Lo que toda empresa anhela es que el nombre comercial de lo que fabrica o comercializa sea reconocido como el producto.
El término que se utiliza habitualmente es “la marca se comió al producto”. Esto por ejemplo ha ocurrido con la Coca-Cola o con la Aspirina, también con Tupper, Kleenex y Post-it. Todos ejemplos exitosos cuya marca es sinónimo del producto ofrecido.
Aquí en la Argentina tenemos también nosotros nuestros ejemplos autóctonos, que si bien no han trascendido más allá de nuestras propias fronteras, a lo sumo de algún país vecino, sirven también como ejemplo del poder de una buena publicidad y por supuesto de un producto de excelencia.
Uno de los ejemplos es la Birome, esa es la marca comercial de un bolígrafo y aquí hay una historia interesante. El inventor del bolígrafo fue un húngaro llamado Laszlo Biro quien ayudado por su hermano que era químico desarrolla y patenta la primera lapicera de tinta a bolilla en el año 1938. Pero aparentemente no tuvieron éxito y en el año 1943 se mudan a la Argentina donde la vuelven a patentar y fundan la empresa “Biro pens of Argentina” y en ese mismo año comienzan a producirlas y venderlas en el país.
Un empresario norteamericano que estaba de visita en Buenos Aires que al ver las biromes compra de todos los modelos y colores y se las lleva para su país. Allí funda su nueva empresa Reynolds International Pen Company, que produce las biromes diseñadas por Biro sin permiso y luego de unos años, con su modelo "Reynodls Rocket" vence en ventas a Eversharp que asociada con Faber, compran los derechos y comienzan a fabricarla en el país del Norte.
Hoy en día, aquí en nuestro país, cuando alguien necesita un bolígrafo va a la librería o al quiosco y pide una “Birome”.
El otro ejemplo que se me ocurre en estos momentos es el Geniol que no es otra cosa que una pastilla de ácido acetilsalicílico o AAS, también conocido como “aspirina”, lo cual es divertido ya que esa también es una marca que confunde el producto, la marca de la empresa farmacéutica Bayer.
En el año 1927, el laboratorio Suarry, propiedad del farmacéutico Francisco Suárez Zabala y del químico y perfumista Blas Lorenzo Dubarry había desarrollado un medicamento y analgésico en su local situado en el porteño barrio de Almagro. El señor Suárez Zabala poseía un desarrollado sentido del manejo publicitario y contrató a un dibujante y publicista de excepción de nacionalidad francesa llamado Lucien Achille Mauzán para que desarrollara algunos bocetos para la publicidad del citado fármaco. Así fue que luego de varios intentos infructuosos por satisfacer las exigencias de sus contratistas, Mauzán dibuja a modo de venganza una caricatura del Sr. Suárez Zabala como una cabeza atormenta por clavos y tornillos, una oreja apretada con una prensa y la nariz atravesada por un alfiler de gancho, éste, Al verla, en vez de indignarse inmediatamente la elige y la figura se convirtió en el emblema de Geniol. El producto pasó a ser solicitado en todas las farmacias del país cuando alguien necesitaba un analgésico.
Tal era la fama del fármaco que la empresa norteamericana Sidney-Ross intenta competir con su producto denominado Mejoral pero sin conseguirlo. Esta firma se une con el laboratorio Sterling y deciden comprar la empresa argentina en el año 1950.
En el año 1994 durante el desarrollo de la exposición “Publicitaria ‘94”, el afiche representativo de la misma es la cabeza del Geniol. Se cuenta que durante una de las disertaciones, se acerca el hijo de Suárez Zabala de incógnito y pregunta por la historia del afiche, cuando se la contaron se da a conocer y la refrenda.

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