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Yunta brava del Tango: Mariano Mores y Enrique Santos Discépolo.

Creadores de música y poesía de Buenos Aires
El gran pianista y compositor Mariano Mores relata anécdotas de su relación con el mayor poeta del tango, Enrique Santos Discépolo. Una dupla que dejó creaciones inolvidables. Aquellas que el pueblo de Buenos Aires convirtió en obras clásicas que desdeñan el paso del tiempo.

Para adentrarse en el mundo del tango y sus derivaciones (que a partir de Ástor Piazzolla se considera como música de Buenos Aires), hay que hablar de sus más destacados creadores: Eduardo Arolas, Agustín Bardi, Carlos Gardel, Alfredo Lepera, Juan Carlos Cobián, Enrique Cadícamo, Aníbal Troilo, Homero Manzi, Osvaldo Pugliese, Homero Expósito, el citado Piazzolla. Pero un poeta muerto hace poco más de 50 años y un músico que sigue en la brecha a los 85 conforman una yunta realmente brava en eso de aunar textos y melodías que el pueblo se encargó de convertir en obras clásicas, aquellas que se ubican más allá del tiempo. Son ellos Enrique Santos Discépolo y Mariano Mores.


Discépolo es poeta mayor del tango, al que le dio la esencia de la metafísica de la ciudad y su gente, y una definición genial: "El tango es un sentimiento triste que se baila". Aun hoy los porteños silban y tararean fragmentos de "Cambalache", "Uno" y "Cafetín de Buenos Aires". Además de ser autor de la música de estos dos últimos temas, Mores escribió "Gricel", "Cuartito azul" y "Adiós pampa mía", entre otros grandes éxitos.

¿Qué aprendí de Enrique? Y..., todo lo que soy", dice Mores. Cuando se encontraron, a mediados de 1939, se hicieron infaltables uno para el otro. "Ya no voy a poder escribir música sin vos", reconoció Enrique. "A mí me pasa lo mismo, pero el poeta sos vos; yo te sigo", devolvió Mores. Al margen de algunas respuestas de franca crudeza, Discépolo era un hombre culto, que se movía finamente con las mujeres. A Mores le impresionó ver cómo Enrique dejaba de lado el lunfardo y las saludaba con un beso en la mano. "Yo también me puse a besar manos y la verdad es que era lindo", admite Mores. 

En realidad todos quienes estaban cerca de él, como el actor Osvaldo Miranda, imitaban a Enrique en esos detalles. Mores cuenta que un día reparó en que bastaba que Enrique entrara a un bar o un restaurante para que los mozos se apresuraran a arrimarse a charlar unas palabras. Comentó el fenómeno y Enrique le confesó que daba suculentas propinas: "Si no, petiso, flaco y narigón como soy, nadie me pasaría bola...". Uno de los consejos de Enrique se refería a la ropa: "Si querés ganar, usá buenas pilchas, pibe" (Mores tenía 15 años menos y siempre fue "el pibe" para Enrique). Obediente, en cuanto Mores cobró jugosos derechos por sus primeros tangos, lo primero que hizo fue ir a una sastrería y encargar siete trajes. "Para promocionarme, todas las noches de la semana me ponía un traje distinto, caminaba por Corrientes, desde Callao hasta Florida, y volvía por la vereda de enfrente", recuerda Mores.

