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Cuando Arturo Jauretche escribe en el año 1966 su libro El Medio Pelo en la Sociedad Argentina bajo circunstancias culturales, sociales, económicas y políticas muy distintas a las actuales estaba dando origen a un arquetipo de "ser nacional" que se iría transformando con el pasar del tiempo.

Veamos la definición utilizada por Jauretche: “En principio, decir que un individuo o un grupo es de medio pelo implica señalar una posición equívoca en la sociedad; la situación forzada de quien trata de aparentar un status superior al que en realidad posee.”. “Medio pelo es el sector que dentro de la sociedad construye su status sobre una ficción en que las pautas vigentes son las que corresponden a una situación superior a la suya, que es la que se quiere simular”.
El medio pelo en la sociedad argentina.

El medio pelo en la sociedad argentina del siglo XXI.

Cuando se refería al medio pelo no estaba incluyendo al grueso de la clase media, sino que lo utilizaba para señalar el comportamiento de la burguesía en ascenso y de sectores desclasados de la clase alta. Sin embargo si analizamos muchas de las actitudes de esos grupos sociales veremos que muy bien pueden ser aplicados a algunos sectores de nuestra clase media principalmente a aquellos radicados en la ciudad de Buenos Aires y sus alrededores.



Esas características, delineadas, definidas, concretizadas y después perfeccionadas en el Manual de Zonceras Argentinas dos años más tarde, irían, en las décadas sucesivas, dando un toque característico a un sector de la sociedad argentina.

El medio pelo ayer.


El medio pelo representaba, no solo en el libro de Jauretche, aquel sector de la sociedad que, en un contexto de paìs agrícolo-ganadero con una incipiente industria, trataba desesperadamente de subir escalones en una jerarquía social a la que no pertenecía por derecho propio. Un país nuevo, emergente, con una economía en plena expansión y con una sociedad en la cuál la clase media, mal llamada burguesía, se ensanchaba cada vez más. Y las clases humildes, aquéllas que hoy llamamos eufemísticamente por debajo de la línea de pobreza, eran cada vez menos.

El status lo daba, por aquél entonces la propiedad inmueble (especialmente rural) y, en menor medida, las joint-venture empresariales muchas veces ligadas estrechamente a la oligarquía nacional.

El dólar era una quimera. Una moneda extranjera a cuyos conocimientos (cotización, fluctuaciones, etc) se accedía solamente a través de conocimientos universitarios. Una ilusión alimentada por economistas de los EE UU a los cuáles de vez en cuando algún ministro de economía hacía mención, sobretodo si el objeto era solicitar un préstamo internacional (con destino indescifrable) al FMI.

El ritual de cada conversación rondaba siempre los mismos temas: condiciones del tiempo, precio de la hacienda, valor de los cereales, perspectivas de la cosecha, algo de política y casi nada de economía salvo la inflación y su incidencia en los propios bolsillos. Del dólar casi nada.

El acceso en la jerarquía social era limitado. Y, a decir verdad, no le quitaba el sueño a ningún ciudadano.
Cuando Jauretche se refería al medio pelo no estaba incluyendo al grueso de la clase media.

Las deudas bancarias eran patrimonio de aquellos que tenían un cierto capial, en dinero o bienes, y queríam ampliarlo o invertir en otras sectores. Es decir la idea de deuda estaba muy equiparada al concepto de inversión. Muy pocas veces un ciudadano común se endeudaba a límites extremos en busca de un mayor "linaje social" porque no tenía sentido.
Leer también: Divide y reinarás, estrategias y el juego de las alianzas para atrapar el poder del pueblo.
El medio pelo de hace medio siglo, no obstante la brillante ironía de Arturo Jauretche, tenía algo de noble, de creíble y de aspiraciones concretadas.

El medio pelo en la sociedad actual.


El arquetipo de Jauretche ha sufrido una transformación dictada no solo por el transcurso del tiempo y el avance de la tecnología, rápido e inarrestable. Hay también una transformación moral, de conceptos y valores definidos en un modo distinto.

La preponderancia del tema dólar en cualquier medio de comunicación es una paradoja. Nunca una palabra tan extraña al sentir nacional ha calado tan profundamente en el espíritu de los argentinos.

Lo que antes era un concepto extraño, inalcanzable, reservado a elites de intelectuales, hoy en día, en la teoría y en la práctica, ha pasado a ser un tema de dominio popular.

Tal vez muchas personas hayan olvidado o les produzca cierta fatiga mental recordar fechas y actos fundamentales de la historia argentina. Pero seguramente esas mismas personas conocen exactamente las variaciones del dólar, sus perspectivas futuras y el valor que, esa divisa totalmente ajena a nuestros usos y costumbres, representa como salvaguarda de nuestro patrimonio personal.

De noble y casi aristocrático el medio pelo en la sociedad argentina pasó a ser especulativo, falso y  proclive a salvar las apariencias por sobre todas las cosas.

Hoy una pauta que va creciendo en el medio pelo es la de no parar de hablar de los restaurantes que frecuenta —si son del exterior mejor— los viajes que realiza (al exterior) y los vinos que bebe habitualmente. Son los que se identifican como “foodies”. Hace unos años los llamábamos tilingos.

Lo malo es que es una tontería que crece y se la confunde con un signo de estatus o cultura… De algo se puede estar seguro; este tipo de gente no es feliz. Vive pendiente de que alguien descubra su mal manejo de pautas de comportamiento e impiadosamente lo devuelva al estatus social de donde no debió salir.



Cerramos con una definición del mismo Jauretche: “Cuando en la Argentina cambia la estructura de la sociedad tradicional por una configuración moderna que redistribuye las clases, el medio pelo está constituido por aquella que intenta fugar de su situación real en el remedo de un sector que no es el suyo y que considera superior.

Esta situación por razones obvias no se da en la alta clase porteña que es el objeto de la imitación; tampoco en los trabajadores ni en el grueso de la clase media. El equívoco se produce a un nivel intermedio entre la clase media y la clase alta, en el ambiguo perfil de una burguesía en ascenso y sectores ya desclasados de la alta sociedad”.
Le proponemos ir poco a poco descubriendo el mundo mágico de nuestros artistas, de aquellos que con la excelencia de sus trabajos han logrado primero traspasar las fronteras locales y luego las fronteras de nuestro país.

