fuerte devoción religiosa de los correntinos.

"Yo andaba enferma, de lo pior, y le hablo y le digo: 'Si usted no me sana o no ando bien de salud, no va a tener más sirvienta', porque yo soy sirvienta nomás de él, que le limpia y nada más", cuenta Flora Soler, de 78 años, cuando entra un poco en confianza y se atreve a desnudar algo de su poderosa fe. La misma que refleja su mirada cuando se posa sobre las repisas que sostienen los santuarios personales en el comedor de su humilde casa.

Sobre uno de los muebles descansan los santos de la Iglesia Católica; sobre el otro, los que representan diferentes creencias paganas. Allí, entre infinidad de imágenes y estampitas, emerge inconfundible la figura de San La Muerte, una calavera con una guadaña entre sus manos y una túnica negra que le cubre el cuerpo. Asusta un poco. Pero Flora, como muchos correntinos, ha elegido adorar esta imagen como a un santo patrono y desde hace décadas no ha dejado de hacerle peticiones que, según afirma, siempre se le han cumplido. "Yo me acerqué a él porque siempre escuchaba que era milagroso. Yo le rezo porque soy santularia, me gustan los santos", dice Flora.

La de San La Muerte, o Señor de la Muerte, es una de las tantas imágenes, mezcla de lo divino con lo sobrenatural y lo humano, a las que la devoción popular les ha adjudicado poderes de milagro.

En la provincia de Corrientes la religiosidad se vive de una manera intensa. La devoción que el pueblo le tributa a la Virgen de Itatí lleva a que más de tres millones de fieles se acerquen cada año a rendirle culto y a cumplir promesas. El 16 de julio, aniversario de la coronación Pontificia de la Virgen, la ciudad de Itatí se ve desbordada por más de medio millón de fieles que llegan para visitar su templo. Esta profunda demostración de fe católica tiene raíces en la herencia dejada por los padres jesuitas. Paralelamente, la devoción popular rinde culto a más de setenta imágenes de difuntos o de figuras controvertidas como el Gauchito Gil, Santo Antonio María, Pedro Perlaitá, Olegario Álvarez -conocido como el Gaucho Lega- o el mismo Señor de la Muerte.

Devotos.

Hay una larga cola de devotos en el santuario de Gauchito Gil. Cada uno de ellos espera para depositar una vela en la ermita. "Toda esta gente bautiza a sus hijos, toma la primera comunión, se casa por iglesia, por ahí va a misa, y sin embargo tiene la misma fe en el Gaucho Gil que en la Virgen de Itatí o en cualquier otra creencia de la Iglesia Católica", explica el arquitecto Andrés Salas, reconocido investigador de las creencias populares del nordeste. Según Salas, en nuestro país aún perdura el pensamiento mágico que lleva a la gente a creer que en algún momento la salvará un milagro, por más mal que le vayan las cosas.

El sacerdote Julián Zini, a su vez, observa: "Creo que estamos ante un potencial valiosísimo de humanidad, de fe, de fiesta y creatividad que nos compromete a todos". El padre opina que "si la Iglesia no reinterpreta la religiosidad del pueblo latinoamericano, se producirá un vacío que ocuparán las sectas, los mesianismos políticos secularizados, el consumismo que produce hastío o la indiferencia".

La Iglesia no acepta a estos santos paganos como parte del santoral católico aunque, en el caso de Antonio Mamerto Gil Núñez, más conocido como el Gauchito Gil, se ha comenzado a percibir un acercamiento. El último 8 de enero el obispo de Goya, Ricardo Sfaifer, se acercó hasta el santuario popular, gesto que no pasó inadvertido entre los seguidores del Gauchito. En la actualidad miles de personas se suelen dar cita en el santuario, ubicado a la vera de la Ruta 123, a sólo ocho kilómetros de la ciudad de Mercedes. Centenares de velas, flores y miles de placas recordatorias son depositadas en señal de gratitud. Verdad o mito popular, lo cierto es que no existe camino en esta provincia en el que no haya al menos una vivienda que venere su imagen. "El Gauchito me realizó un milagro", asegura Juan Carlos, un sereno de 50 años, "por eso -continúa- cumplí mi promesa y me hice un tatuaje sobre el cuerpo, porque lo quiero llevar conmigo hasta el día en que me muera".

“Era una noche de truenos y lluvia, y detrás de cada relámpago se veía la imagen del santo a la distancia”


Aparición y misterio.

"Yo le pido al Gauchito Gil, porque sé que seguramente Dios le dio un lugar para que pudiera hacer e interceder por todos nosotros", dice Ana Aguirre de Rodríguez, reconocida artesana de la ciudad de Empedrado, que también está de visita en el santuario. La cantidad de fieles que concurren a rendirle culto a este santo pagano ha convertido su santuario en el segundo en importancia en Corrientes, detrás de la veneración a la Virgen de Itatí. En la entrada del santuario del Gauchito hay tacuaras con banderas coloradas que ondean e interrumpen el paisaje de campos yermos, mientras decenas de vendedores ambulantes recorren el lugar buscando sobrevivir con la venta de velas e imágenes del santo.

A unos cuantos kilómetros de distancia de este lugar se encuentra uno de los dos santuarios conocidos dedicados a San La Muerte. Allí, en la punta de las tacuaras penden banderas negras, que también flamean, movidas por un viento calmo. En el interior, un grupo de personas rinde culto y entrega ofrendas. Ofelia López de Pardo, la propietaria del lugar, decidió levantar el santuario el día en que, según sus palabras, San La Muerte o el Señor de la Buena Muerte se le materializó a su hijo, cuando tenía 13 años. "Era una noche de truenos y lluvia, con mucha descarga eléctrica y detrás de cada relámpago se veía la imagen del santo a la distancia", explicó Ofelia. Al día siguiente, ella le pidió a su hijo que le contara lo sucedido, y le preguntó si había sentido miedo. El niño respondió: "No mamá, yo no le tuve miedo a mi santito, al contrario, le decía a la gente que no se asuste porque es muy lindo que se nos aparezca".

Los devotos le suelen pedir trabajo, recuperar cosas perdidas, obtener el amor de alguien, y hasta vengar un desaire o una afrenta. El culto surgió de la mano de los guaraníes, alejados ya de la orientación dogmática de la Compañía de Jesús, a mediados del siglo XVIII. Se extendió por Misiones, Chaco, Corrientes y Formosa, traspasando las fronteras hacia Paraguay. Según refieren sus seguidores, el amuleto que lo representa sólo tiene efectividad si se encuentra bendecido por un sacerdote católico. En las cárceles los presos suelen llevar la imagen tatuada sobre el cuerpo, y los más creyentes llegan a incrustarse una figura debajo de la piel, lo que les conferiría un mayor poder.

