En la primera mitad del siglo XVIII navegantes de diversos países incursionaron por las Islas Malvinas, en realidad en aquellos tiempos ese conjunto de islas no se llamaban así, no tenían un nombre, ni siquiera habitantes.
Entre todos esos navegantes hubo varios franceses, también españoles e ingleses. De estos últimos, el que anduvo por el famoso archipiélago fue Rogers Woodes, quien se hizo célebre por haber rescatado de la Isla Juan Fernandez a Alexander Selkirk, quien sería el inspirador de la famosa novela de Daniel DeFoe "Robinson Crusoe".
Todos esos intrépidos marinos tenían las mismas intenciones, controlar el acceso al Océano Pacífico instalándose en algún lugar que representara una posición estratégica óptima para dominar los mares adyacentes. Y fueron los franceses los primeros en tomar la iniciativa de emplazar un apostadero.
Bougainville
En 1764 zarpa de Saint Malo Louis Antoine de Bougainville al mando de las naves L’aigle y Sphinx, el objetivo era trasladar colonos de la región francesa del Canadá más un naturista y al cronista oficial de aquella empresa el fraile benedictino Dom Pernetty y establecer el contingente en el archipiélago.
En abril de ese mismo año, luego de hacer escala en Montevideo para adquirir caballos y vacunos, recalan en una bahía protegida, a ese lugar lo bautizan Port Louis en nombre de Francia y toman oficialmente posesión de las “Iles Malouines”. El nombre de Islas Malvinas deriva de Malouines (por Saint Malo). Allí se instalan 29 colonos con herramientas, semillas, provisiones y armas, más los animales comprados.
Ante la falta de madera ya que en las islas no había árboles, Bougainville debe cruzar el estrecho para conseguirla y en el viaje se cruza con la flota de John Byron quien también había hecho escala en las Malvinas bautizando como Port Egmont el lugar donde habían anclado. Enterado Byron de la presencia francesa en las islas, manda a construir un fuerte destacando una guarnición en el lugar.
Mientras tanto, Port Louis prosperaba y en poco tiempo crecía hasta 159 colonos que realizaron diversas actividades como cultivos y cacería exportando a Francia aceite y pieles de lobos marinos.
La reacción de España ante esta colonización no se hizo esperar y luego de apresuradas pero fatigosas negociaciones diplomáticas, Luis XV accedió a disolver la colonia y la corona española indemnizó a los franceses por las inversiones y mejoras realizadas.
Bougainville, con pesar, resigna las colonias que tan eficientemente había desarrollado. Poco tiempo después y como compensación, recibe de Luis XV permiso y financiación para realizar una circunnavegación del mundo. Se convertiría en el 14º navegante de la historia occidental, y el primer francés, en dar la vuelta al mundo, su culminación exitosa mejoraría el prestigio de Francia maltratado tras su derrota en la Guerra de los Siete Años.
En 1771 Bougainville publica su libro “viaje alrededor del mundo en la fragata real La Boudeuse”, con gran éxito ya que estaba escrito como si fuese una novela.
Mientras tanto una comedia de enredos se desarrolla en Inglaterra, John Byron advertido de la radicación francesa en las islas, envía una nave integrante de su flota a Londres para señalar la novedad. El almirantazgo reacciona rápidamente enviando a la nave Jason capitaneada por John Mac Bride con la misión de imponer a los franceses que ese lugar es “suelo inglés” y que deben abandonar el archipiélago inmediatamente. Cuando llegaron, los franceses estaban a punto de irse.
Ante la amarga evidencia de que las islas eran codiciadas tanto por ingleses como por franceses, el Rey de España ordena al gobernador de Buenos Aires, don Francisco de Paula Bucarelli, colonizar la Tierra del Fuego, para ello se envía al capitán Manuel Pando. Bucarelli ordena otras incursiones tanto en Tierra del Fuego como en Malvinas con el propósito de vigilar la región. No encontró mayores inconvenientes y en 1770 intima a los ingleses a evacuar Port Egmont.
Los ingreses abandonan las islas recién en 1774 pero nunca desistieron de intentar hacer base en ella y desde allí vigilar el acceso al Pacífico.
Entre 1774 y 1810 el control de España sobre el archipiélago no tuvo mayores contratiempos.

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