Que lugar del mundo seria acaso más propicio que La Comarca Andina del Paralelo 42 para que la imaginación brote y sea derramada sobre el lienzo. O en palabras de Alfredo Falabella “Hace 3 siglos atrás, en el Venetto, una región aledaña a los Alpes italianos, el celebre compositor Antonio Vivaldi, componía su obra mas trascendente: Las Cuatro Estaciones.
Es que en aquella época, la naturaleza en esa región de Europa exhibía toda su imponencia incontaminada e inspiradora y que en la actualidad solo se conserva con incomparable plenitud y majestad en los valles andinos de la Comarca Andina del Paralelo 42.

Por eso hoy, si Vivaldi viviera, muy probablemente se sumaría a la cantidad de artistas, músicos y poetas que encuentran en El Bolsón el marco natural de belleza y tranquilidad que fermentan la creación artística”.
Leer también: Todas las ediciones de la Feria Internacional del Libro (1a parte).
Entre los artistas locales más destacados encontramos entre otros a:

Literatura.
Colette Birabent
Ricardo Castrilli
Antonia Contreras
Levi Freizstav
Alberto Ledo
Martha Perotto
Eugenio Siccardi
Lila Ursino

Fotografía.
Juan Carlos Barbeito
Augusto David Imperiale
Carlos Spitznagel

Pintura.
Adriana Ottone
Magüi Peralta
Lila Ursino
Marita Nogueira
Evangelina Espina
Isabel Lera
Sara Delpino
Claudio Bruni

Música.
Languedoc
Coro de Cámara de El Bolsón
Comenzaremos nuestro viaje contándole sobre Patagonche.

El grupo de música y teatro "Patagonche" nace en la ciudad de El Bolsón, Pcia. de Río Negro Patagonia Argentina a inicios del 2003.

Se presenta en varias oportunidades en esta localidad, En Bariloche (Río Negro), Esquel (Chubut), Chos Malal (Neuquén).

Participa en el Encuentro Regional de Teatro organizado por Asociacion SUR (El Bolsón - Río Negro).

Enero 2004
Integra el elenco de filmacion en video del método para alfabetización de adultos "YO, SI PUEDO" realizado en el Canal Educativo de La Habana Cuba.
Leer también: Todas las ediciones de la Feria Internacional del Libro (2a parte).
Abril / Mayo 2004
Realiza una gira artística por Italia y Barcelona (España) mas de sesenta actuaciones en festivales de música y teatro, salas, etc. Ciudades: Barcelona, Roma, Jessi, Montegranaro, Gorizia, Trieste, Pélago, Ancona, Maresca, Lucca, Imperia, Collamato, Carpineto Romano, Tarcento, Villa Santina, Udine, Ravascleto, Contovelo, Todi.

Junio / Septiembre 2004
Se presenta en capital federal f.m. "La Tribu" y en la ciudad de La Plata.

Octubre 2004
Actuaciones en la localidad y mini-gira comarcal por parajes y ciudades vecinas : Entre Ríos (Chubut), Epuyen (Chubut), Esquel (Chubut).

Integrantes:
Daniel Lugones: Compositor, cantante e instrumentista múltiple (guitarra, sikus, tarka, arpa de boca y ocarinas).

Docente en cursos y talleres de música. Participo en la creación de grupos que aportan a la construcción de la identidad cultural patagonica ("Bolsón Cinco", "Y Ahora Que", "Piedra Bocha", "Señales", "El Tinkazo") fusionando estilos latinos con el rock.

En el ambito teatral participo musicalizando y actuando en diversas formaciones ("La Bandurria", "Achuras Asesinas", "La Mecha", etc.)

Mariel Valy: Cantante y percusionista.

Integrante de "Piedra Bocha", "La Murga Guacha", "Señales", "El Tinkazo".
Participo como cantante en la grabación de los trabajos musicales del grupo de títeres y teatro "El Chiflete".

En teatro participo como actriz de los grupos "La Olla" y "Las Bochitas".

Docente de nivel primario y en talleres expresivos orientada a la investigación antropológica.
Héctor Ledo: Actor, cantante y dibujante.

Integrante del staff de la revista "Cerdos y Peces" como dibujante de comics.

Participò en diversos grupos de teatro independiente en Bs. As., Córdoba, Necochea y El Bolsón.

Capacitador en producción de radioteatros con talleres dictados en distintas ciudades del país formando grupos de producción.
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La Exposición Feria Internacional de Buenos Aires, El Libro - Del Autor al Lector es creación y emprendimiento de la Fundación El Libro, institución sin fines de lucro con sede en Hipólito Yrigoyen 1628, 5º piso, (C1089AAF) Buenos Aires.

La Fundación está integrada por la Sociedad Argentina de Escritores (SADE), la Cámara Argentina del Libro (CAL), la Cámara Argentina de Publicaciones, el Sector de Libros y Revistas de la Cámara Española de Comercio, la Federación Argentina de la Industria Gráfica y Afines (FAIGA) y la Federación Argentina de Librerías, Papelerías y Actividades Afines (FALPA).

Una muestra de interés oficialmente reconocido.
Declarada de Interés Nacional. Declarada de Interés del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Declarada de Interés Provincial.

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La anual Feria del Libro porteña cuenta con los auspicios de: Ministerio de Educación de la Nación, Secretaría de Cultura y Comunicación de la Presidencia de la Nación, Secretaría de Cultura del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires; Secretaría de Educación del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y la Dirección General de Asuntos Culturales del Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto.

La Feria, en líneas generales.
Catálogo nacional e internacional de industrias editoriales, en la Feria del Libro porteña se manifiesta la cultura en totalidad a través de las actividades de una programación diaria que incluye mesas redondas, conferencias, ciclos temáticos, diálogos entre autores y lectores, presentaciones de libros, firma de ejemplares ("especialidad" de una Feria nada casualmente llamada Del Autor al Lector), proyección de cine y video, muestras de plástica, talleres, sesiones de teatro, poesía, relato oral, canto y baile; además de juegos y concursos para chicos y grandes.

Actividades que, como la presencia en la Feria de conspicuos intelectuales argentinos y extranjeros, proponen y auspician la Fundación El Libro, casas editoras y distribuidoras, instituciones culturales gubernamentales o no, y legaciones diplomáticas.



El tema convocante o lema, que se elige todos los años, es en esta oportunidad "El placer de la lectura", destacando el carácter de disfrute que debería ser connatural al acto de leer.

Como dice el francés Daniel Pennac en su libro Como una novela, que introduce ideas insoslayables para inducir a los niños a la lectura, "el verbo leer no soporta el imperativo, aversión que comparte con otros verbos, como el verbo amar y el verbo soñar".