"Muchas veces llega gente que se queda afuera, con recelo y un poco de temor", dice Ofelia y explica que a la silueta de la calavera vestida de negro, es más fácil asociarla con cosas malas, como la brujería, pero señala que eso ocurre por falta de información o por ignorancia. "Cuando les contamos la historia cambian de idea, le ponen velitas y se van prometiendo volver".

La provincia de Corrientes arrastra esta religiosidad popular desde sus propios orígenes. Mientras que la fe en la Virgen expresa el valor de lo sagrado y bendecido por la Iglesia, la devoción por los santos paganos insinúa la necesidad de un pueblo creyente que, ante las adversidades de la vida cotidiana, decide buscar respuestas en lo mágico. Detrás de estas creencias no existen diferencias sociales, políticas o culturales; la devoción lo puede encontrar a cualquiera a la vuelta de la esquina. Dicen que sólo es cuestión de fe.

Mediadores de la esperanza.


Por Pedro Luis Barcia (*)
Varias provincias argentinas pueden ostentar los nombres de figuras de paisanos que han sido promovidos a la santidad por el proceso espontáneo de canonización que el pueblo hace de las figuras de sus elegidos: el Gaucho Cubillos, en Mendoza; el Gaucho Bazán Frías, en Tucumán; el Gaucho José Dolores, en Córdoba; el Gaucho Bairoletto, en Santa Fe, el último bandido romántico. Corrientes se ha mostrado generosa en gauchos que han despertado la devoción popular.

De todas, es la tierra más beneficiada. Bastaría mentar algunos nombres para certificarlo: el Gaucho Lega, u Olegario Álvarez; el Gaucho Antonio María, que fue curandero en vida junto a la Laguna Iberá; el Gaucho Francisco López, cuya sangre restañó las heridas de sus mismos verdugos; el Gaucho Miguel Galarza, alias Tusquiña o La Chuña, y tantos más.

Se destaca, sobre todos, no sólo por el grado de motivación popular que ha logrado sino por la extensión de su culto a casi todo el país, el caso del Gaucho Antonio Mamerto Gil Núñez, abreviado en Cruz Gil, o en el guaranizado Curuzú Gil o en el apelativo más cariñoso, por el diminutivo, de Gauchito Gil. Su culto tal vez sea el que de manera más firme ha crecido en los últimos diez años y su extensión se aproxima al de la Difunta Correa. Salió de Corrientes para expandirse por los cuatro rumbos del país. En la Patagonia, en Cuyo, en el NOA, en las pampas, vemos, a la vera de las rutas, las modestas capillitas adornadas con múltiples cintas rojas que el viento hace flamear como señalando que está viva la reverencia por la memoria del gaucho correntino.

La misma humanidad.
El hombre común es naturalmente un homo religiosus, esto es una criatura en la que la dimensión trascendente es real fundamento de su vida. En medio de sus carencias, espera con fe que la voluntad de Dios lo alivie de sus dolores, su miseria, su falta de trabajo. El imaginario popular alimenta esa esperanza con figuras que lo auxilien en sus necesidades, como mediadores frente al poder divino. Es el caso de algunos personajes marginales, aislados o perseguidos por las autoridades con injusticia, que han llevado una vida de privación y han padecido una muerte violenta, siendo jóvenes.

Todos estos elementos ayudan a la proclamación de dichas figuras como intercesores frente a Dios. La espiritualidad popular se encauza en la veneración de estas imágenes vivas que han caminado junto a ellos, y por sus mismas tierras, y se apoyan en ellos porque los sienten inmediatos y hechos de su misma materia humana pero con virtudes relevantes. Y por ellas alzan sus ruegos y peticiones de gracias. Se comentan los beneficios que han otorgado a quienes recurrieron a ellos, se les atribuyen hechos extraordinarios y milagreros, y comienza, gradual e incesante, el proceso de la canonización. Ese proceso es, gracias a los medios de comunicación, cada vez más acelerado, como hemos visto en los casos de Gilda o de Rodrigo. En este último ejemplo, a dos horas de muerto había generado un cartel televisivo en un canal de aire que decía: "Nace un mito".

Pero cabe señalar que lo que se impone con celeridad se disuelve de igual manera, como es propia ley de los medios. En cambio, aquella canonización que se genera en el ámbito rural, tiene un paso lento pero firme, va echando raíces hondas en el alma religiosa popular e instalándose, como han hecho con el Gauchito Gil, en la galería del santoral del pueblo. Estos cultos informales deben ser considerados con respeto porque expresan la profunda necesidad religiosa del hombre y la esperanza de mudar de suerte o situación, en medio de la privación y la miseria, del dolor y de la enfermedad.
(*) Presidente de la Academia Argentina de Letras

Una orden que llegó tarde.
El Gauchito Gil es un personaje histórico, paisano oriundo de Pay Ubre, Mercedes (Corrientes), nacido un 12 de agosto, entre 1840 y 1848. Sus padres fueron Encarnación y José Gil, español radicado en el Plata. El Gaucho Gil, al parecer, trabajó en una estancia y formó pareja con Estrella Díaz Miraflores, viuda y heredera de los campos. Luchó en la Guerra del Paraguay, bajo las órdenes del general Madariaga. En su provincia natal respondía a la facción política del Partido Autonomista o Colorado -por el color del poncho que vestían sus adeptos, en contraposición con el Partido Liberal, o Celeste, que gastaba poncho de ese tono-. Para algunos, de este color emblemático arranca el uso de identificar el culto de Gil y de sus sitios de homenaje con cintas o trapos rojos. Para otros, en cambio, el color sangre recuerda la de la víctima inocente, el pobre Cruz Gil, y que derramó un sargento cruel.


Era un paisano aquerenciado y trabajador cuando fue llevado por el coronel Juan de la Cruz Salazar, jefe departamental, para integrar las huestes autonomistas en las luchas intestinas de la provincia. Gil tuvo un sueño en el que oyó una voz que le decía que no debía derramar sangre de hermanos. De acuerdo con el mandato, desertó de las tropas y se convirtió en un gaucho alzado contra la autoridad que lo buscaba para ajusticiarlo, según la orden del caso para los desertores


Dada su índole bondadosa, ayudaba a la gente humilde y, se dice, que como un Robin Hood de Che Retá, robaba a los ricos para ayudar a los pobres. Esto le valió el afecto de los desposeídos, quienes le daban refugio y ayuda en medio de su permanente escapada. Un día lo prendieron. Al saberlo, Salazar mandó la orden de liberación, pero ésta no llegó al sargento de la partida que lo colgó, boca abajo, de un árbol, y lo degolló. Antes de morir, Gil le dijo a su victimario: "Cuando llegués a Mercedes te vas a enterar de la orden que me indulta y que tu hijo está moribundo por una grave enfermedad. Invocá mi nombre a Dios y se sanará". Así lo hizo el sargento y el chico se curó al instante. Éste fue el primer milagro atribuido al Gaucho Gil. El sargento regresó al lugar del ajusticiamiento, dio sepultura al cuerpo y fabricó una cruz de ñandubay para indicar el lugar, junto al árbol. Allí arrancó la leyenda del poder curativo del Gauchito Gil, que, según los decires del pueblo, se fue convalidando con crecientes gracias concedidas y beneficios otorgados, por su intercesión en la invocación a Dios. Su fama milagrera fue creciendo, y sigue expandiéndose. La ejecución del Gaucho ocurrió el 8 de enero de 1874.