Era riguroso para seleccionar letras el joven Mores, que rechazaba la mayoría de las que le ofrecían. Pero a Enrique le daba libertad absoluta. "Así me fue", evoca con una sonrisa. Una mañana le llevó la música de lo que iba a ser "Uno" y Enrique le pidió que se la dejara. Regresó al mes Mores y Enrique habló de cualquier otro tema, mientras jugaba con su gato. Las visitas se repitieron sin el menor resultado concreto, pero Mores no se animaba a plantear su inquietud por tanta demora. "Tranquilo, pibe, que vamos bien", le decía Enrique. "Tenía algo chaplinesco y me divertía ir a su casa, entonces no dije más nada de la letra que esperaba. A los tres años me llamó y me entregó los versos, que había titulado ‘Si yo tuviera un corazón’. Quedé enloquecido. Se estrenó con un éxito enorme y a Enrique se le ocurrió que era un título demasiado largo. ¿Qué te parece ‘Uno’? Todo me parecía bien, si era un maestro...", dice Mores. En cambio a Enrique no le gustó la música de "Adiós pampa mía" y después de muchas vueltas se negó a escribir la letra. Mores habló con Francisco Canaro, su descubridor, y al final la escribió (y "se saco la lotería", pues se vendieron 5 millones de discos) el sainetero Ivo Pelay. 

Un par de años más tarde a Discépolo le propusieron componer a música para una película a filmarse en México y en la que trabajaría Libertad Lamarque. Le preguntó a Mores si tenía algo hecho. En cuatro días hizo la música y, batiendo su propio récord, Discépolo escribió la letra en un mes. Fue el nacimiento de "Sin palabras". Por esa música Discépolo conoció al famoso actor mexicano Arturo de Cordova. Trabaron amistad y a De Cordova le prendió a tal punto el virus del tango que terminó siendo coautor de la letra de "Cafetín de Buenos Aires", ya que aportó cinco palabras y una imagen inolvidable: "la ñata contra el vidrio".

Se sucedieron dos veranos muy significativos en la relación Discépolo-Mores. En el de 1950 iban a abrir en sociedad una boite en Mar del Plata, pero el pianista renunció al proyecto. "Bah, me hizo renunciar el casino. Tuve que hipotecar el local que había comprado", relata Mores. Un año después Discépolo llamó a Mirna, la esposa de Mores, para sugerirle que pasaran de diciembre a marzo en una casa de Pinamar. Mariano estaba en Brasil, en una gira que prometía extenderse largamente, de manera que no pudo aceptar. "Nos necesitábamos, sobre todo, en esa época, él a mí. Cuando llegó un telegrama anunciando que había muerto el 23 de diciembre, me eché a llorar. Era como mi viejo. Todavía me planteo por que no abandoné todo y lo seguí. Estaba muy solo, murió de tristeza. Si nos hubiéramos ido juntos a Pinamar, en una de ésas...", dice Mores y la historia luce rasgos de un tema de tango que podría titularse, parafraseando los versos de "Uno": "Si yo tuviera a Enrique..."
Edgardo Freijo.


Palabras de Discepolín.

Un tango puede escribirse con un dedo, pero con el alma; un tango es la intimidad que se esconde y es el grito que se levanta desnudo. El tango está en el aire como el aire; está en el vuelo curvo de los pájaros, en la pared descascarada que muestra una llaga de ladrillos; está en la esquina más distante, y está también presente en esta esquina que forman tu corazón y mi corazón".

Cafetín de Buenos Aires. Tango.
Letra de Enrique Santos Discépolo. Música de Mariano Mores.
De chiquilín, te miraba de afuera
como a esas cosas que nunca se alcanzan...
La ñata contra el vidrio, en un azul de frío,
que sólo fue después viviendo igual al mío...
Como una escuela de todas las cosas,
ya de muchacho me diste entre asombros:
el cigarrillo, la fe en mis sueños y una esperanza de amor.
Cómo olvidarte en esta queja, cafetín de Buenos Aires,
si sos lo único en la vida que se pareció a mi vieja...
En tu mezcla milagrosa de sabiondos y suicidas,
yo aprendí filosofía...dados...timba...
y la poesía cruel de no pensar más en mí.
Me diste en oro un puñado de amigos,
que son los mismos que alientan mis horas:
(José, el de la quimera...Marcial, que aún cree y espera...
y el flaco Abel, que se nos fue pero aún me guía...)
Sobre tus mesas que nunca preguntan
lloré una tarde el primer desengaño,
nací a las penas, bebí mis sueños
y me entregué sin luchar.

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