Este concepto justifica suficientemente la elección. En especial en tiempos como los actuales, cuando las obligaciones y las dificultades del diario vivir parecen compelernos a aplazar la lectura o a reemplazarla por actividades que parecen -sólo parecen- ser más lúdicas, divertidas o descomprometidas, es útil recordar que sólo con la introspección que requiere leer el hombre puede llegar a conocerse, reflexionar, aprender y disfrutar de las muchas vidas que contienen los libros.

La 40.° Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, que se realizará del 24 de abril al 12 de mayo de 2014 en el Predio Ferial La Rural


¡Agendá la fecha y empezá a prepararte para la gran fiesta de los libros!

Fue uno de los mayores cuentistas de la literatura de habla hispana. El hombre que caló más hondo en la realidad cotidiana de la selva misionera, tuvo dos grandes pasiones: la escritura y el ciclismo. Una de sus frases sintetiza su modo de vida: "Hacer lo que sentimos por la necesidad de vivir".

Horacio Quiroga decidió vivir sólo 56 años y apenas necesitó 30 para que a nadie le quedara la más leve duda: era un hombre extraordinario. Siendo hijo de Prudencio Quiroga -vicecónsul argentino en Salto, Uruguay, donde le tocara nacer en 1879- y descendiente de Facundo, El Tigre de los Llanos, también decidió por sí mismo su nacionalidad. "Se habla tanto del Río de la Plata como entidad cultural, pero en cada orilla andan por su lado y hay poco hacer conjunto.

Entonces no reclamé la ciudadanía de mi padre, a pesar de tener derecho, y elegí ser el primer rioplatense cabal", decía. Se sabía predestinado a enfrentar episodios, vivencias y sentimientos de alcances extremos. Por ello cultivó un primitivo sentido de la soledad, padeció hambre en plena belle époque francesa, se metió sin miedo en el terrible universo de la selva misionera y en todas partes mantuvo una inevitable pareja con la muerte. Lo que no impidió que cumpliera sin convicción funciones de diplomático, fuera acunado por la fama de su obra narrativa y nunca negara que iba a ser una figura destacada en la literatura de habla hispana. Riguroso y frontal como era, se permitía hablar de su camino hacia la gloria, que nombraba así, sin eufemismos.
Tema subyugante y no muy transitado el de las diversas pasiones que experimentara sin represiones H.Q. (no es caprichoso citarlo con sus iniciales; a partir del caso de George Bernard Shaw, G.B.S. para los británicos, Quiroga decía que ser llamado así significaba la única consagración popular de un creador).

horacio quiroga

París en bicicleta.
De su temprano viaje a París y sus estadas en Misiones surgen momentos esenciales de su búsqueda insaciable como hombre y como artista. En 1900, a los 20 años, se lanzó a su primera gran aventura. Impulsado por dos pasiones que amanecieron en la adolescencia, la escritura y el ciclismo, se embarcó hacia París. Siempre logró que avanzaran paralelamente su honda vocación de cuentista -el género que dominaba, al margen de trabajos en poesía y novela- y su necesidad de satisfacer las urgencias que planteaba su cuerpo, pequeño, enjuto, pero necesitado (y capaz) de someterse a tremendos esfuerzos. París lo vio vistiendo la típica malla a todo color de los ciclistas profesionales -Quiroga era amateur, pero como no se tomaba nada superficialmente, había fundado un club de ciclismo en sus pagos y no olvidaba sus sueños de ser campeón- y, por las noches, rondando las tertulias del café Cyrano, que animaban los más brillantes escritores de la época. "No ocultaban su enorme afán de notoriedad y me aburría soberanamente. Sólo me interesó Rubén Darío", juzgó H.Q.

A la hora de distribuir gastos -su diario de viajes lo corrobora- le costaba optar entre ir al Louvre y comprar un libro de cuentos de Edgar Allan Poe, cenar en un bistrot de Montmartre o no perderse la final del Mundial de Velocidad. Volvió sin equipaje, hizo poco museo y terminó cobrando unas monedas por pasear los perros de una condesa y pidiendo otras para comer, pero abrazado a su bicicleta Range (la más cara de entonces) asistió a todas las jornadas de ese Mundial.

Como saldo le quedó un firme desprecio hacia la capital de la cultura europea de aquel tiempo. Y eso que al comienzo las parisinas solían llamarle "le joli petit arabe" (el bello pequeño árabe) por la imagen que daban la barba bien recortada y sus aires de dandy, frenado por la timidez del botija inexperto y con escasos francos. Después abandonaría el cuidado de la barba, que creció hasta tornarse inconteniblemente selvática. Acosado por esa cita inaugural con la soledad y la falta de parné, extrañaba furiosamente la vida de Salto, incluido su noviazgo trunco. "Su alma sustancialmente auténtica y sincera hasta la brutalidad no podía congeniar con un ambiente artificial y supercivilizado", considera su biógrafo (y compatriota) Alberto J. Brignole. El futuro, sin embargo, lo conduciría muy lejos de la añorada rutina de la ciudad provinciana en que naciera.

Amor desenfrenado.


En Estados Unidos, este encendido Quiroga acaso habría sido un pionero de los que conquistaron el Far West. Pero en Misiones la tierra lo esperaba como una hembra enamorada que elige a un varón para entregarse. También él se entregó a ese amor desenfrenado que arrastraría su vida afectiva formal y la condenaría a un obligado contacto con fieras, no importa si hombres o animales. "La patria es el sitio donde se vive bien", creía H.Q. Aunque no es simple aceptar que en esa Misiones de fines de la década del 20 y la siguiente, un intelectual con cierto refinamiento, amante del juego y las mujeres adolescentes y veinteañeras -pasiones no menos intensas del joven H.Q.-, pudiera saborear ese vivir bien.

En San Ignacio fue devorado por el paisaje indómito y rebelde, rasgos que signaban su propia personalidad, y sólo le reconoció espacio semejante a su literatura. Hachó troncos gigantescos, peleó al monte a machetazos, construyó su casa, limpió el suelo para que se radicara allí su íntimo amigo Ezequiel Martínez Estrada, fabricó violines y aprendió que "el trabajo físico es higiene mental y una catarsis". Se instaló ganando su lugar a pura prepotencia y con un lema incuestionable: "Con la pluma o el machete somos igualmente hombres y estamos aquí para hacer, hacer lo que sentimos por necesidad de vivir". Con sus compañeros de combate cotidiano pasaba las duras noches invernales picando tabaco, o aprendiendo a tejer y coser ropa mientras trataba de sintonizar Radio del Estado y escuchar buena música. Una tarde, H.Q. caminaba hacia un almacén de ramos generales en medio de senderos que aún debía doblegar a machetazos. Silbaba el andante de la Séptima Sinfonía de Beethoven, pero había olvidado la partitura y se limitaba, molesto, a reproducir siempre un mismo fragmento. En eso oyó un silbido que retomaba la obra precisamente en el punto en que su memoria lo abandonaba. Le pareció entre mágico y milagroso el hallazgo. "¿Quién es?", gritó, y al rato asomó un colono belga. Se rieron sin darse siquiera la mano. La música los había hecho amigos, sin verse, en medio del monte: "Sólo nosotros dos en toda la región llevábamos en el alma a Beethoven", definió. ¿Qué carencias podía lamentar?