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El reino de la pasión.

La capital correntina se pone en movimiento durante la fiesta del Rey Momo, cuando miles de comparseros bailan en trajes de plumas, brillos y lentejuelas. Los preparativos duran todo el año, con inagotables horas de trabajo y fuertes rivalidades entre las principales comparsas, Ará Berá y Sapucay.

Cuando las luces del corsódromo Nolo Alías se enciendan y la voz del locutor anuncie por los altoparlantes el ingreso de la comparsa Ará Berá, Valeria Inés Morilla olvidará todos los temores y, enfundada en su traje de luces, saldrá a la pista poniendo toda la pasión que una comparsera puede llevar en la sangre. Avanzará llena de orgullo, como si formara parte de una legión victoriosa y, junto con ella, los cuatrocientos integrantes de la comparsa del rayo (símbolo que los identifica) se convertirán en una marea multicolor que inundará la pista.

Las mujeres, vistiendo minúsculos trajes de plumas, strass, piedras y lentejuelas, desplegarán su histrionismo con sensuales movimientos de caderas, piernas y manos, y los hombres, algunos blandiendo instrumentos musicales, ejecutarán sus compases al ritmo del samba, despertando entre el público gritos de alegría y admiración. La edición del carnaval correntino habrá dado inicio y Momo, Hijo de la Noche, Rey de la Locura y de la Burla, respirará satisfecho.


Centenares de niños, jóvenes y adultos se preparan durante gran parte del año para el momento en que se den cita en el corsódromo ubicado en las afueras de la ciudad capital. Cada fin de semana de febrero, como si se tratase de un ritual inexorable, pasarán a ser integrantes de las comparsas. Dos comparsas ganan, en la actualidad, la atención de la gente: Ará Berá, cuyo significado en lengua guaraní es Luz del Cielo, y Sapucay -representada con el símbolo del gallo- que nació como un desprendimiento de la tradicional Copacabana.

El enfrentamiento de las principales comparsas es un clásico en la vida correntina -algo así como un Boca-River-, que supo generar enemistades y enojos perdurables. A tal punto que dicen que nadie puede ser neutral. Estos sentimientos alcanzan su clímax en el carnaval, cuando cada noche, frente a más de 40 mil espectadores que llegan de todo el país, las pasiones se despliegan en una mezcla de brillo, color y alegría. Es que el carnaval correntino tiene payé.

Romper lanzas.


"Nooo", gritan al unísono Belén Jantus, Marcela Fernández Picchio y su madre Elisa, las tres integrantes de la comparsa Sapucay, entre nerviosas y divertidas. "Te vamos a matar", le dicen al hombre que las acaba de confundir como miembros de la rival, Ará Berá. Años atrás, familias enteras llegaron a dividirse por el mero hecho de que alguien elegía una comparsa que no era la propia; amigos de toda la vida rompieron lanzas y hasta sociedades fructíferas se vieron arruinadas por el ardor. Hoy en día los jóvenes se han hecho cargo de una rivalidad menos enconada. Según cuenta Valeria Morilla, los chicos y las muchachas de comparsas rivales se suelen reunir "para practicar los pasos de baile, aunque al día siguiente en el corsódromo nos saquemos los ojos", haciendo lo imposible para ganarse la simpatía del público y el voto decisivo del jurado.

Oscar Portela, reconocido poeta y periodista correntino, afirma que el carnaval "revive las disputas históricas que dividieron a la provincia durante décadas. El precarnaval anticipa las intensidades de un duelo, en el cual las identidades sociales, políticas, ideológicas, sucumben y se intercambian". Muchos de los participantes y fanáticos adhieren a una u otra comparsa por una cuestión de herencia familiar. Es común que un padre o una madre influyan en el momento de la elección. Si la tradición se rompe sucede lo que ocurrió con Valeria Morilla que, cuando le dijo a su mamá hincha perdida de Sapucay, "yo bailo en Ará Berá, le guste a quien le guste", se tuvo que mudar a casa de su abuela paterna.

Diferente fue el caso de Elisa Picchio, quien se hizo hincha de Copacabana porque ésta ensayaba en la esquina de su casa, pero un padre celoso se lo impidió. "Mirá que le lloraba, le imploraba, incluso vinieron directivos para que fuese reina, pero nunca accedió". La frustración la llevó a que años más tarde, casi de prepo, metiera a sus hijas en Sapucay. Hoy Marcela, su hija menor, de un hermoso rostro y un cuerpo envidiable, lleva con orgullo el título de solista de comparsa.

Jantus es presidenta de Sapucay. Su belleza, templada por el paso de los años, delata a una antigua reina de carnaval. Tanto ella como sus tres hijos son parte de la comparsa, y su casa, en los albores de la festividad, se ve invadida por legiones de sus integrantes. La comparsa del gallo, a diferencia de Ará Berá, es de un origen económico más acomodado y eso se percibe rápidamente en la vestimenta, en los cuerpos cuidados y en los rostros distinguidos de las mujeres que la integran.
Stella Maris Folguerá es una mujer robusta, de ojos celestes y carácter decidido. Durante diez años esta contadora pública se dedicó, como coordinadora, a preparar la escenografía y escribir los libretos de Ara Berá. Según su relato, la comparsa tuvo origen en 1961 a instancias de un grupo de adolescentes que se negaban a entrar a los bailes de carnaval del Jockey Club vestidos de traje y corbata. Varios de esos integrantes, uno o dos años antes habían asistido al carnaval de Paso de los Libres, que en esa época era la única localidad correntina que tenía un corso al estilo brasileño y que hacía hincapié en el baile grupal. Esa situación, más el agregado de que a las chicas, por aquella época, las dejaban salir hasta tarde siempre y cuando estuviese asegurado el grupo de pertenencia hasta el final de la noche (lo que en teoría impedía que las jóvenes quedaran a merced de los novios de turno), llevó a conformar el primer grupo carnavalero.

Los origenes.


Considerada la Capital Nacional del Carnaval, Corrientes posee una larga trayectoria organizando este tipo de espectáculos. La historia de la fiesta del Momo correntino se remonta a principios del siglo pasado, cuando familias adineradas de lo que entonces era el centro capitalino se reunían dispuestas a celebrar la festividad entre lluvias de flores, papel picado y serpentinas que se arrojaban unas a otras. El desfile solía tener como epicentro la Plaza de Mayo, el Parque Mitre y las calles San Juan, Junín y 9 de Julio, sin olvidar la rambla. Verdaderas multitudes se acercaban al desfile de comparsas dejando atrás sus casas abiertas e iluminadas.

