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Roberto Fontanarrosa, el creador del último paisano.


El dibujante, escritor y humorista, creador de "Inodoro Pereyra", analiza su más reconocido personaje como una síntesis entre el gaucho y el tango. Habla de su pasión por el fútbol y destaca la importancia de los bares como lugares de encuentro.

Se define como un personaje urbano, de apellido italiano que siempre vivió en Rosario.

Roberto Fontanarrosa llega puntual a la entrevista, pautada en un bar de Palermo, en Buenos Aires. Elige una mesa pegada a una gran ventana por la que se ve el ritmo incesante de autos y de hombres y mujeres que caminan con paso raudo, dibujando una viñeta de paisaje urbano.

El dibujante, escritor, "fana" del fútbol (y de Rosario Central), se siente a gusto entre ruidos de tazas, humo y el suave bullicio del local. Viste sencillo, con una remera y jeans. De hablar pausado y sin levantar la voz, antes de cada respuesta da un vistazo por la ventana. "Los dibujantes solemos ser tipos bastante tímidos. Nos refugiamos en el dibujo para comunicarnos, para transmitirle a la gente lo que sentimos", confiesa.
Sus primeros dibujos aparecidos hace casi cuatro décadas en una revista de interés general fueron el comienzo de una brillante carrera.

Una decena de libros de cuentos, representaciones de sus historias en distintos teatros a lo largo y ancho del país y su asesoramiento al gran grupo humorístico "Les Luthiers" durante dos décadas, forman parte de la prolífica actividad de un hombre que eligió a la ciudad de Rosario como refugio para sus creaciones. Pero es, sin duda, un personaje al que dio vida en 1972, en la recordada revista cordobesa Hortensia, su más laureada creación: Inodoro Pereyra, hombre de tierra adentro que con sus desventuras y humor suele desnudar bondades y defectos de los argentinos. No es fácil para el autor describir el carácter de este gaucho pícaro y desventurado, aunque reconoce en él huellas de nuestra forma de ser.

-¿Puede decirse que Inodoro Pereyra representa al hombre argentino y sus raíces, una forma de ser de tierra adentro?
- Creo que no se puede tener en claro que es el ser nacional, especialmente en un país tan mezclado como éste. Te diría que dos de los símbolos argentinos bastante abarcadores serían el tango y el gaucho. Inodoro un poco puede resumir esto, pero si se quiere la demostración de lo difícil que es precisar un ser nacional, es que yo no estuve nunca en el campo. Soy un personaje urbano, de apellido italiano que siempre viví en Rosario. También tengo una cierta cercanía o acercamiento con el campo porque leí Martín Fierro, Don segundo Sombra y me gusta el folclore.

-¿Y esa cuestión que tiene Inodoro del antihéroe, el personaje a quien las cosas no le salen muy bien, se relacionan con el ser argentino?
-A mi como lector de historietas nunca me atrajeron los superhéroes porque siempre me parecía aburrido leer a un personaje que no podía perder nunca, que de por sí tenía la ventaja de tener superpoderes, no me causaba gracia. Un personaje humorístico creo que funciona mejor como un antihéroe. Un tipo parecido a nosotros, que no tiene superpoderes, que puede ganar y puede perder, le da mayor diversidad. Esto está implícito en los argentinos y, además, es una condición humana.
Fontanarrosa cuenta que no es de viajar mucho a Buenos Aires. Aunque ahora lo disfruta más ya que visita a su hijo Franco, quien intenta construir su carrera como músico. "Yo pienso... con 20 años tener un departamentito acá en Palermo, hacer música, se puede extrañar algo, pero está fantástico. Por otro lado, para lo que él hace, acá están todos los que le pueden enseñar", dice.

-¿Pensó en radicarse en Buenos Aires ?
-Es que yo nací en Rosario, me siento cómodo, además mi trabajo no me obliga a estar acá en Buenos Aires. Si bien trabajo en el diario Clarín y tengo que seguir la actualidad, es distinta a la actividad de un músico. Baglietto, Fito Páez, tarde o temprano se han tenido que venir a esta gran metrópolis donde están todas las conexiones, el movimiento y demás. Y tomando el caso de que tenga que venir a hacer algo, Rosario está muy cerca. Habiendo autopista y un muy buen servicio de ómnibus, se puede estar allá. Me gustan las ciudades más o menos del tamaño de Rosario, Córdoba, de un millón de habitantes, no más. A posibilidades económicas parecidas, la calidad de vida es mejor en estos sitios.

-¿Cómo describiría a Rosario?
-Rosario es una Buenos Aires chiquita, portuaria, de inmigrantes, muy italiana. No es colonial como Córdoba, ha tenido un perfil más comercial, industrial. De Córdoba para el norte se nota más España y Latinoamérica. Rosario es más parecida a Buenos Aires, más tanguera que folclórica.

