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Blancas palomitas, los delantales blancos en la escuela primaria argentina.

Con la casi poética denominación de "blancas palomitas" se mencionaba en la Argentina de las primeras décadas del siglo XX a los niños que concurrían a las escuelas públicas en su fase primaria. El motivo de tal identificación es el guardapolvo blanco que aquí es el símbolo principal de la educación pública, los alumnos de todas las escuelas gratuitas del país usan esa vestimenta por encima de sus prendas personales (o usaban porque en los últimos tiempos algunas escuelas permiten no utilizarlo).

Curiosamente el origen de tan difundido artículo no está demasiado aclarado. Muchos piensan que el creador fue Domingo Faustino Sarmiento, considerado el padre de la educación Argentina, pero no fue él quien impulsó su uso, de hecho las leyes de esa época prohibían la utilización de cualquier uniforme ya que se consideraba que no debían ocasionarse gastos adicionales a los padres y cooperadoras escolares.


Niños en un aula y publicidad de una conocida marca fabricante de guardapolvos

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En la actualidad todavía hay discusiones entre los educadores e historiadores sobre quien fue el impulsor de la medida; algunos afirman que fue Pablo Pizurno, un destacado educador con una larga trayectoria en la educación pública, al menos otros tres educadores se adjudicaron o les adjudicaron su invención, la maestra de manualidades de una escuela de Avellaneda llamada Julia C. Ortega, un profesor de nombre Pedro Avelino Torres y quien finalmente fue aceptada como la primera impulsora de la idea: la maestra Matilde Figueira de Díaz que además fue incluida en el diccionario de Mujeres Célebres de Argentina por este hecho.

La maestra Matilde en 1915 impartía clases en la escuela porteña Cornelia Pizarro, observó que la vestimenta de los alumnos indicaba grandes diferencias entre los niños de mayores y menores recursos, esto ponía de manifiesto la condición social y provocaba divisiones entre los estudiantes, por ello organizó una reunión de padres que finalmente resultó ser histórica.

Filgueiras propuso utilizar una prenda por encima de la ropa habitual de los niños que debería ser igual en cuanto a diseño y color para uniformar a todos, pero como siempre ocurre hubo padres que estuvieron de acuerdo y otros que se opusieron totalmente a la idea. Además surgió una tercera división entre los que aceptaban la medida, no lograban ponerse de acuerdo en el color de la prenda.

La maestra un tanto frustrada por no poder llevar adelante la idea decidió tomar la iniciativa y compró pagando de su propio dinero varios metros de tela blanca, luego lo distribuyó entre los alumnos de su escuela con instrucciones precisas de cómo darle forma y confeccionar el guardapolvo.

Por supuesto que los padres que no estaban de acuerdo elevaron una queja que llegó hasta el ministerio de educación y desde allí enviaron a un funcionario del Consejo Escolar a la escuela Pizarro.

El inspector luego de recorrer las aulas y presenciar actos y recreos decidió que era una buena idea y que valía la pena extenderlo a todo el ámbito educativo porteño.

A partir de allí comenzó a impulsarse la idea, aquellos padres que no podían hacerse cargo del gasto serían ayudados mediante la organización de rifas y bailes que permitiría recaudar los fondos necesarios. El proyecto de Matilde fue aprobado de manera oficial, en los años siguientes se promulga un decreto que recomendaba el uso de delantales blancos para el personal docente de las escuelas de la Capital Federal como primera medida que luego se fue extendiendo de forma progresiva a todo el alumnado, en el año 1919 en pleno gobierno de Irigoyen se establece que sean las cooperadoras las encargadas de adquirir y confeccionar esas prendas.

El blanco se eligió por dos motivos, el primero que era un color habitual y común en la época y posibilitaba conseguir la cantidad de tela necesaria sin la necesidad de esperar tiempos prolongados para su fabricación, el segundo que este color estaba asociado muy fuertemente con la higiene ya que era utilizado por médicos y enfermeras en todo el mundo.

Con el paso del tiempo surgieron varias fábricas de hilados que confeccionaban guardapolvos, dna de esas fábricas registró la marca "Palomita Blanca".

También los colegios privados comenzaron a utilizarlos aunque en general eligieron otro color un poco más resistentes a la suciedad y manchas provenientes de las tareas y juegos de los niños.

Lo cierto que esa es la historia más aceptada de los guardapolvos blancos, un signo por demás identificatorio de la escuela pública gratuita en la Argentina.

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