Se solía elegir una reina de carnaval, que iba enfundada en traje de fantasía, y una reina de belleza que marchaba sobre un automóvil adornado para la ocasión. Al finalizar la fiesta el regreso a casa se realizaba a una velocidad inusual: es que el término del desfile daba paso a la ceremonia del agua, y todo lo que se moviera o diera signos de vida recibiría una lluvia de globos inflados con el líquido. Pero los festejos no sólo se remitían a escenarios abiertos; los clubes, los teatros y ciertas casas de familia llevaban a cabo bailes de máscaras. Hacia 1950 se sumaron a los corsos del centro las comparsas de los barrios más populares.

La primera comparsa de la que se tenga registro en Corrientes capital data de 1959 y estaba integrada por un grupo de señoritas con vestidos hawaianos que hicieron su presentación en el teatro Vera. Dos años más tarde irrumpirían en escena Ará Berá y Copacabana, agrupaciones que iban a dar origen a una exacerbada rivalidad que se extendería en el tiempo, hasta que la última entrara en franca decadencia, sin llegar a desaparecer pero cediéndole la rivalidad con la comparsa del rayo a su hija dilecta, Sapucay. La década del 70 fue la de mayor esplendor y las invitaciones para mostrar los espectáculos solían llegar desde todo el país.

Lazos invisibles.

El carnaval, sin que nadie lo establezca, va tejiendo lazos invisibles entre los integrantes de las comparsas. La larga convivencia de los grupos durante los extenuantes ensayos crea códigos que se respetan. Folguerá asegura que entre ellos no hay distingos de origen social, y es así como muy frecuentemente se puede ver en una misma carroza o en una misma formación de baile a una mucama junto a una profesional o a un empresario al lado de un obrero. Según cuenta su presidenta, en Sapucay "hay gente de bajos recursos que ahorra todo el año para comprase su traje, sus lentejuelas, sus piedras, sus plumas. Cada chico y chica borda su propia ropa", y no es para menos teniendo en cuenta que hay trajes que llegan a costar 8 mil pesos. Valeria Morillo advierte que "hay gente que tiene mucho dinero o un nombre, y vos decís "éste no le va a dar bola a nadie" y sin embargo es uno más del montón, que cuando tiene que ayudar, ayuda".

Para los integrantes de las comparsas la familia, los novios y novias y los amigos pasan a ser un soporte a la hora de trabajar en la confección de la ropa o simplemente prestando apoyo espiritual. Las madres y abuelas, sentadas a altas horas de la noche cosiendo lentejuelas, ya son parte de la vida correntina. Pero, a contramano de lo que se supone, son los hombres los que más asiduamente se dedican a la confección de los trajes de carnaval. "Hay mucho varón que junta mucha plata bordando para las chicas. El bordado de lentejuelas no se considera trabajo femenino", asegura Folguerá para asombro de muchos.
Sapucay tiene la particularidad de contar entre sus integrantes con los Sapuquines, una versión infantil de las comparsas mayores, compuesta por chicos ciegos y con síndrome de Down, que desfilan sobre un carro acondicionado para ellos.

Corrientes espera.


Durante diez años el carnaval correntino se vio interrumpido y fue recién en 1994, a instancias de los jóvenes, que se armó un grupo de trabajo para rescatar a la festividad del olvido. Un año más tarde, cuando Ará Berá decidió regresar a las pistas, Stella Maris Folguerá se paró en la puerta, ante una arcada de luces: "Mi estandartero estaba ahí paradito, cuando el locutor del corso dice que va a hacer su ingreso la comparsa del rayo, y entra el estandartero; me di vuelta a mirar el túnel y estaba todo el público de pie saludando. Hasta el día de hoy cuando me acuerdo de esa escena me emociono.

La gente lloraba". Para ella, el carnaval "es una pasión, algo que nos gusta, un vehículo de expresión que la ciudad no te brinda. La gente que quiere escribir, tocar un instrumento, bailar, ponerse ropa colorida, diseñar, trabajar con toda esa catarata estética, encuentra en la comparsa su lugar para expresarse".

Cada comparsa está conformada por entre trescientos y quinientos integrantes, y la inversión en los trajes artesanales y las carrozas ronda la cifra de dos y medio a tres millones de pesos. El corsódromo Nolo Alías, que antiguamente era el Hipódromo General San Martín, tiene una extensión de 26 hectáreas y una capacidad para 70 mil espectadores. Más de tres mil personas suelen desfilar los fines de semana. Ará Berá es la comparsa más victoriosa: ganó veintiuna de las veintinueve ediciones en las que participó.

Cuando en diciembre las comparsas y las escuelas de samba comiencen a transitar el tramo final de los ensayos a la espera del momento en que se vuelvan a encender las luces del corsódromo, las mujeres con sus tocados de plumas, sus coleros, sus mallas repletas de strass, piedras y lentejuelas, y los hombres con sus trajes de luminarias, comenzarán a exorcizar esa ansiedad que sólo finaliza en el momento de traspasar la manga rumbo a la pista. El carnaval de Corrientes estará otra vez vivo, con esa mezcla de alegría, color y desenfado. Porque como bien dice Francisco Benítez: "Uno lleva los tambores desde la panza, y es que el carnaval desde siempre va muy dentro de nosotros".

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El Ministerio de Desarrollo Social de la Nación invita a reflexionar sobre el Día del respeto a la Diversidad Cultural a celebrarse el 12 de octubre. Se trata de una convocatoria hacia la recuperación de la memoria silenciada en nuestro país, para sentirnos parte de una sociedad más justa, más democrática y cimentada en el irrestricto respeto a los Derechos Humanos.

El 12 de octubre se conmemora en todos los países hispanoamericanos el momento histórico en que Europa occidental arribó por primera vez al continente americano. Desde el año 1917, por Decreto del entonces Presidente de la Nación, Hipólito Yrigoyen, se recordó esta fecha bajo el nombre “Día de la Raza”.

dia de la diversidad cultural

En el año 2007 el Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (INADI) presentó un proyecto por el cual se proponía cambiar la denominación de esa fecha por “Día de la Diversidad Cultural Americana”. La iniciativa se concretó por medio del Decreto N° 1584/10 emitido por la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner.

Este cambio se cimentó en el entendimiento de que la división de la humanidad en “razas” carece absolutamente de validez, y que además, esa categoría constituye hoy una concepción político-social errónea y peyorativa; por lo tanto, su utilización sólo favorece reivindicaciones racistas.