-¿Cuándo sintió que iba a dedicarse a dibujar y al humor?
- Que yo supiera que me iba a dedicar a esto no lo sé. No fue que en mi familia hubiera alguien que dibujara, para mí era un entretenimiento. Lo concreto es que a mi me gustaban mucho las historietas, se leía mucho antes, eran muy populares. Después la seducción de la televisión instaló otra forma de comunicación. Y a mí se me dio por copiar los dibujos que veía, que eran de historietas de aventuras no humorísticas. La primer historieta que copié era de "El Tony", Pepe Dinamita, una caricatura norteamericana. Yo no terminé la escuela secundaria y estuve un tiempo sin hacer nada o algunos trabajos esporádicos como pinche en alguna distribuidora. Y después mi viejo me conectó con una agencia de publicidad. Así empecé a hacer cosas humorísticas con tarjetas de Navidad y Fin de Año, me divertía, se colocaban con más facilidad y en el año 68 sale una revista en Rosario de información general y ahí empecé a publicar. Primero hice las ilustraciones de tapa y después alguien tenía que hacer la página de humor y como yo era el único que dibujaba me la pasan a mí. Pero en forma más continua empiezo en Hortensia, en el año 72.

-¿Hortensia marcó un antes y un después en la forma de hacer humor gráfico?
-Fue importante para muchos de nosotros. Además fue un caso extraño de una revista hecha en Córdoba que se popularizó en todo el país. Nos sirvió mucho de vidriera porque al año siguiente varios de nosotros pasamos a Clarín. Nos ayudó también el negro Caloi que ya estaba ahí.
Además de "Inodoro Pereyra", Hortensia fue la publicación que vio nacer a otro personaje fundamental en la carrera de Fontanarrosa, Boogie el aceitoso, un matón inspirado en el cine hollywoodense.
"Boogie arranca como una parodia del cine norteamericano de acción, particularmente de las películas que interpretaba Clint Eastwood como "Harry El sucio". Todos lo historietistas somos muy seguidores del cine, hay una referencia permanente al cine. A Boogie ya hace cinco o seis años que no lo hago más e Inodoro sigue todavía", cuenta Fontanarrosa.
 

-¿Por qué cree que Inodoro y Boggie prendieron tanto en la gente y perduran por generaciones?
- Como siempre fueron personajes de historieta publicados en medios bastante masivos, se hacen populares, más si permanecen tanto tiempo en la publicación como Inodoro con Clarín.

-¿Su elección de usar un lenguaje coloquial influye también para que sus creaciones hayan sido tan populares?
-Es verdad que la utilización de un lenguaje coloquial prende en mucha gente. Siempre fui un lector desparejo, no elegía lo que iba a leer, por ahí aparecían algunos libros en casa, generalmente traducciones de autores ingleses o escritores españoles con un lenguaje que uno leía pero no tenían relación con lo que escuchaba en casa. En una oportunidad leí un libro de David Viñas donde los personajes hablaban como hablaban mis viejos e insultaban y me sorprendió. Me dije: "mirá vos este tipo que es un escritor serio" y me identificó, me sentí reflejado. Ahí comprendí que se podía escribir sobre temas que ocurrieran cerca de uno y que los personajes hablaran como las personas que uno escucha cotidianamente. Uno toma cierta ejercitación y va incorporando este lenguaje y entonces, ya puede decir en un cuento: bueno este personaje va a hablar como fulanito de tal o un amigo mío. Eso ayuda mucho.

-¿Coincide con los que dicen que la realidad Argentina da para contar historias increíbles?
Bueno, la Argentina es generosa en ese aspecto, pero sería muy fácil escribir si permanentemente ocurrieran a mi alrededor cosas extraordinarias para contar. Yo creo que hay un valor agregado que uno le tiene que poner, encontrarle una vuelta atractiva o una mirada distinta, ahí para mi reside la dificultad. Siempre busco que haya un conflicto o una cosa distinta porque si no caeríamos en algo absolutamente costumbrista. A veces sale y a veces no.

-¿Es verdad que le piden dos autorizaciones por semana para hacer obras de teatro?
-Es verdad. Hoy por hoy creo que es una moda y va a pasar. Yo lo he preguntado a gente de teatro de Rosario porque no soy persona de teatro y ni siquiera me gusta ir a verlo, prefiero el cine. Ocurre que yo escribo cuentos que parten de una situación dramática y casi siempre son acción y diálogo. Es bastante fácil de transferir al teatro. Y yo arranco en una situación de conflicto para el lado del humor y está la atracción por la comicidad. Ahora en Rosario como ocurre en Buenos Aires, en casi todos los bares, restaurantes, boliches, se hacen espectáculos. Y para los tipos de los restaurantes si la propuesta es humorística es mejor, la gente quiere pasarla bien, reirse un rato.