Extraño consulado.
Retornó a Buenos Aires para hacerse cargo del consulado del Uruguay y añoraba el paisaje y el río que miraba todos los días desde su bungalow misionero. En 1927 alquiló una casa en Vicente López, al pie de la barranca que daba al Plata. De las paredes colgaban armas indias (arcos, arpones, boleadoras), pieles de jaguar y cueros de víboras. En el jardín, detrás de un Ford a bigotes y una motocicleta que desarmaba constantemente, había un aguará, un coatí, un oso hormiguero, flamencos, chuñas y, en una precaria piscina, creó un serpentario, del que tuvo que desprenderse por la presión de los vecinos, que le temían. De ahí el apodo "el ogro".

Ajeno a las acusaciones y con déficit de actividad física, H.Q. fabricaba títeres y muñecos y jugaba con los chicos del barrio. En esos menesteres ideó revestir con aros de acero las ruedas de los patines para atenuar su desgaste. Y encantado con el tenis callejero, tejió una red que ataba a dos árboles, uno en cada vereda, y se prendía, vistiendo overol y sandalias, en partidos en que era el único adulto. Un monstruo, realmente. Salvo que se comprendiera que H.Q. guardaba a la yarará tras un vidrio oscuro y sacaba a vivir a la anaconda que, enroscada a la red de cáñamo, tomaba sol y miraba los torpes passing-shots del maestro.

El último regreso.
Pero el llamado de la tierra amada era incesante. Y en 1931 regresó a San Ignacio. Cuando dejó de escribir -tampoco sus pasiones escapaban a la muerte-, el hábil y fecundo trabajo de sus manos aportó al espíritu los goces que antes manaban de la literatura. Construyó habitaciones, canoas, utensilios caseros y volvió a modelar los muñecos de barro con que se había entretenido en Vicente López. Le reclamaba a Martínez Estrada que fuera a vivir a Misiones. Eran tan amigos que se decían hermanos, pero los dos preservaban celosamente una amurallada zona de intimidad. H. Q. se resignó a prolongar el aislamiento, pues ni mujeres ni hijos podían mitigar su soledad. La burocracia es impiadosa con quienes no se someten a sus dictados, y le quitaron el cargo diplomático.

Después creció la enfermedad terminal, se atendió en el Hospital de Clínicas porteño y pudo entender que de ninguna manera quedaría en condiciones de regresar a su rincón en el mundo para cumplir el mandato de hacer. Entonces llenó una copa de cianuro en un final digno de sus criaturas de ficción. En el brusco corte de su trayectoria como cónsul, H.Q. había sido personaje de Kafka: fue declarado cesante por utilizar la máquina de escribir del consulado "en provecho propio". Provecho que consistió en teclear la máquina (marca Underwood) para dar forma a estupendos relatos que otorgarían jerarquía universal a la literatura del Río de la Plata. Cuánta inmoralidad.

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El talentoso escritor y conductor de radio y televisión, creador de Crónicas del Ángel Gris, cuenta por qué su estilo está muy lejos de ser puramente "porteño", como muchos lo identifican. Los secretos del arte de contar, la memoria, los argentinos y los ángeles pasan en una charla de café. 
En el prólogo de Crónicas del Ángel Gris, de Alejandro Dolina, el periodista Jorge Dorio refuta las primeras apreciaciones que se pueden hacer de este hombre que nació en Baigorrita y se crió en Caseros, provincia de Buenos Aires. Dorio, quien lo acompañó en su tarea radial durante muchos años, escribe que "no es tan así que (Dolina) sea un muchacho de barrio, al que se insiste en definir como tanguero". Contradice además otro de los tópicos que circulan sobre el creador -por así decirlo- del programa radial "La venganza será terrible", que lleva 16 años en el aire: "Mientras Dolina simula hablar por la radio está, en verdad, haciendo literatura". 


La entrevista con el talentoso escritor, compositor y conductor de radio y televisión aclara un poco las cosas. Sentado a una mesa del centenario café Tortoni -un rato antes de salir al aire por Radio Continental como todas las medianoches- Dolina arranca sin medias tintas: "Coincido con la descripción que Dorio hace de mi persona".

- Al menos, ¿usted podría definirse como porteño?
- Yo no profeso ni la ética ni la estética porteña. Soy admirador de algunos sucesos artísticos a los que esa ética y esa estética han dado lugar. Pero no las profeso ni en mi vida personal, ni en mi vida artística. A mí no me parece que yo sea un artista porteño, sinceramente, incluso cuando como compositor o como cantante me acerco al tango con mucho fervor. Pero creo que me ocupo de matices, que no son especialmente perfilados y tienen muy poco pintoresquismo, más bien los tangos que yo hago modestamente pretenden ser canciones de cámara, teatrales. De manera que estas torpes palabras sirven para distanciarme del "porteño profesional" que no soy. (Jorge Luis) Borges decía que Federico García Lorca era un andaluz profesional.

- La refutación que me parece más interesante de Dorio, es que generalmente se dice que usted es un hombre de radio.
- Sigo de acuerdo con Dorio. Y si he tomado distancia del personaje del porteño, mucha más distancia tomaría de la definición de "hombre de radio". Siquiera por razones legales para objetar que soy porteño, incluso podría decirse que voto en la Capital, en cambio, tengo toda la sensación de que las cosas que hago se transmiten por radio, es como si los jugadores de fútbol cuyos partidos se transmiten por radio fueran considerados hombres de radio también. Nosotros, junto con Gabriel Rolón y Guillermo Stronati, hacemos cada noche aquí, en el Tortoni, un pequeño intento de literatura al paso. Como sí fuéramos payadores en prosa. A veces, si tenemos mucha suerte, hacemos un ensayo teatral y suceden algunas escenas. Las sombras de las sombras de personajes. La radio, en general, no se parece en nada a lo que hacemos. No lo digo porque el programa sea mejor o peor que otros, sino que es enteramente distinto. Alguien dijo en ocasión del último programa que hicimos en la televisión -"El Bar del Infierno", que se emitió por Canal 7 y se editó en CD- que después de todo no dejaba de ser un programa de radio. A lo que yo pregunté ¿cuál?. La radio tiene procedimientos muy respetables pero que no son para nada los de "La venganza será terrible". Allí no comentamos la actualidad, no leemos el diario, pero hacemos otras cosas. Digo, para no caracterizar la diferencia en términos negativos. Nosotros intentamos producir de un modo surrealista algunas situaciones de humor. Hay público, por ahí cantamos, nunca hacemos una entrevista. La radio es otra cosa.