La decisión política tomada por el Ejecutivo Nacional, generó un hecho de reparación histórica para nuestros pueblos originarios, modificando no sólo su denominación, sino también su valor simbólico. En este sentido, la Constitución Nacional Argentina consagra el derecho a la igualdad, reconoce la preexistencia étnica y cultural de los pueblos indígenas argentinos, garantizando el respeto a su identidad y el derecho a una educación bilingüe e intercultural.

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A su vez, el Plan Nacional Contra la Discriminación estableció, entre sus prerrogativas, que el 12 de octubre sea un “día de reflexión histórica y diálogo intercultural”. Esto implica dejar atrás la conmemoración de “la conquista” de América y el proceso que sólo valoró la cultura europea, para dar paso al análisis y a la valoración de la inmensa variedad de culturas que los pueblos indígenas y afrodescendientes han aportado y aportan a la construcción de nuestra identidad.

La cartera que conduce Alicia Kirchner, a través del Instituto Nacional de Asuntos Indígenas (INAI), busca asegurar el ejercicio de la plena ciudadanía a los integrantes de los pueblos indígenas de nuestro país, garantizando el cumplimiento de los derechos consagrados en la Constitución Nacional.

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Es un ritual esencial de los mapuches, que les sirve de orientación y permite a la comunidad revitalizarse año a año en su mundo de creencias. La rogativa comienza al amanecer con la cabalgata del jefe de la comunidad y sus hombres. Tres días dura esta ceremonia ancestral en la que pocos
"blancos" pueden participar.

Después de cientos de años, muchas ceremonias del mundo indígena viven y se reactualizan con una intensidad llamativa. La fuerza de la identidad de los pueblos originarios ha logrado que la cosmovisión milenaria se reinstale entre nosotros con renovadas energías.

Algunos ejemplos nos muestran la presencia de ese universo ceremonial que fortalece a los pueblos indígenas y que los vincula, desde estos valores, con la sociedad "blanca": el Año Nuevo que en Sudamérica se conmemora el 21 de junio, coincidente con el solsticio de invierno y que pone a los indios en contacto profundo con el Padre Sol -el llamado Intiq Raymin de las culturas andinas o el Wiñoy Xipantu de los mapuches-; la ceremonia de la Pacha Mama o Madre Tierra, el 1ª de agosto; muchos rituales vinculados con los actos de pasaje, como la horadación de las orejas en las niñas mapuches el Catán Cahuín o el Warachi Kuy de los kollas, en que se impone a los jóvenes su verdadero nombre en la lengua madre.

Es en este contexto que se enmarca el Nguillatún -rogativa- de los mapuches, una ancestral ceremonia que en Argentina ha encontrado, en los últimos años, un campo más que fértil para su crecimiento y expansión a distintas comunidades.

La gente de la tierra

El origen del pueblo mapuche se remonta a unos dos mil años, al oeste de la Cordillera de los Andes.

Buena parte de ellos comenzaron a migrar en tiempos prehispánicos hacia las llanuras del actual territorio argentino, habitadas entonces por los tehuelches, comunidades de cazadores nómades. Integrados por los picunches al norte, mapuches en el centro y huilliches al sur, fue el gran tronco mapuche (gente de la tierra) el que finalmente prevaleció abarcando a diferentes grupos.

Los conquistadores los denominaron araucanos, tomando el nombre de la región del Arauco que los indígenas ocupaban. Eran pastores y agricultores semisedentarios, cultivadores de maíz y papa, pero al llegar a la Pampa y la Patagonia hicieron suyas muchas prácticas de los tehuelches, incluyendo la incorporación del caballo, que modificó sustancialmente su cultura. Sin embargo, los mapuches terminaron impregnando culturalmente no sólo los territorios de Patagonia sino los de la Pampa central, influenciando y mestizando a las etnias autóctonas -tehuelches y pehuenches- y contribuyendo a la conformación de pueblos más recientes como los ranqueles.

Difundieron sus magníficas artes como la platería, el tejido, la cerámica y también su organización social y su lengua, el mapudungun -el habla de la tierra-. También trajeron consigo las machis (mujeres chamanas), los lonkos o caciques, y los toquis (jefes de guerra). Por supuesto llegaron con su cosmovisión y el complejo mundo ceremonial.

Mapuches del Neuquén.

Lo que hoy es la provincia del Neuquén fue clave para el pueblo mapuche, algo así como un territorio elegido para trasladarse desde Chile hacia la Argentina a través de los innumerables pasos cordilleranos.

Allí se concentró además -junto con importantes cacicazgos como el de Sayhueque, el Señor de las Manzanas- una gran producción artesanal que perdura en nuestros días. Hacia fines de 1999 se me propuso participar en la elaboración de un libro sobre el arte de las comunidades mapuches del Neuquén. La idea era dar una visión diferente de las culturas originarias y sus descendientes actuales a partir de su arte, tanto el del pasado como el de nuestros días. Esta mirada permitiría ahondar en aspectos habitualmente no tratados de las culturas indígenas contemporáneas -al menos en nuestro país-, como sí sucede con las culturas arqueológicas. Esta perspectiva posibilitaría, además, la revalorización de los indígenas, ahondando y difundiendo aspectos de su cultura poco conocidos por nuestra sociedad.

Fue así como llegamos al Neuquén hace cuatro años, para concretar el proyecto. Recorrimos para ello miles de kilómetros, visitamos decenas de comunidades, y pudimos apreciar, como en otros lugares de la Argentina, que los aborígenes no escapaban allí a las generales de la ley: una historia de exterminio y exclusión; temas recurrentes como la lucha por la propiedad de la tierra, la discriminación, las carencias sanitarias, la necesidad de una educación que contemple sus propias características y el respeto por sus tradiciones.

Y si bien observamos la pérdida de elementos clave de su mundo, pudimos ver al mismo tiempo cómo se ponen de pie por medio del trabajo de sus organizaciones; la relación con los hermanos que viven del otro lado de la cordillera; la creciente inserción (desde sus tradiciones) en el mercado laboral. Pero percibimos algo más: la recuperación de la cosmovisión y la espiritualidad, como un elemento central y decisivo en todo este proceso de reactualización comunitaria, expresado, entre otras manifestaciones, en su ceremonia esencial.

El Nguillatún.
En una de las tantas comunidades que visitamos, fui invitado a participar de la Rogativa del año 2000.

En realidad puedo decir que fui honrado, dado que, a diferencia de otras comunidades, en ésta es muy poco habitual la presencia de huincas o blancos. Cerca de doscientas personas de al menos tres comunidades, entre los anfitriones y sus invitados, daban marco a un ritual imponente. El año pasado volví a asistir y pienso -si el permiso se renueva- hacerlo regularmente todos los años que pueda. Me ha sido dado el privilegio de compartir con los hermanos indígenas de ese rincón de la Argentina, la posibilidad de estar en un espacio y un tiempo colectivo, que a su vez está fuera del tiempo y el espacio cotidiano. Es el tiempo y el espacio sustancial, sagrado y único de la ceremonia que da sentido a todos por un año más, que sirve de orientación y revelación y que permite la imprescindible revitalización de la comunidad mediante el contacto con el Gran Padre.

