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La (im)paciencia de los argentinos.

Vivimos en un mundo frenético que exige resultados inmediatos y tener todo bajo control. Además de irreales, esas pretensiones son dañinas. Saber esperar es un ejercicio activo de fuerza y coraje.


La palabra paciencia deriva del latín patiens, esto es: el que padece. Implica sufrimiento: el de la espera y el de la esperanza… o de la desesperación.


Necesitamos saber, conocer los resultados, y sufrimos mientras esperamos. Evitar ese dolor es lo que nos hace impacientes.


La tecnología —en particular, las telecomunicaciones— y el buen o mal uso que se haga de los medios de comunicación, hoy en día de importancia preponderante en las relaciones humanas,  ha creado la expectativa de la inmediatez.


Pero esto puede convertirse en un espejismo, y llevarnos a considerar como presente algo que está todavía por venir. La expectativa es un sistema cerrado que resulta en frustración. Nos estamos acostumbrando a la inmediatez, evitando la espera. Este es uno de los secretos de la paciencia: la costumbre.


La paciencia es una virtud que merece ser destacada.


La paciencia es una virtud que merece ser destacada. Aún en casos extremos. En todos los aspectos de nuestra vida social, política y económica.


Algunos pueblos milenarios como los árabes y los chinos han hecho de la paciencia su razón de vivir. Dice un proverbio chino: "El que ha desplazado la montaña es el que comenzó por quitar las pequeñas piedras”. La frase es un homenaje a la paciencia, fuente de fuerza en las culturas orientales.


O “Hay que subir la montaña como viejo para llegar como joven”. Aquí también se habla de la paciencia, unida a la perseverancia. Se sube la montaña como viejo, es decir, se enfrenta el obstáculo con prudencia y lentamente. “Para llegar como joven” significa que el camino renueva a quien lo transita.


Los argentinos, por parte suya, han tenido paciencia durante muchos años, pero también han sabido resistir cuanto ésta se ha agotado.


Paciencia para soportar ajustes desproporcionados que han golpeado duramente la, ya de por sí,  endeble economía familiar.


Paciencia para soportar devaluaciones poco menos que alienas que han dado origen a tasas de inflación presente en pocas partes del mundo (y no me refiero solamente a las registradas hasta hace poco)


Es suficiente mirar hacia atrás, hacia un pasado no demasiado lejano, para ver como estos ciclos se repiten. Es suficiente tener un poco de memoria. Y ejercitarla.


La paciencia pasada.


Es evidente que en los últimos cuatro años el pueblo argentino ha dado pruebas de una paciencia al límite de la resistencia.


Ajustes desproporcionados en las tarifas; devaluación constante y absolutamente especulativa del dólar y el consecuente traslado de una inflación descontrolada a la economía familiar; endeudamiento externo a límites irreales en relación al PBI, sin mediar ninguna justificación acerca de la aplicación de esos fondos; pérdida constante del empleo y una constante reducción del consumo han sido solo algunos de los aspectos que la gente común ha debido soportar con estoicismo y paciencia, con la "invalorable ayuda" de los medios de comunicación dominantes y su continua justificación de tal accionar.


La (im)paciencia actual.


Resulta sintomático entonces que, haciendo gala de tanta paciencia en un pasado cercano, cuando el panorama era tan oscuro e incierto, muchas de esas personas hayan pasado, en la actualidad, a una evidente impaciencia y a una crítica constante.


Los medios hegemónicos, y una parte del electorado que se suma a ellos, critican constantemente el tratamiento de la renegociación de la deuda. Olvidándose tal vez de informar y criticar a quienes la generaron.


Javier González Fraga, hasta no hace mucho presidente del Banco de la Nación Argentina, en una verdadera apoteosis dialéctica expresó en su momento que "la deuda con deuda se paga". Y que pagar la deuda con recursos líquidos era absurdo e irreal.


Su curriculum dice que se graduó con diploma de honor de la Universidad Católica Argentina y obtuvo un posgrado en el London School of Economics.


En realidad habrá entendido y/o leído alguna vez a David Ricardo, Adam Smith y Thomas Malthus, considerados los verdaderos padres de la economía moderna? O si los leyó habrá entendido las teorías que predicaban?


Ni siquiera las teorías más tradicionalmente conservadores o liberales se atreverían a formular un símil pronóstico.


La (im)paciencia de los medios.


Hasta los medios de comunicación hegemónicos comienzan a hacer gala de poca paciencia apenas transcurridos dos meses del nuevo gobierno.


Y critican con severidad el uso del dinero público para pagar el 25% de los bonistas que no adhirieron a la refinanciación en la provincia de Buenos Aires. Cuando, según ellos ese dinero podría haberse destinado a mejorar los salarios del sector docente.


Es suficiente tener un poco de memoria para recordar la actitud del gobierno anterior con el sector docente y, en particular, con su representante sindical. Mencionado incluso, por el propio ex-presidente, en la apertura de una de las sesiones anuales del Parlamento, en un discurso inédito y amenazador.


El objetivo es minar la paciencia. Todo debe ser resuelto en tiempos rápidos. Porque, ellos lo saben, la impaciencia produce errores. Los errores se traducen en votos. Y los votos en elecciones.


Decía San Agustin: "La auténtica paciencia humana, digna de ser alabada y de llamarse virtud, se muestra en el buen ánimo, con el que toleramos los males, para no dejar de mal humor los bienes que nos permitirán conseguir las cosas mejores. Pues los impacientes, cuando no quieren padecer cosas malas, no consiguen escapar de ellas, sino sufrir males mayores".


El ejercicio de la paciencia es algo que todos debemos practicar a diario.

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