- Después de tantos años de programa, vemos que el público sigue siendo gente joven.
- Si han pasado los años y el público va cambiando, por suerte, porque si no podrían ser personas reclutadas y pagadas por la radio.

 - Sabemos, por haber consultado a personas que hace mucho son oyentes, que una de las razones por las cuales siguen el programa es que encuentran un lugar en donde alguien les cuenta historias, incluso de otros tiempos, en una época en que la prisa no deja mucho lugar para estas cosas. Como una necesidad de salir de lo cotidiano para de alguna manera transportarse a otros lados...
- Quizás sea un mérito que tenemos. Nos parecemos más a lo que se conoce como "café concert", en todo caso.

- Con tanta experiencia en charlas de café, ¿qué diría de la tan mentada melancolía de los porteños?
- Creo que la melancolía es un sentimiento muy noble en tanto no sea indiscriminada. Oprimir el resorte melancólico ante cualquier decepción es un acto profesional en el peor de los sentidos de la palabra, y yo no quiero trabajar de eso. No quiero ser mecánico en mi conducta.

- Tantos años después del Ángel Gris, ¿seguiría sosteniendo de alguna manera que el mundo puede dividirse en dos: los "hombres sensibles" y los "refutadores de leyendas"?
- Pienso que eso no lo creía yo ni cuando lo escribí. Fue una forma de contar un cuento de hadas. Los refutadores de leyendas químicamente puros, lo mismo que los hombres sensibles, no existen sino en los manicomios. Todos tenemos un porcentaje de sensibilidad y de ingenuidad y otro porcentaje de cinismo. Igual el mundo es muy complejo. Ojalá fuera sólo eso. Sirve a los efectos de crear una estructura que facilite el relato de algunas historias. Pero de ningún modo como descripción de la realidad.


- Releyendo algunos reportajes que le han hecho, usted decía algo que recobra vigencia hoy: "Para pararse ante naciones poderosas, no viene mal una idea fuerte de patria". ¿Cuál es el sentido de patria para usted?
- El sentido de patria al que me refiero no es el sentido retórico, es antes que nada un sentido de pertenencia. La palabra nos remite a lazos de nacimiento, a lazos familiares, más que a símbolos o solemnidad que a menudo suelen esconder una cierta intolerancia. Los símbolos que no se tocan, las banderas que no se mancillan, propenden más a la violencia y a la xenofobia. Pero ciertamente hay una relación del lugar en donde uno nació, donde vive o donde va a morir y nuestra conducta. Siempre me gusta contar la historia de Anteo en estas cuestiones patrióticas porque encierra una simbología entrañable. Anteo era un gigante al que enfrenta Hércules, y Hércules lo derrota. Pero cada vez que Anteo caía en tierra -recuérdese que Anteo era hijo de Poseidón (el dios griego del mar) y de Gea (la diosa de la tierra)- se levantaba con nuevo vigor porque el contacto con la tierra donde él había nacido le recuperaba las fuerzas y el valor. Es una alegoría interesantísima eso de encontrar uno su vigor artístico, intelectual o amoroso en el contacto con el lugar donde ha nacido. Creo que en términos prácticos más que en términos poéticos también es útil la idea de la patria. No se trata solamente de recitados ni bellas alegorías. Se trata de creer que en un mundo donde nos ha tocado un papel muy difícil, donde vivimos continuamente presionados por las "naciones centrales", como se decía antes -digo por usar un término nacionalista- que son poderosas, tienen mucho dinero y tienen fuerza como para producirnos mucho daño. La idea de lo que algunos han llamado identidad nacional, la idea de la patria como algo existente, debe ser engordada.

- Estaría de acuerdo en decir que la patria es entonces el barrio, los amigos, la familia...
- Es la idea de la pertenencia a un grupo, a una sensación parecida al amor filial o al amor fraterno. La de una nacionalidad debe ser engordada, no para agitar banderas sino para establecer estrategias. La forma en que se combate a una nación poderosa la sabemos todos porque los estrategas han cundido sobre todo en el Tercer Mundo, pero nada de esto puede hacerse si no existe la conciencia de pertenencia.

- Si tuviera que elegir una manera de comunicarle a la sociedad lo que tiene para decir, ¿volvería a elegir la poesía, la literatura, el teatro?
- Creo que me prepararía mucho más. Pero tal vez es un acto de soberbia el pensar en modificar las conductas si se nos diera la oportunidad de volver a vivir. No estoy tan seguro de hacerlo mejor, de decretar cambios en la segunda oportunidad. Anoto este pensamiento que me gustaría compartir con ustedes: "A veces nuestras mejores dichas provienen de errores". Por ejemplo, tuve dos hijos que no fueron planeados. Que son, si se quiere, producto de dos cálculos equivocados. Si viviera de nuevo y calculara bien quizá no tendría estos dos hijos que son la mayor alegría de mi vida. Hay que saber que uno no es dueño total de su destino, que es tan complejo todo. No voy a incurrir en versos de poeta de cinco pesos tales como que "no es uno el que elige la puerta sino la puerta la que lo elige a uno", pero yo sinceramente no estoy seguro de haber elegido. De pronto ya estaba escribiendo, o ya estaba haciendo radio, o cantando...

- ¿Cómo hace para tener tan buena memoria?
- Causalmente, hace poco, apenas quince minutos, le pregunté a un amigo por algunas pastillas que ayuden a la memoria. No tengo buena memoria. Me olvido de muchas cosas inherentes a mi vida cotidiana. No es que me olvide de algunas nociones, porque a menudo las nociones se quedan pegadas a los espíritus más obtusos. A veces me asusto de algunos recuerdos que ya debería no tener, como el número de mi abuelo, del ferrocarril Pacífico. ¿De qué sirve ese dato? Seguramente hay otro mucho más útil que ha sido incluso desplazado del cerebro. Me acuerdo de lo que dice, por ejemplo, el monumento a Rawson -que está en la avenida Las Heras y Pueyrredon- y me pregunto qué importancia tiene recordar eso palabra por palabra.