El Nguillatún -llamado también Camaruco o Kamarikún- es la ceremonia por excelencia. Durante tres días con sus noches, los participantes danzan, cantan, se pintan el cuerpo con los colores sagrados celeste y blanco y ruegan a Futa Chao -Gran Padre- o Nguenechén -el Dueño de los Hombres- por los cultivos, los animales y la fertilidad en general. Se realiza una vez al año -siempre en la misma fecha- y el espacio donde se lleva a cabo es abierto, circular y sagrado. En el centro se erige el rewe -poste chamánico- o en su defecto árboles que lo suplantan, haciendo las veces de "axis mundi" -eje del mundo-, la unión del cielo y la tierra que a su vez representa los distintos planos del Universo: la tierra de arriba (wenu-mapu), donde residen los dioses; la tierra de medio arriba (anka-wenu), ubicada entre la tierra de arriba y el suelo, en la cual residen entidades malignas; la tierra (mapu), hogar de los hombres y lugar del bien y del mal; la tierra de abajo (minche-mapu), el subsuelo maléfico o inframundo.

Cerrando el círculo ceremonial, se instalan los distintos grupos familiares que participan en viviendas improvisadas que denominan la ramada, ubicadas también en forma semicircular. La rogativa comienza con la cabalgata del jefe de la comunidad y sus hombres, al amanecer. Junto con ellos galopa el guía de la ceremonia, por lo general un anciano. El lonko realiza luego la oración pidiendo lluvia para los cultivos y fecundidad para los hombres y los animales. Todos se dirigen luego al Sol, con las ofrendas, entre las que se destaca el mudai, la bebida ritual.

Después y durante toda la jornada, hasta el anochecer, se lleva a cabo el choike purrun o danza del ñandú, a cargo de grupos de cinco bailarines hombres. Los danzantes son acompañados por mujeres que -sentadas en semicírculo alrededor del espacio central y de espaldas a la ramada- entonan los cantos de la comunidad, y por el kultrunero o tocador del kultrun, el tambor chamánico.

Así transcurre cada día, con los intervalos de las cabalgatas (awün) alrededor del círculo ceremonial y, hacia el mediodía, el especial momento de la comida, que es un ritual en sí mismo. Al caer el sol y hacia el final de la ceremonia, hombres y mujeres bailan y rezan. Es el momento supremo del amu purrun, la danza de todos. A lo largo de los tres días estos pasos se repiten rigurosamente.

El Nguillatún presenta ligeras variantes según sea la comunidad que lo realice pero, en términos generales, la estructura es la descripta. Es un fuerte ritual comunitario que permitió a los mapuches ofrecer una resistencia cultural en defensa de su identidad, encontrarse con las energías (newén) de la vida y conectarse con el Universo (Elchen) del cual ellos se consideran parte. En ninguna de las dos oportunidades en las que asistí a la ceremonia se me permitió tomar fotos (las que aparecen acompañando a este texto no pertenecen a ella), ni grabar o tomar notas. Sí se me invitó a acompañar a los hermanos indígenas en su viaje espiritual comunitario.

La experiencia me ayudó a que sucediera algo conmigo: mi propio viaje de introspección, algo así como mi ceremonia interior y la reactualización del camino de búsqueda y encuentro con la espiritualidad que muchos de nosotros estamos recorriendo desde hace un tiempo. Me sumergí otra vez en el mundo indígena. No era la primera vez que lo hacía; por el contrario, a lo largo de mi vida como antropólogo he tenido muchas experiencias semejantes, pero ahora sentía que había sucedido algo diferente. Como si hubiera llegado a un punto del camino. Probablemente por la maduración del proceso personal, y por las particularidades de la ceremonia a la que asistía.

Ese algo distinto tenía que ver también con la decisión que llevó a los miembros de una comunidad indígena muy celosa de sus tradiciones a hacer participar a un "blanco" de una ceremonia tan cara a ellos; eso me reafirmó una vez más el proceso de apertura que los indios están viviendo desde hace un tiempo hacia otros sectores de la sociedad.

Un año antes de empezar a viajar sistemáticamente por el proyecto del libro, participé de un congreso, también en el Neuquén; durante varios días, indígenas, académicos y especialistas compartimos temas en común. Como cierre, un líder kolla del Noroeste realizó un ritual a la Pacha Mama e hizo un llamado que nunca olvidé: "Deberíamos hablar un poco menos y hacer más ceremonias". Tal vez la vivencia intensa del Nguillatún me enseñó precisamente esto: la posibilidad de encontrar en las ceremonias, un ámbito común que nos ayude a estar reunidos, sabiendo hallar en la espiritualidad un puente más de acercamiento que nos permita seguir avanzando en el difícil pero imprescindible camino de convergencias entre indígenas y "blancos".

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Más de 4 mil peregrinos a caballo, provenientes del interior y de países vecinos, rinden tributo anualmente a la Virgen de Luján. Los participantes visten ropas típicas y gauchescas y mantienen viva una tradición que se inició sesenta años atrás.

Una larga hilera de hombres, mujeres y niños a caballo, ataviados con atuendos típicos y gauchescos, se congrega cada año frente a la Basílica de Luján para confirmar su devoción religiosa y mantener el rito de pasear las tradiciones de sus pueblos. Es una ceremonia marcada por la emoción y la esperanza. 


La denominada "Peregrinación a Caballo al Santuario de Nuestra Señora de Luján" se realiza desde 1945 y en la actualidad participan más de cuatro mil jinetes,


pertenecientes a clubes y círculos criollos de todo el país y de otras naciones, como Uruguay y México. El grupo más importante de peregrinos sale del Círculo El Rodeo, ubicado en Moreno. Son ellos quienes trasladan, tirada por bueyes, la réplica de la carretilla que llevaba la imagen de la Virgen cuando llegó a Luján, allá por el año 1630. 

La procesión se realiza cada último fin de semana de setiembre, en una cabalgata que se hace en silencio y muy despacio, para no sobrepasar a la carreta y los bueyes. Participan hombres y mujeres de todas las edades y es muy común ver familias enteras. Algunos rezan, piden por la salud de familiares y muchos se emocionan a la vera del camino.


El domingo temprano los peregrinos, provenientes de distintas partes del país, se reúnen en la avenida frente a la Basílica. Llegan desde Mercedes, Chivilcoy, Necochea y de provincias lejanas, como Santiago del Estero. Luego se celebra una misa y se inicia el desfile con la presencia de los 130 abanderados de las instituciones criollas que participan del festejo. Cada institución presenta a varios miembros, quienes con sus ropas de paisanos van circulando por la avenida. Gran cantidad de turistas y vecinos de otras ciudades también ya se han acercado para presenciar el desfile tradicional, que se lleva a cabo entre las 11 y las 16. Los peregrinos y otras personas que llegaron al lugar, terminan la jornada bailando el pericón.