-¿Hay un humor que nos caracteriza?
-A uno le cuesta darse cuenta de ello. Hay humoristas argentinos que hablan de nuestros problemas, pero en una oportunidad un amigo mío que vive en España y hacía mucho que no venía me dijo: vos sabés que me había olvidado del humor argentino, que es muy agresivo.
Buenos humoristas hay en todas partes y hay ciertos chistes que son internacionales y funcionan en todos lados. Los mismos chistes que se hacían sobre Franco en España se hacían acá sobre Perón: realmente no sé si hay un humor argentino, hay humoristas argentinos.
-¿Somos de reírnos de nosotros mismos?
-En los lugares donde he estado lo que más funciona es la actualidad local, eso no falla. Si voy a España, tomo la página de chistes con ansiedad como lo hago acá y por ahí leo un chiste y hace referencia a un ministro o concejal que no tengo idea quien es. Pero es lo que más funciona a nivel local. Acá ha habido una tradición de humor gráfico muy fuerte, tal vez por la gran influencia europea que ya viene desde "El mosquito", "Caras y Caretas", y hay un hábito que viene de nosotros de consumir humor y que no es muy frecuente en latinoamérica. Yo no creo que tengamos la mejor carne o el mejor fútbol del mundo, por supuesto que tampoco el mejor humor del mundo. Pero he estado en otras partes como España donde te hablan de una escuela argentina de dibujo y de una escuela editorial. Tengo un gran amigo colombiano que dice: gran parte del periodismo latinoamericano se ha hecho con El Gráfico y el Billiken.

-Sabemos que es un apasionado por el fútbol...
-El rosarino es muy apasionado por el fútbol. Es que se da la rivalidad entre dos equipos, Newells y Central. La ciudad está dividida y son dos clubes muy parejos en el historial, los dos ganaron y perdieron más o menos lo mismo, eso alimenta la rivalidad y además hay mucha cultura futbolística. Si bien todo lo que yo diga es sospechoso, Central -aunque ahora las cosas están más mezcladas- siempre fue un equipo popular y Newells fue el de una elite.

-¿Tiene sentido del humor en su vida cotidiana? Siempre se dice que el que hace humor después en su casa no es muy divertido.
-En general es así. Tampoco es que uno es sombrío o un payaso triste. Lo que ocurre es que el común denominador del dibujante es la timidez. El dibujante es más un tipo de escuchar, un observador.

-¿ Si tuviera que quedarse con una época de su vida? ¿Con cuál lo haría?
-No soy un tipo nostálgico. Me quedo con esta porque dentro de cada época ha habido cosas buenas y malas. Epocas que me marcaron mucho la de Hortensia, la revista Humor, Clarín, pero siempre tuve momentos buenos y malos. Me quedo con ésta definitivamente, siempre hacia adelante.  

La mesa de los galanes
Además de su pasión por el fútbol, Fontanarrosa se considera un fanático y amante de los bares. "Para mí el bar está muy emparentado con el placer, es siempre el momento que uno se hace para estar con tiempo de sobra, para leer un diario, para tomar un café o mirar a la calle. Es un buen momento donde te encontrás con amigos", reflexiona.
El escritor sostiene que este romance suele darse con mayor frecuencia en ciudades no demasiado populosas. "Al trabajarse mucho y al correr tanto se hacen más difíciles en las grandes ciudades los encuentros en los bares, se supone que en las ciudades más chicas, en los pueblos hay más tiempo para la charla. En Buenos Aires el tiempo que le toma a un tipo que vive lejos del centro ir a su trabajo, que puede ser media hora o 45 minutos, en Rosario no ocurre".
Fontanarrosa y su mesa de amigos que supo bautizar alguna vez "La mesa de los galanes" es también el nombre de una de las "La mesa de los galanes" es también el nombre de una de las obras más exitosas que se representan en teatro sobre textos suyos- se reunieron a partir de 1974, primero en el bar El Cairo y luego en "La Sede", ambos ubicados en pleno centro rosarino. "Se ha formado así una mesa de amigos, ni siquiera son premeditadas, empiezan siendo dos y después cae otro y otro con un amigo y se queda el amigo y el otro desaparece cuenta Fontanarrosa-. Son tipos que conocés hace una cantidad enorme de años pero por ahí también sucede como los grupos de fútbol, donde vas a jugar un sábado y jugás siete años con el tipo y lo único que sabés es que le dicen Pipo y terminás el partido y te vas. Y por ahí algún día, volviendo al bar, lo encontrás y empezás diciendo, "vos de qué laburás, estás casado, dónde vivís". Así se van dando estas relaciones. Lo bueno es que no ponemos un horario fijo de encuentro y vas y sabés que siempre encontrás a alguien ".

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