- Refiriéndome a la Argentina toda, podría existir un Ángel Gris por Salta, Jujuy o el Sur del país, lugares tan distintos a esta Buenos Aires.
-Creo que los paisajes urbanos presentan una regularidad en donde es más agradecida la existencia del ser milagroso. En Salta, por ejemplo, ya la naturaleza es milagrosa. Basta asomarse a la ventana y ver un cerro. Para qué arruinar eso con ángeles rotosos. Ciudades como ésta presentan en cambio unas estructuras tan previsibles, que uno podría caminar con los ojos cerrados sabiendo que cada cien metros habrá una calle, y que cada 8,66 metros habrá un frente y el cordón de la vereda, sabiendo que hay horarios que la gente cumple y hasta se emociona en intervalos regulares poniendo la radio o la televisión. En ese universo de lo regular, y quizá tan triste, un ángel aunque sea mentecato es agradecido. En los otros lugares, en la selva misionera, a orillas de los grandes ríos o de los azules lagos, no hacen falta tantos milagros. El hombre que espera el colectivo durante veinte minutos en un lugar espantoso, sin esperanza alguna y con un aburrimiento casi mortal, necesita de un ángel. En el libro de José Saramago que se llama "Historias del cerco de Lisboa" se presenta el Cristo ante el rey Enrique de Portugal, que en ese momento está cercado por los musulmanes y está a punto de librar una gran batalla. No bien el rey lo ve al Cristo, le dice: "Señor, ¿por qué no te presentas ante los infieles? Yo ya creo en ti". Y así es preferible que los ángeles se presenten allí donde un poco de poesía hace más falta.

Confusos pero profundos estudios
Le gusta decir que sus confusos estudios lo pasearon por el derecho, la música, las letras y la historia. Su repertorio no lo desmiente y muestra de ello se encuentra en su programa de radio La Venganza será Terrible, que se mantiene desde hace quince años al frente de las mediciones de audiencia de la medianoche. Artista por demás prolífico, Alejandro Dolina conduce desde 1985 programas de radio y televisión, compuso numerosas canciones y ha integrado distintos grupos musicales como director y arreglador. En 1988 publicó su primer libro, Crónicas del Ángel Gris. Es también autor de las comedias musicales El barrio del Ángel Gris y Teatro de Medianoche, que protagonizó como actor y cantante. En 1998 publicó la opereta Lo que me costó el amor de Laura, que fue llevada al teatro en el año 2000. En 1999 editó El Libro del Fantasma y en 2002, una recopilación de historias musicales escritas para la radio bajo el título de Radiocine.

 
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lunaroja1Después de cinco años de haberse publicado la primera edición del libro “Luna Roja, Desaparecidos en las Playas Marplatenses”, se logró una segunda tirada, corregida y aumentada, sobre esta investigación acerca de las más de 290 desapariciones de personas que tuvieron a Mar del Plata como lugar del hecho, las que afectaron a jóvenes de esta ciudad perseguidos y hallados en otras partes del territorio nacional y los asesinatos de otras, traídas a Mar del Plata para su ejecución, simulando “enfrentamientos armados”, durante el periodo de los años 1975 a 1977.

Los casos tratados han sido extraídos de diversas base de datos, elaboradas desde tiempo atrás por las distintas organizaciones de Derechos Humanos, los proporcionados por los sobrevivientes de los Centros Clandestinos de Detención, diseminados por todo el país y los incorporados en la reciente actualización efectuada por la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación. Se incluyeron también casos ocurridos en ciudades cercanas a Mar del Plata, como Necochea, Lobería y Miramar.

Pero fundamentalmente, la investigación está basada en las denuncias que en el año 1984, efectuaron familiares directos ante la Delegación local de la Comisión Nacional de Personas Desaparecidas, la que realizó una trabajosa y encomiable labor. Es de observar que en aquella oportunidad fueron recibidas cerca de 270 denuncias por el período de los años 1976 a 1983, de las cuales 221 se referían a desapariciones de personas, por lo que en esta investigación se amplían considerablemente los casos.

También se han extraído testimonios vertidos en los Juicios por la Verdad, que llevó adelante el Tribunal Oral Federal en lo Penal de Mar del Plata, los que en muchos casos brindan innumerables detalles sobre la ruta seguida por las personas desaparecidas. Asimismo se ha incorporado el relato de quienes, secuestrados y posteriormente liberados en el periodo trata- do, han identificado y acusado a los que afectaron su persona y su libertad individual.
 
En la presente edición, el texto se ha enriquecido, pues desde el 2007 en adelante, la Justicia Federal de Mar del Plata, ha realizado una enorme labor, sin parangón alguno en el país, atento a la cantidad de casos trata dos.
Luna Roja. Los desaparecidos en las playas marplatenses1
Así, se han incorporados los fallos de los Juzgados de Primera Instancia Número 1 y Número 3, a cargo respectivamente de los doctores Alejandro Augusto Castellanos y Rodolfo Antonio Pradas, las sentencias del Tribunal Oral en lo Criminal Federal de Mar y las resoluciones confirmatorias de la Cámara Federal de Apelaciones que condenaron a la mayoría de los responsables de los crímenes, ya denunciados en la primera edición de este libro. Se ha sentenciado a Nicolás Miguel Caffarello, agente civil de los servicios de Informaciones del Ejército, por partícipe primario en los homicidios Daniel Nario y su esposa Liliana Pachano, dos jóvenes militantes de la Juventud Universitaria Peronista de Mar del Plata, se ha procesado y dicta- do prisión preventiva a los integrantes de la “Concentración Nacional Universitaria”, por homicidios cometidos entre los años 1974 y 1975, en base a una histórica resolución, que consideró estos hechos como “delitos de lesa humanidad” y por lo tanto imprescriptibles. A su vez, el TOF, sentenció a prisión perpetua a Gregorio Rafael Molina por sus fechorías en el Centro Clandestino de Detención “La Cueva”, en un fallo considerado el mejor de América Latina del año 2010, al establecer que el ultraje al pudor y la violación de mujeres con motivo de su secuestro en el marco de la “lucha antisubversiva”, es también un delito de Lesa Humanidad.

En estas dos ultimas resoluciones, se nombra como referencia a este libro. La sentencia contra Molina, fue confirmada por la Sala IV de la Cámara Federal de Casación Penal, en febrero del año 2012, con un agregado de suma importancia. En dicho fallo, se reconoció validez jurídica a las declaraciones de las victimas del Terrorismo de Estado, en el llamado “Juicio por la Verdad” de Mar del Plata, considerando que las mismas no son más que el punto de partida de un proceso de conocimiento, encaminado a cumplir el compromiso internacional asumido por el Estado Argentino de investigar, juzgar y sancionar las violaciones a los Derechos Humanos.