Para conocer lo que sienten los peregrinos en esta travesía, nada mejor que la experiencia contada por uno de los pioneros. Nicolás Merello tiene 83 años y, según afirma es el único protagonista vivo de la primer peregrinación. Desde entonces nunca dejó de participar junto con su esposa Elda.

Nicolás vive en Caseros, lugar por donde solía andar al galope con su inseparable amigo Orlando Binaghi, cuando se inició esta historia. Todo comenzó cuando Binaghi le propuso ir hasta San Antonio de Areco, en una travesía a caballo. Programaron el viaje pero una fuerte tormenta impidió la partida.
 Mientras esperaban que el tiempo mejorara, fueron hasta el taller del Vasco Velaz a practicar en el fondo el juego de la sortija (el que consiste en pasar debajo de arco con el caballo a gran galope, para tomar la sortija colgada), cuando el anfitrión les dijo que era mejor ir a Luján, un pueblo más cercano donde se iba a realizar una procesión por el Día de la Virgen. "Era un sábado 7 de mayo y la procesión se realizaba el día ocho. Partimos por la tarde y tomamos por Rivadavia porque por la Gaona (donde se ubica la actual autopista del Sol) por aquel tiempo era un basural intransitable", cuenta Merello. Tras nueve horas de viaje, llegaron Binaghi, Merello y otros tres jinetes más a Luján.

Desensillaron y, luego de almorzar, intentaron participar de una competencia de sortijas de la que formaban parte empleados de dos grandes hilanderas de la zona, Linera y Flandria, pero no los dejaron. Por la tarde se inició la procesión, cuyo centro era una pequeña carretilla sobre la cual estaba la imagen de la Virgen. Los jinetes fueron invitados a escoltar el carro con sus caballos y se dirigieron hasta la Basílica. En ese momento, los hombres de a caballo fueron llamados por el cura Anunciado Serafini, responsable de la iglesia quien les dijo: "Miren che, acá vienen peregrinos en bicicleta, en silla de ruedas, a pie y en auto, pero nunca a caballo. ¿Por qué no organizan una marcha ustedes? Se emocionaron. Y no se hicieron esperar: el 7 de octubre de 1945 partió la primer peregrinación integrada por 12 jinetes y, desde entonces, el grupo no dejó de crecer.


Para no superponerse con la caminata desde San Cayetano que se realiza el primer fin de semana de octubre, se decidió correr la fecha de la procesión a caballo para el último fin de semana de setiembre. Nicolás guarda en su memoria el día en que, al cumplirse el 50º aniversario de la peregrinación, lograron la autorización para bailar el pericón dentro de la Basílica. Con emoción confiesa: "Seguramente no se volverá a repetir, fue un momento inolvidable". 

Apenas 300 años.
La imagen de la Virgen de Luján llegó a nuestro país en 1630. Era una figura en terracota de María Inmaculada que venía desde Brasil. Había sido solicitada por un hacendado portugués afincado en Santiago del Estero. La leyenda señala que la carreta que la trasladaba, tirada por bueyes, se detuvo al pasar por Luján y fueron infructuosos los esfuerzos para que la caravana prosiguiera. Sólo se hacía posible el andar de los animales cuando bajaban de la carreta la imagen de María Inmaculada guardada en un pequeño cajón.


La figura quedó allí para siempre. El milagro pronto se hizo popular entre los vecinos de la zona y se decidió construir un primer santuario para alojar a la Virgen. En 1887 se colocó la piedra fundamental de la actual Basílica. En 1921 llegó el gran campanario, procedente de Milán, y el 8 de diciembre de 1930 el santuario recibió oficialmente el título de Basílica, concedido por la Santa Sede en ocasión de celebrarse el Tricentenario de la Virgen de Luján. Desde su llegada al lugar habían pasado 300 años.

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Representan un emblema de la tradición argentina. Surgidos en la época de la campaña, encarnaron el canto que expresaba la épica del gaucho. Los antecedentes históricos remontan a los juglares españoles. Desde Santos Vega hasta Gabino Ezeiza y los más jóvenes payadores de la actualidad, forjaron un estilo que fue adaptándose a los tiempos.

Cuentan que la poesía le envolvió el alma al payador, quien acompañado por su guitarra, les cantó a la aurora y a las tardes pampeanas endechas tan dulces como no se había escuchado antes. Cuentan que de boca de su adversario, de nombre Juan Sin Ropa, partió una voz que no era de este mundo, entonando un himno tan prodigioso que llevó a Santos Vega a comprender que había sido vencido. Fue un noble anciano quien afirmó que lo había derrotado el mismísimo Diablo. De la pluma del escritor Hilario Ascasubi nació el poema legendario a Santos Vega, que llevó a los payadores a convertirse en personajes emblemáticos de la tradición argentina.


En un tiempo, la payada fue el canto que expresaba la épica del gaucho a través de contrapuntos finamente elaborados por payadores, los que acompañados por su guitarra deleitaban a los parroquianos en los boliches de pueblo. La payada, creación surgida en las ciudades fue impuesta hacia el interior del país por la magia y la admiración que supo despertar en el pueblo. Nacida en octosílabos, herencia del romance tradicional español, se aplicó comúnmente en forma de cuartetas, en lo que se dio en llamar el romance criollo. Los antecedentes históricos se remontan a los juglares españoles, que animaban fiestas populares haciendo una crónica de hechos a través de las estrofas. En la antigua región de Provenza, en Italia, ya en el siglo XII existían trovadores que se dedicaban a polemizar públicamente.

Difícil es rastrear sus orígenes. Se presume que los primeros payadores de la Argentina se remontan a la época de la campaña, aunque ya en 1775 las crónicas dan cuenta de estos personajes: "Se hacen de una guitarra y cantan y se echan unos a otros sus coplas que más parecen pullas...". La payada comenzó en forma de tonadas solitarias que remitían a descripciones de paisajes; con el correr del tiempo fueron adquiriendo otras temáticas, que dieron pie a lo que sería el contrapunto.

Fue Gabino Ezeiza quien sacó a la payada del anonimato convirtiéndola en popular. Gabino era un negro nacido en el barrio de San Telmo. Cuentan que cierta vez confrontó con el payador uruguayo Juan de Nava en tierras orientales, salió airoso del trance y se ganó con ello la antipatía del público presente. Pero Gabino, quien sabía de corajes, ahí mismo, entre los abucheos de la multitud, improvisó un canto que denominó "Heroico Paysandú", lo que desdibujó el mal humor de la nutrida concurrencia, que le dedicó una ovación memorable. En conmemoración de ese 23 de julio de 1884 se instauró el Día del Payador. Este músico y poeta, que tenía una innata facilidad para la improvisación, en 1891 sostuvo una tenida con Nemesio Trejo, la cual duró tres noches consecutivas. Fue considerado el payador de la pampa por excelencia.