También el TOF de Mar del Plata, sentenció a prisión perpetua al militar Fortunato Valentín Rezzet, por el homicidio de Ana Lía Delfina Magliaro, hecho tratado en la primera edición de “Luna Roja”. Anteriormente, por el mismo caso, el TOF Número 5 de la Ciudad de Buenos Aires, había condenado al ex coronel Alberto Pedro Barda, imputándole no solo el asesinato de la joven Magliaro, sino también el del abogado laboralista Jorge Roberto Candeloro.
Luna Roja. Los desaparecidos en las playas marplatenses3
La lista no se agota en estas mencionadas decisiones judiciales. También el TOF marplatense, integrado circunstancialmente por los jueces Nelson Javier Jarazo, Alejandro Daniel Esmoris y Jorge Anibal Michelli, aplicó la máxima pena a los marinos Roberto Luis Pertusio y Justo Alberto Ignacio Ortiz ,conjuntamente con el militar Alfredo Manuel Arrillaga, por los asesinatos de Delia Elena Garaguzo, Tristán Omar Roldán, Liliana María Iorio, Patricia Emilia Lazzeri, Liliana Beatriz Retegui, Raúl Bourg y Alicia Rodríguez de Bourg, hechos narrados en la primera edición de esta investigación. La sentencia aludida, efectúa una prolija reseña de cómo se inició la persecución y desaparición de militantes del “Partido Comunista Marxista Leninista” en Mar del Plata, acontecimiento que principia el 25 de agosto de 1977, con la privación ilegal de la libertad y posterior desaparición de Stella Maris Marazzato, culminando con lo que los marinos, llamaron “Operativo Escoba”.

Y como punto final, a mediados del año 2011, la justicia federal marplatense inició el juzgamiento de los responsables de los Centros Clan destinos de Detención asentados en la Base Aérea local (“La Cueva”), en la Comisaría Cuarta de esta ciudad, en la Base Naval y en la ex Escuela de Suboficiales de Infantería de Marina. (Centro Clandestino conocido como “El Faro”), una megacausa, que incluirá seguramente la condena de los altos mandos militares de la zona, que provocaron cerca de 290 desapariciones de personas entre 1975 y 1978. Estos procesos, tuvieron otras características destacables: era la primera vez en Argentina, que se condenaba a civiles como participes de la lucha antisubversiva y también la primera vez, que recibían condenas los hombres de la Armada Nacional. Un dato no menor.

El título del libro, se origina en un hecho acontecido en la ciudad de Mar del Plata, el 2 de agosto de 1978, cuando en represalia al atentado de la organización Montoneros, que le costara la vida a la hija del Almirante Lambruschini, un grupo de tareas, asentando en la Base Naval de Mar del Plata, retiró cinco personas de ese “Centro Clandestino” y las trasladó hacia una casilla abandonada, a unos 100 metros de la bajada de la playa “Luna Roja”.

Allí, previo sentarlos en círculo, detonaron numerosos explosivos, que dejaron los cuerpos irreconocibles. Estas cinco víctimas, fueron inhumadas en el Cementerio Parque de Mar del Plata, bajo un cartelito que decía: 02-08-1978. Gracias a la labor del Equipo Argentino de Antropología Forenses, el pasado año, se han identificado, por el momento, dos de esas personas y el mismo equipo, se encuentra trabajando, para lograr la identificación total del todo ese grupo de personas asesinadas.

Obviamente, el hecho se disimuló en las noticias de los diarios, bajo el título de: “Una Bomba que Manipulaban Destrozó a Cuatro Extremistas”¸ En realidad, también el título era falso: las víctimas habían sido cinco personas.

De una u otra manera, el muro de silencio e impunidad que rodeó aquellos años de represión y muerte a la costa atlántica, se está derrumban- do y es de esperar que esta nueva investigación, contribuya con los datos que se aportan en la misma.
Luna Roja. Los desaparecidos en las playas marplatenses2

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Juan_Jose_Saer"Lo perseguí por teléfono desde varias ciudades europeas hasta que dijo que sí", cuenta la autora de esta entrevista que ocurrió en febrero de 1997 en París, donde el residía el escritor argentino. En un encuentro de más de dos horas, habló de Borges, de sus propios personajes y su lugar en la literatura argentina. "Tengo muchas ganas de escribir muchas cosas todavía", decía entonces, a punto de cumplir 60 años.

La cita fue en el bar de un hotel, cerca de la estación Montparnasse y a pocos metros de su casa, según dijo. Juan José Saer ya se había ubicado en una pequeña mesa redonda y parecía relajado. Tenía un pulóver de lana color habano con una campera de gamuza, y una leve sonrisa, amigable, que daba confianza. Era el 24 de febrero de 1997 y ‘el Turco’ –como lo llaman sus lectores– estaba por cumplir 60 años. En ese tiempo, la Argentina era sacudida por el asesinato de José Luis Cabezas y todavía en Francia se usaban los francos, pero toda Europa hablaba de una moneda común que se iba a llamar euro.

El escritor santafesino, autor de obras maravillosas como El limonero real, Nadie nada nunca, Cicatrices y La pesquisa, entre otras, llevaba viviendo en París casi tres décadas y visitaba Buenos Aires cada vez que tenía la oportunidad. Fue una charla-entrevista de casi dos horas, que llevó toda la mañana hasta el mediodía. La charla comenzó con temas generales, casi irrelevantes, hasta que se inició esta entrevista que con el tiempo fue tomando cada vez más sentido: estaba hablando de Las nubes, anunciando La grande y augurando la aparición, algún día, de sus ahora Papeles de trabajo.
 
-Me dijeron que está por publicar un nuevo libro...
-Sí. Estoy terminando una novela que se va a publicar en septiembre, en Seix Barral, y al mismo tiempo estoy preparando un libro de ensayos, algunos publicados y otros inéditos. Los más recientes fueron publicados porque son pedidos que me han hecho, colaboraciones, pero en conjunto nunca habían sido publicados, salvo un pequeño volumen llamado Para una literatura sin atributos. Pero éste va a ser mucho más grande: va a contener todos los ensayos, papeles que estaban en los cajones, escritos en los años ‘60, ‘70 y ‘80. Todos los que sean más o menos recuperables y potables.


-¿Se van a editar solo en Argentina?
-Sí, por ahora sí. Después, al mismo tiempo, para la misma época, sale en San Pablo (Brasil) la edición portuguesa de La pesquisa. De modo que probablemente también vaya allá en la misma ocasión.