De respuesta ligera.

Poeta repentista que actúa individualmente en contrapunto con otro, el payador debe poseer condiciones innatas tanto para la poesía como para la respuesta ligera, intentando no ser superado por su ocasional contrincante, sin olvidar el manejo de la guitarra, su fiel compañera, para lo cual debe poseer ciertos conocimientos musicales. En la payada se entremezcla mensaje, canto y música, y prima el metro de los versos y la rima utilizada.


Las payadas solían llevarse a cabo en almacenes o canchas de pelota y contaban con un jurado, que seleccionaba los temas propuestos por el público. Tenían una duración promedio de día o día y medio, tomando en cuenta que una payada corta se extendía entre cuatro y cinco horas. Las confrontaciones se daban por concluidas cuando uno de los contrincantes reconocía su inferioridad debido a los conocimientos y a la prontitud de respuestas del adversario.

Estos trovadores del contrapunto criollo no sólo se granjeaban la bebida con su canto sino que también ganaban dinero, ya que las tenidas recibían apuestas de parte del publico y, al finalizar las mismas, se repartía lo ganado entre el vencedor y sus adeptos. Cuando el arte de payar aún no se había mercantilizado se improvisaban certámenes en los cuales los compositores solo buscaban lucirse en duelos provocados.

La payada, cuyo más laxo sentido etimológico es improvisar canto, se puede realizar por cifra con rasguidos o por milonga con acordes desplegados.

Payadores contemporáneos.
En la actualidad existe una nutrida legión de payadores, entre los que se destacan el oriental Jorge Silvio Curvello y entre los nativos, Jorge Socodatto, Víctor Di Santo y Marta Suint, a quien sin dudas se puede considerar una precursora, siendo la primera mujer contemporánea que se haya dedicado a este oficio. Suint comenzó a incursionar en el rubro a los nueve años cuando en un programa de radio debía recitar un poema. En medio del recitado olvidó el texto, por lo que tuvo que improvisarlo. Hoy en día los jóvenes payadores son más bien escasos. Sobresale entre ellos el nombre de Carlos Marchesini, nacido en la ciudad de Chivilcoy y cuya vocación le viene de la mano de su padre, un investigador del tema. Su oficio lo ha llevado a recorrer el país, traspasando incluso las fronteras, lo que le ha hecho pagar el precio de la lejanía de los afectos. "El payador -afirma este talentoso artista- es voz de los que no tienen voz. Una formidable aventura del pensamiento. Corazón que se escapa por la boca", y remata: "Revive lo que tiene que ver con nuestras tradiciones". Cuenta que cierta vez, junto a otro payador, llegó al norte de Santa Fe, a un paraje llamado Campo Bajo, en la frontera con Chaco. 


Asistía a una jineteada dispuesto a compartir su canto con los lugareños. De repente, en una esquina del terreno observaron, arracimadas, a un puñado de personas. La curiosidad lo llevó a preguntar: "¿Qué hace esa gente ahí?". La respuesta lo dejó estupefacto. "Están velando a un paisano", le dijeron.

 El hombre había muerto de un infarto mientras cargaba unos troncos y la familia bajo ningún pretexto iba a permitir que se suspendiera la fiesta, ya que el fallecido era miembro de la comisión organizadora. "¿Ve la nenita que esta ahí, de vestidito rosa, bailando el pericón?", le cuchicheó otra voz por lo bajo, "Es la hijita del difunto". Esta anécdota, asegura Marchesini, lo golpeó muy hondo, llevándolo a descubrir "el amor de esa gente por las cosas nuestras". Al día siguiente el finado fue subido a un carrito y llevado al cementerio. El improvisado vehículo funerario fue seguido por una caravana de paisanos de a pie y otros de a caballo, que silenciosamente despedían al amigo que había partido. "El canto del payador se encuentra en esas cosas increíbles", dice conmovido Marchesini.

Es que al fin de cuentas la vida del payador es eso: ir de pueblo en pueblo descubriendo la vida e invitando con sus versos: "Los que tengan corazón,/ los que el alma libre tengan,/ los valientes, ésos vengan/ a escuchar esta canción".

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Carnavalito_en_HumahuacaEl Carnaval de Humahuaca es una celebración popular, que se realiza al comienzo de la cuaresma (40 días antes de Semana Santa), en la zona de la Quebrada de Humahuaca, provincia de Jujuy, Argentina.

Introducido por los españoles en América, el carnaval se fusionó con rituales nativos destinados a celebrar la fecundidad de la tierra y a honrar a la deidad de la Madre Tierra, la Pachamama, por los bienes recibidos. Se trata de una versión breve y adaptada de la festividad peruana del Kapaj Inti Rami, que se iniciaba en diciembre y finalizaba en marzo, en la cual se bebía, cantaba, comía y bailaba hasta el paroxismo.

El festejo se inicia en cada comunidad con el desentierro del diablo, llamado Coludo o Pujllay, que simboliza la celebración, de una apachetan 1 de piedras, representado por un muñeco de trapo que fue enterrado en el final del último carnaval. Los deseos reprimidos se liberan y durante el festejo se permite embriagarse sin recato, los preceptos morales son dejados de lado. La Iglesia católica se ha visto obligada con el correr del tiempo a participar de los festejos "paganos".

jujuy_divisiones mapaHay baile y música interpretada con instrumentos autóctonos como los erkenchos, las anatas, los charangos y bombos. Los habitantes se visten con trajes coloridos utilizando cascabeles y máscaras para disfrazarse; se divierten impregnándose la cara con harina y tirándose con talco y serpentinas mientras reparten ramitas de albahaca.

La tradición tiene reminiscencias indígenas, españolas y criollas. Además, por ser la Quebrada de Humahuaca paso obligado hacia el Perú y Bolivia, ha asimilado la música y algunas características de esos países.

Los dos jueves anteriores al carnaval los compadres se reúnen para celebrar el reencuentro, y al jueves siguiente llega el turno de las comadres, quienes se entretienen en divertidas copleadas relatando lo que les ocurrió a lo largo del año. El sábado de carnaval se juntan las comparsas.

Dura ocho días: con el sol las comparsas concurren a las invitaciones, bailando carnavalitos por las calles, y a la noche se baila en los locales. El festejo termina el "Domingo de Tentación", con el "entierro" del Diablo, en un hoyo que representa la boca de la Pachamama, junto a cigarrillos, coca, serpentinas y chicha. Se prueban entonces platos típicos como empanadas, corderos, queso de cabra y bebiendo, entre otras cosas, chicha y entre lamentos se reza para que haya nuevamente diversión al año siguiente.

En el pequeño poblado de Tilcara es donde este carnaval alcanza su máximo fervor.
 
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