-¿De qué se trata la nueva novela?
-Bueno, la verdad es que la anécdota de mis libros no me gusta mucho contarla, pero no porque haya ningún secreto ni ninguna superstición, sino porque en general en mis libros la anécdota siempre es un poco secundaria. Y a veces ni siquiera hay anécdota...  Pero en este caso hay un poco más. (Estaba hablando de Las nubes, aunque supe el título recién cuando apareció en las librerías porteñas porque aún no lo anunciaba)

-¿Más? ¿Más suspenso, más litoral, más policial...?
-Es un relato que transcurre en 1804, pero escrito muchos años más tarde por un médico psiquiatra que tenía una clínica con otro médico en las afueras de Buenos Aires, y que viene hacia una ciudad del norte (al norte del Río Paraná), a buscar cuatro o cinco enfermos mentales para traerlos a la clínica. Entonces hace todo el viaje desde esta ciudad con los locos. Y también hay algunos soldados, dos o tres prostitutas que siempre siguen a los soldados, una monja con delirios místicos sexuales. Es una especie de western en realidad. No había abordado todavía el género.


-¿Del policial al western?
-Sí. Del policial al western. Hay indios también. Pero es una novela que hace tiempo tenía ganas de escribir.


-Y lo hizo, con todo: hasta una monja con delirios místicos sexuales. ¡Suena casi más fuerte que la pornografía!
-Es que la pornografía no es interesante. No me gusta. En realidad, cuando estoy cambiando el televisor y de pronto aparece uno de esos canales, todos lluviosos, con rayas para todos lados, que no se ve nada, ahí me parece interesante. Porque no se ve nada y ¡hay que imaginárselo todo!

-Me hizo poner colorada. Volvamos al western. ¿Reaparecen los personajes de siempre?
-Se supone que es un manuscrito hallado por un personaje (una vieja trampa, podríamos decir). Por el personaje de La pesquisa que está buscando al autor del manuscrito en las tiendas griegas, y entonces encuentra este manuscrito en la biblioteca.


-¿Soldi?
-Sí. Soldi encuentra este manuscrito y Tomatis se lo manda a Pichón Garay a París. Se lo manda en un diskette y Pichón Garay lee este manuscrito en la pantalla de su ordenador. Entonces la arquitectura de ese manuscrito es ese mismo manuscrito. Y al mismo tiempo hay una serie de cosas aparte del viaje. Viajan en medio de una inundación, después hay toda una serie de catástrofes...


-¿Sucede en el Litoral?
-Sí. Y a la inundación se suma una especie de verano de San Juan que se da anticipado, y poco a poco empieza a hacer un calor atroz. Después viene la Tormenta de Santa Rosa, de modo que también los agarra. Y un gran incendio en La Pampa también, y tienen que refugiarse en una especie de laguna, y el agua empieza a hervir. Y como dije, siempre en la llanura, en las inmediaciones del Río Paraná.

-Da la sensación de que cada una de sus novelas es un fragmento de una gran y única novela. ¿Hay algo de eso?
-Es un poco eso, efectivamente. Esa sería mi intención de algún modo, pero en forma menos lineal y un poco con la estructura de un móvil. Y cuando se va agregando un elemento, todo el sistema, la relación, las proporciones de las distintas partes, se modifican, cambian. Y esa es un poco la intención.


-¿Retoma espontáneamente las historias pasadas?
-Siempre cuando escribo un relato tengo, en general, en la cabeza, sino todo el conjunto por lo menos una parte de las cosas anteriores o las que van a venir después.


-¿Se identifica con alguno o varios de sus personajes?
-Con todos. Todo el mundo dice que el que más se me parece es Tomatis. Yo no creo mucho en eso. No creo en eso…


-Pero en algo cree...
-Yo creo que todos los personajes de un autor son un poco él. Recuerdo que una vez Borges criticaba Contapunto de Huxley. Una novela que estaba muy de moda (creo en los ‘70). Fue una noche, en un banquete, cuando conocí a Borges. Yo acababa de leer Contrapunto, que me gustaba mucho, entonces él me dijo "No, no me gusta esa novela porque dice que todos los personajes son él". Entonces me pareció un argumento válido.

Pero ahora, pensándolo retrospectivamente, creo que no tenía razón. Creo que todos los personajes de Cervantes son Cervantes y todos los personajes de Dostoievski son Dostoievski. Y esa diferencia de distintos caracteres, el opuesto, es decir Yago y Otelo, son parte de la misma persona de Shakespeare. Es un poco así como veo las cosas.

-¿Cómo describe su relación con la figura de Borges?
-Digamos que Borges es Borges. Hay cosas de su épica, de su visión tradicionalista, que es lo que menos me motiva de su obra. Me aburren. Las historias de los compadritos están bien escritas, pero de nuevo, no me resultan tan interesantes como otras cosas. Siempre me propongo desmitificar la épica; me parece casi necesario después de lo que vivió nuestro país...


-Volvamos a su novela. Pichón se encuentra con este diskette. ¿El personaje va creciendo con su creador?
-Claro. El sistema referencial que yo he elegido hace que naturalmente vaya a eso. Pero, por ejemplo, el personaje de mi próxima novela va a tener 29 años y va a ser un vendedor de vinos. (Muchos años más tarde supe que me hablaba de Nula, el protagonista de La grande, su novela póstuma, publicada en 2005)


-¿Es consciente del lugar que ocupa hoy dentro de la literatura argentina?
-No. No sé. No pienso nunca en el lugar que ocupo. No me pienso a mí mismo en absoluto. Pienso en relación con mis libros. Si juzgo por la repercusión que tienen mis libros, la repercusión periodística, la crítica y todo eso, pensaría que ocupo un lugar importante. Pero eso es lo que se ve. Después hay mucha gente cuya opinión ignoro, a la que probablemente no le gusten mis libros. Pero nunca pienso en esos términos.


-¿Y en qué piensa?
-Pienso en la coherencia interna de lo que escribo. Eso sí me preocupa. Me preocupa escribir cosas en las que no creo. No podría hacer eso. Pero no como credos políticos o morales, sino estéticos. Más bien sobre todo en una frase o en una palabra en la que no creo, o en una frase que me parece que no puede salir de mí. Yo reconozco inmediatamente una cosa que he escrito o que no he escrito. Da lo mismo. Por ejemplo, un papel que se entremezcla entre mis papeles, lo leo y digo “ésto no lo escribí yo”, y efectivamente es así.

Y otra cosa que me preocupa también, en la cual pienso, y pienso cada vez más a medida que envejezco, es que me gustaría seguir creando con la misma energía, porque tengo muchas ganas de escribir muchas cosas todavía.
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